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The Director General of Public Finances Amelie Verdier in hearing at the National Assembly as part of the work carried out to study and research the causes of the variation and discrepancies in the tax and budgetary forecasts of public administrations for the years 2023 and 2024. Paris, December 11 2024.
La directrice generale des Finances Publiques Amelie Verdier en audition a l Assemblee Nationale dans le cadre des travaux menes pour etudier et rechercher les causes de la variation et des ecarts des previsions fiscales et budgetaires des administrations publiques pour les annees 2023 et 2024. Paris le 11 decembre 2024. (Photo by Quentin de Groeve / Hans Lucas via AFP)

Amelie Verdier, directora de la DGFIP, departamento que ha registrado la ola de suicidiosHans Lucas via AFP

Una misteriosa ola de suicidios en el Ministerio de Economía de Francia deja 13 muertos y ocho intentos

Los sucesos de France Telecom entre 2008 y 2009, parecen replicarse en la DGFIP (Dirección General de Finanzas Públicas), un departamento clave de Economía donde en seis meses 13 personas se han quitado la vida

Francia tiene un problema serio con los suicidios. En la Dirección General de Finanzas Públicas (DGFIP), dependiente del ministerio de Economía, se han disparado las estadísticas de personas que se quitan la vida y en apenas seis meses ya se han registrado 13 y ocho intentos fallidos.

El dato ha sacudido a la sociedad, pero no es la primera vez que surge y se extiende esa ola mortal entre funcionarios o trabajadores de empresas privadas.

El Gobierno de Emmanuel Macron no disimula su preocupación y ha puesto en marcha un programa de consulta y asistencia de psiquiatras y psicólogos para tratar de entender qué está sucediendo en la DGFIP donde, a diferencia de otros direcciones generales, secretarias o dependencias, la tendencia suicida parece hacerse norma.

Las estadísticas habían dado un respiro el año pasado. Tras contabilizarse 19 muertes voluntarias en 2012, en 2023 la cifra se redujo a 11, pero el pasado 2024 volvió a repuntar con una cifra final de nueve suicidios. Este año, en el primer semestre, un dato ha sacudido al Ejecutivo: 13 funcionarios han decidido, con diferentes métodos, acabar con su vida.

De acuerdo con la prensa francesa y en concreto el diario Le Monde, las causas de esta virtual epidemia que parecía reducirse se encontrarían en la presión laboral, las fusiones de departamentos, la presión y los despidos o invitaciones implícitas a renunciar a un puesto de trabajo.

En la fusión de la Dirección General de Impuestos y la Dirección General de Contabilidad Pública en 2008, que dio como resultado la DGFIP, podría hallarse el origen de la angustia de los trabajadores. Aquella decisión supuso el despido de 32.000 personas en los siguientes años. El objetivo era reducir un ministerio que el Ejecutivo considera mastodóntico. La plantilla, tras prescindir de ellos en diferentes oleadas, el año pasado quedo conformada por 93.800 empleados.

El escándalo en la Administración es monumental, pero no nuevo. La compañía France Telecom, hoy Orange, abrió la brecha entre 2008 y 2009. En ese periodo de tiempo se registraron 19 suicidios y 12 intentos fallidos de suicidio. De telón de fondo se apreció una política de acoso a los empleados orquestada desde la cúpula de la multinacional con el objetivo de provocar la salida de 22.000 empleados, como estableció la Corte de Casación francesa.

Las denuncias tras las muertes siguieron su curso judicial y la sentencia terminó condenando a sus directivos, incluido su presidente, Didier Lombard. En concreto, apuntó a la junta que entró y presidió la multinacional en 2005 y que marcó una política de reestructuración conocida como NEXT, con la misión de unificar los servicios de France Telecom bajo la marca Orange. Para lograrlo, según sus objetivos, tenía que provocar el despido o dimisión de miles de trabajadores. Estos, según la sentencia de la Corte de Casación, buscaban su salida, «por la ventana o por la puerta».

El Tribunal identifico la aplicación de un plan de deterioro de las condiciones laborales que incluías traslados forzosos de los puestos de trabajo, sanciones injustificadas, acoso, y presión inadecuada a los subordinados. La falta de escrúpulos, según la justicia, desembocó en aquella ola de suicidios que hoy parecen repetirse en el seno del Ministerio de Economía donde son conscientes de la gravedad d elso hechosl. Amélie Verdier, directora de la DGFIP, declaró a Le Monde: «No quiero minimizar (las muertes) en absoluto... Son dramas traumatizantes y cifras preocupantes».

En el caso de France Telecom quedó probado el «acoso moral institucional» de la compañía. Didier Lombardi, que se refirió púbicamente a las muertes como «una moda» fue condenado a un año de prisión y a 15.000 euros de multa.

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