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Maqueta del Helicoide

Maqueta del HelicoideCámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas

Venezuela

Las peores torturas del Helicoide: la cárcel que iba a ser un centro comercial de lujo

El 2026 parece ser un buen año para Venezuela. Tras la captura del dictador Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense y con el posterior mandato de Delcy Rodríguez bajo las órdenes de Donald Trump, las buenas nuevas no han parado de suceder para el país hispanoamericano.

En lo alto de una colina del suroeste de la capital venezolana, una mole de hormigón armado en espiral ha sido testigo de más de seis décadas de los vaivenes políticos, económicos y humanos del país. El Helicoide –esa estructura futurista que alguna vez prometió ser el epicentro del lujo y la modernidad en Hispanoamérica– cierra finalmente sus puertas como prisión, dejando tras de sí un legado de promesas rotas, oscuridad y sufrimiento. Así lo ha anunciado la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en un acto en el Tribunal Superior de Justicia.

Un sueño de modernidad que nunca se completó

El proyecto comenzó en 1956, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, con una ambición monumental: construir el primer centro comercial de lujo del país, donde los coches pudieran ascender por rampas helicoidales de más de cuatro kilómetros hasta estacionar frente a las tiendas. El complejo incluiría más de 300 locales, un hotel de cinco estrellas, cines, un club social y hasta un helipuerto. Caracas soñaba con tener su propio símbolo de progreso moderno.

helicoide

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Pero el esplendor nunca llegó. Tras la caída del régimen en 1958, el proyecto fue abandonado. El Helicoide, que alguna vez apareció en revistas de arquitectura internacional como ejemplo del modernismo tropical, quedó convertido en un esqueleto de hormigón, a medio terminar, símbolo de un país que se quedaba a mitad de camino entre la opulencia y la ruina.

En 1984, el Estado venezolano decidió reutilizar el edificio para instalar allí la sede de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), antecedente directo del actual Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Lo que había sido diseñado para el consumo y el ocio se transformó en un edificio de vigilancia, control y silencio.

Durante los años 2000, especialmente bajo las dictaduras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, varias áreas fueron convertidas en calabozos improvisados. Se cerraron oficinas, bodegas y rampas, y a estas se les añadió puertas y ventanas con rejas. En poco tiempo, el Helicoide se convirtió en el principal centro de detención de presos políticos del país: estudiantes, periodistas, opositores, militares disidentes y activistas sociales fueron encerrados allí, lejos de la luz y del debido proceso.

El epicentro del miedo

Las denuncias no tardaron en acumularse. Organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentaron centenares de testimonios sobre torturas físicas y psicológicas dentro de la prisión: golpes, aislamiento, descargas eléctricas, suspensión por extremidades, privación de agua y luz, y humillaciones extremas.

(FILES) This image shows El Helicoide -a facility and prison owned by the Venezuelan government and used for both regular and political prisoners of the Bolivarian National Intelligence Service (SEBIN)- in Caracas on January 8, 2026. Venezuela's interim President Delcy Rodriguez announced the closure of the notorious Helicoide prison in Caracas on January 30, 2026, which has been denounced as a torture centre by the opposition and human rights activists. (Photo by RONALDO SCHEMIDT / AFP)

El HelicoideAFP

«Nos hacían meter la cabeza en bolsas llenas de excremento. Querían que dejáramos de pensar», relató un expresidiario político tras su liberación en 2024. En el imaginario venezolano, el Helicoide dejó de ser una obra arquitectónica para convertirse en una metáfora del horror: una espiral descendente de represión y silencio.

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