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El Helicoide, el centro de tortura y muerte más emblemático de Venezuela, se convertirá en un polideportivo
Pronunciar su nombre produce terror. En su interior se han cometido todo tipo de torturas, abusos y ejecuciones. Los presos políticos que eran trasladados a ese bloque de hormigón, que se construyó en los años 50, para ser unos grandes almacenes de lujo, sabían que su estancia sería una tragedia.
El Helicoide, la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en Caracas, se convertirá dentro de poco en otra cosa, en algo que trate de borrar el pasado de abusos, suplicios y muertes que se cometieron entre sus muros.
Delcy Rodríguez, responsable de lo que pasó con la cúpula de la dictadura y responsable ahora de lo que pasa, anunció que el cambio forma parte del proyecto de amnistía para los presos políticos detenidos y secuestrados desde 1999.
El factor Trump
La propuesta la dio a conocer semanas después de que el presidente Donald Trump, tras reunirse con María Corina Machado denunciara una «cámara de torturas» en la capital venezolana y anunciara su cierre.
«Hemos decidido que las instalaciones del Helicoide, que hoy sirven como centro de detención, se conviertan en un centro social, deportivo, cultural y comercial para la familia policial y para las comunidades aledañas a este recinto», anunció la antigua mano derecha de Maduro que hoy cumple al pie de la letra las órdenes de Washington que le transmite el secretario de Estado, Marco Rubio.
La sucesora del dictador bolivariano, capturado el 3 de enero por las fuerzas especiales de EE. UU., aprovechó el inicio del año judicial para hacer el doble anuncio en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Retransmitido por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) Delcy Rodríguez recibió un caluroso aplauso como si ella, ironías de la historia, fuera la libertadora de Venezuela.
El régimen de Hugo Chávez que pretendía perpetuar tras su muerte Nicolás Maduro, vio en ese mastodonte del Helicoide una oportunidad para abrir la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).
Esas sedes no tardaron en convertirse en centro de «torturas» por donde penaron -y penan- cientos de opositores, activistas y militares caídos en desgracia al resistirse a formar parte de la dictadura.
Tardó, pero finalmente hasta una Misión Internacional Independiente de la ONU para Venezuela confirmó lo que en Venezuela era un grito de dolor: allí se somete a suplicios a las personas, allí se tortura y allí se mata.
Delcy Rodríguez pretende reescribir la historia del Helicoíde y dictar una amnistía que la incluya.
Delcy Rodríguez pretende reescribir la historia del Helicoíde y dictar una amnistía que la incluya. Ese es el objetivo de los anuncios de esta madrugada, salvar a los inocentes que están entre rejas y salvarse ella misma, a su hermano Jorge y al resto de los culpables de más de 25 años de dictadura.
El anuncio de la mujer que ahora ocupa el poder en el Palacio de Miraflores y está dispuesta a hacer lo que sea, incluida una transición democrática, para que Estados Unidos le perdone sus crímenes, vino acompañado de la amnistía y de una «gran consulta nacional por un nuevo sistema de justicia» para Venezuela.
Esa misión la encargó a la «comisión de la revolución por la justicia» que preside el ministro de Interior y Justicia, y duro entre entre los duros, Diosdado Cabello.
Las escenas que se viven hoy en Venezuela cuesta trabajo creerlas. La hoja de ruta de la transición dirigida desde Washington parece cumplirse sin sobresaltos. Personajes infames como Diosdado Cabello o el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se someten a la nueva o aparente «normalidad» bolivariana, con pinceladas democráticas, sin rechistar.
Las dudas persisten y el miedo a que haya un giro de guión que devuelva a Venezuela al lugar de donde no termina de salir no desaparece. Pero lo cierto es que algo -y no es poco- está cambiando en Venezuela y mucho más es posible.