Un cartel pidiendo la dimisión de Macron en una protesta reciente
Macron, ante el día más importante de su presidencia: posibilidades y salidas frente a la crisis
Emmanuel Macron, presidente de la V República francesa, lleva desde primera hora del lunes mirando con nerviosismo el reloj, esperando que no pasaran las horas. Pero entre los poderes del presidente francés no está el de controlar el tiempo. Este miércoles, vence el plazo que le dio al primer ministro, Sébastien Lecornu, después de que este renunciara, para formar Gobierno y, presumiblemente, se abrirá un abismo en la política gala que, según muchas voces, solo se podría resolver llamando a la población a las urnas, ya sea para unas elecciones legislativas o, incluso, presidenciales.
Realmente, el plazo a Lecornu de 48 horas para que volviera a formar Gobierno parece más una medida a la desesperada de Macron que una solución real. El primer ministro dimitió este lunes, después de tan solo 27 días en el cargo y horas después de anunciar a los miembros de su gabinete. Más allá del rechazo de la oposición, que se niega a sostener otro Gobierno macronista –y con la fragmentación actual de la Asamblea Nacional tienen el poder para hacerle caer–, las críticas al primer ministro llegaron también desde sus propias filas.
Concretamente, el ministro de Interior, Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, criticó duramente el nombramiento de Bruno Le Maire como ministro de Defensa. Le Maire, que ocupó la cartera de Economía durante varios años, es visto en numerosos sectores de la política gala como uno de los principales culpables de la billonaria deuda que tienen, su gran problema. Para Retailleau –y para muchos otros–, dar poder a Le Maire era volver a caer en los vicios antiguos del macronismo.
Ante este terremoto, y después de la dimisión de Lecornu, Le Maire también presentó su renuncia ante Macron. Posteriormente, el presidente dio un plazo extra de 48 horas al primer ministro para volver a formar gobierno. En este tiempo, el líder del Ejecutivo ha recibido en Matignon a los líderes de la oposición que han querido ir –por ejemplo, Le Pen y Jordan Bardella se negaron a ir–, pero, con poco éxito. En el ya improbable caso de que el nuevo Gobierno sea aceptado internamente, seguiría enfrentándose con el rechazo del resto de formaciones políticas.
Por si fuera poco, el diario Le Figaro afirma que Lecornu, aunque aceptó el encargo como un favor a su viejo amigo –lleva con diferentes cargos en el Gobierno desde que Macron llegó por primera vez al Elíseo, en 2017–, no planea quedarse más tiempo en el puesto, lo que obligaría al presidente a nombrar un nuevo primer ministro, ya sea otro de su cuerda que sería enviado al matadero, sin herramientas para sobrevivir, o nombrar como primer ministro a uno de la izquierda, saltándose una línea roja que él mismo se marcó y puede que en vano, ya que los sectores más duros del ala izquierda –es decir, Melenchon– no quieren sino la dimisión del presidente.
El presidente francés, Emmanuel Macron
La opción que muchos ven más lógica es convocar unas nuevas elecciones legislativas, poco más de un año después de las anteriores. Sin embargo, tampoco hay indicios para suponer que esto solventaría el problema. Es cierto que el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen no para de subir en las encuestas –de ahí la reticencia de Macron a llamar a los franceses a las urnas–, pero las últimas encuestas siguen dibujando una situación de bloqueo. De acuerdo con los resultados divulgados por Le Figaro Magazine, la formación derechista obtendría en torno a un 35 % de los votos, situándoles como primera fuerza pero lejos de la mayoría.
Ante este callejón sin salida, son muchas las voces que piden un terremoto completo, unas elecciones presidenciales. El bloque de izquierdas lleva tiempo demandándolas, y el Reagrupamiento Nacional también quiere hacer tambalear al presidente, aunque miden bien sus pasos sabiendo que, hasta el juicio de apelación previsto para el próximo año, Marine Le Pen está inhabilitada.
También incluso dentro de las fuerzas macronistas hay voces sumándose a esa corriente. Los ex primeros ministros, Gabriel Attal y Édouard Philippe, han sido los últimos en sumarse a la petición. «Esta crisis política es el hundimiento del Estado, ya no se sostiene. Tiene que tomar una iniciativa digna que le honraría. Es decir, que se marche inmediatamente después», aseguró Philippe, quien es a su vez uno de los candidatos para sucederle en el Elíseo.
Una dimisión de Macron sería una sacudida enorme al tablero político francés, considerando que solo una vez en la historia de la V República ha sucedido algo así. Fue en 1969, cuando Charles de Gaulle cedió en sus funciones después de que fracasaran los referéndums que él mismo impulsó sobre la reforma del Senado y la regionalización. Macron siempre se ha negado a esta perspectiva, pero el cerco se le va estrechando.
Para intentar entender –y adivinar– el futuro de Francia, siempre hay que recurrir a Michel Houellebecq. El escritor, nacido en la isla de Reunión, publicó hace unos años una novela, Aniquilación, basada en la vida política francesa y que tenía como protagonista al personaje de Bruno Juge, inspirado en Bruno Le Maire. En dicha novela, se especula con que Macron, acorralado y a punto de dejar el poder, facilitaría la llegada del Reagrupamiento Nacional al Elíseo, porque «provocaría catástrofes y el descalabro económico y social sería inmediato». Si esa es su arriesgada y última carta se empezará a ver este miércoles.