Un hombre pasa junto a un almacén de alimentos alcanzado por un misil ruso en Kiev, el 25 de octubre de 2024
Los drones rusos siembran el terror entre los civiles ucranianos: «Nos están dando caza»
El constante zumbido de los drones rusos se ha convertido en ruido habitual en el día a día de muchos ucranianos, sobre todo de aquellos que siguen tratando de llevar una vida normal en las ciudades más cercanas al frente. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos que hacen los civiles, la amenaza rusa nunca los abandona. Los ataques de aviones no tripulados contra la población civil en ciudades ubicadas en la orilla derecha del río Dniéper, como Mikolaiv, Jersón o Zaporiyia, se han vuelto sistemáticos desde julio de 2024, según ha denunciado este lunes un informe de la Comisión de Investigación de la ONU sobre Ucrania.
La Comisión de Naciones Unidas concluye que estas ofensivas rusas constituyen «crímenes de guerra y contra la humanidad». El objetivo detrás de estos continuos ataques con drones contra la población civil por parte de las Fuerzas Armadas del Kremlin es, según el informe, expulsar a los ucranianos de estos territorios que Moscú se anexionó en parte durante los primeros meses de la invasión. En septiembre de 2022, el autócrata ruso Vladimir Putin anunció de manera unilateral que las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk, así como las provincias de Jersón y Zaporiyia –que su Ejército no controla en su totalidad– pasaban a formar parte de la Federación Rusa.
Desde entonces, la población vive atemorizada por los constantes bombardeos rusos contra objetivos civiles. El informe de la ONU, basado en 226 entrevistas en el terreno y el análisis de unos 500 vídeos, eleva a 200 el número de ucranianos asesinados por drones rusos en el último año solo en las regiones de Mikolaiv, Jersón y Zaporiyia, mientras que otros 2.000 han resultado heridos. «Mi marido murió en mis brazos, desangrándose, porque la ambulancia no llegó a tiempo. Intenté detener la hemorragia con una camiseta, pero no fue suficiente», contó una mujer natural de Ponyativka, que regresaba a su casa junto a su marido, de 54 años, cuando escuchó el sonido de un avión no tripulado enemigo sobrevolando sus cabezas.
Residentes frente a una ventana rota observan un edificio vecino dañado tras un ataque ruso en Kiev
Apenas les dio tiempo a reaccionar y buscar refugio en un edificio cercano cuando el dron lanzó la carga explosiva sobre ellos. Su marido sufrió una hemorragia intensa y murió antes de que pudieran llegar al lugar los servicios médicos. También es habitual que el Ejército ruso apunte contra las ambulancias para impedir que lleguen a tiempo a socorrer a los heridos de ataques anteriores. Da igual si es en bicicleta, a pie, en coche, moto o transporte público: todo aquello que se mueva es objetivo legítimo para las Fuerzas Armadas rusas. No hay distinciones entre civiles o soldados.
De hecho, en canales de Telegram rusos, los perpetradores de estos crímenes de guerra publican vídeos de los ataques mientras se vanaglorian de sus actos. «Esta persona ha sido eliminada con precisión», escribían en un chat de esta aplicación de mensajería, junto a una grabación donde se puede ver a una joven ucraniana de 23 años montando en bicicleta cuando un dron suelta su carga explosiva sobre ella.
Todos los relatos recogidos por los investigadores de la ONU describen el mismo modus operandi: ataques contra una población civil indefensa con el único objetivo de sembrar el miedo y hacer imposible la vida en estas regiones cercanas al frente. Vaciar por la fuerza las regiones ucranianas que el inquilino del Kremlin considera suyas por sus delirios imperialistas. «Nos bombardean todos los días, los drones vuelan a cualquier hora, por la mañana, por la tarde, de día o de noche, constantemente», denunció otro hombre. «Los soldados de la Federación Rusa se comportan como si esto fuera un safari; simplemente persiguen y cazan a civiles que van al trabajo o pasean a sus perros. Lanzan explosivos desde drones como si fuera un videojuego», relató un médico veterano de un hospital de Jersón.
Con todo, los expertos en derechos humanos Vrinda Grover, Erik Mose y Pablo de Greiff señalan que «los operadores de los drones, gracias a las cámaras incorporadas, utilizaron imágenes de vídeo transmitidas en tiempo real y se centraron en objetivos que eran visiblemente civiles y lanzaron explosivos sobre ellos. Las pruebas recopiladas no dejan lugar a dudas de que los autores tenían la intención de llevar a cabo esos actos». Así, el informe de la Comisión de Investigación de la ONU sobre Ucrania concluye que «las Fuerzas Armadas rusas han cometido crímenes de guerra al dirigir intencionadamente ataques contra civiles en Jersón y otras localidades de la orilla derecha de la provincia». Asimismo, enmarca estos ataques dentro de una «política estatal coordinada» y, por lo tanto, acusa a Rusia de cometer «crímenes contra la humanidad».