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Emmanuel Macron y Brigitte Macron, en una imagen de archivo

Emmanuel Macron y Brigitte Macron, en una imagen de archivoGTRES

Macron hace una cuestión de Estado de las acusaciones de transexual a su mujer en Francia y EE. UU.

El presidente y su mujer libran una batalla judicial para poner fin a las difamaciones dentro y fuera de su país con teorías de conspiraciones como que Macron es producto de un «experimento de la CIA»

La paciencia de Emmanuel Macron y de su mujer Brigitte, tiene un límite y ese límite se llama difamaciones, acusaciones falsas, injurias y mentiras sobre el sexo de nacimiento de la primera dama francesa. Esta cuestión se ha convertido en noticia recurrente en Francia y Estados Unidos. Llegado ese punto los Macron han dado un golpe, simbólico, en la mesa con el fin de poner fin, por las buenas o por la vía judicial, a esta situación.

Candace Owens, una podcaster estadounidense que lleva años empeñada en difundir que la mujer del presidente francés nació hombre ha sido la última en provocar la ira y reacción de los Macron. El matrimonio ha intentado, hasta en tres ocasiones, celebrar un acto de conciliación para frenar a la mediática podcaster, pero no ha habido forma de lograrlo.

Hartos de las constantes difamaciones, que han tenido repercusión y seguidores en Francia, los Macron se querellaron contra Owens. Pero ella, no se asusta y advierte que seguirá abanderando su causa contra Briggitte a la que acusó además de ser transexual, de incesto.

La querella la han presentado los Macron en el estado de Delaware. Acusan a la podcaster de ignorar todas las resoluciones e intimaciones para desistir de sus difamaciones y retractarse. Además, lamentan que cuando han intentado resolver este tema de forma dialogada y con buena voluntad, la reacción de la podcaster ha sido volver al ataque y ensañarse con más virulencia en sus grabaciones.

Todo por dinero

Owen en ocho capítulos del podcaster difundió «ficciones extravagantes, difamatorias y descabelladas» con el objetivo de recaudar cuantiosos ingresos, según la demanda. El escándalo, aseguran, lo utilizó para atraer más oyentes y seguidores en sus redes sociales.

Los disparates llegaron al punto de difundir que Brigitte Macron suplantó la personalidad de otra persona

Los disparates llegaron al punto de difundir que Brigitte Macron suplantó la personalidad de otra persona, que ella y Macron en realidad son familiares directos, que cometieron incesto o que Emmanuel Macron es producto de un experimento humano de la CIA o «un programa de control mental gubernamental similar».

El portavoz de Owens, como informa The Washington Post, declaró que Candice Owens «no se callará» y calificó la querella como la intervención «de un Gobierno extranjero que ataca los derechos de la Primera Enmienda de un periodista independiente estadounidense.»

En su línea, la podcaster, grabó un vídeo este miércoles donde afirma que la demanda es «una estrategia de relaciones públicas obvia y desesperada» de la que se enteró por la prensa.

De paso, añadió que había solicitado en reiteradas ocasiones entrevistar a Brigitte Macron para su Podcast y en todas se lo habían negado. Entre líneas se lee que sus ataques entonces fueron fruto de una revancha por no conseguir la entrevista.

En un comunicado el matrimonio Macron lamento «que remitir el asunto a un tribunal de justicia ha sido la única vía posible para resolver» un caso que va más allá de la esfera de ridículas crónicas de color e inventos.

Owens que trabajó para los ultraconservadores Daily Wire y Turning Point USA antes de crear su propio podcast, tiene más de 4,4 millones de suscriptores en Youtube. Su perfil es conocido internacionalmente y no precisamente por su rigor periodístico. En Australia le denegaron la visa el pasado año con el argumento de que minimizaba el Holocausto.

Los Macron empieza a sentir el peso de las difamaciones sobre el sexo de la Primera dama. Un Tribunal de apelación francés anuló la condena a dos mujeres que acusaron a Brigitte Macron de lo mismo que Candice Owens.

En el país, donde este asunto parece ser ya una cuestión de Estado se abre, una vez más, la polémica sobre dónde está el límite a la libertad de expresión, La respuesta, al menos para el matrimonio Macron, es clara: en el Código Penal.

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