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La gente marcha cerca de la Torre Azadi en Teherán el 11 de febrero de 2026, durante una manifestación que conmemora el 47.º aniversario de la Revolución Islámica de 1979

Iraníes en la Torre Azadi en Teherán el 11 de febrero de 2026, en el 47.º aniversario de la Revolución IslámicaAFP

Los ecos de la revolución islámica que derrocó al sah amenazan ahora al régimen de los ayatolás

Las autoridades iraníes han emprendido una campaña de detenciones contra la cúpula del ala reformista por sus críticas por la violencia ejercida contra los manifestantes durante las recientes protestas

La República Islámica de Irán celebró este 11 de febrero el 47.º aniversario de la revolución que derrocó a la monarquía del sah y catapultó a los ayatolás al poder. Sin embargo, la sangre y la brutal represión del régimen durante el pasado mes de enero contra el levantamiento popular han resonado en unas celebraciones marcadas por el mismo eco que se oía en los últimos días que precedieron a la caída de Mohammad Reza Pahleví. Una marabunta negra de seguidores del régimen tomó este miércoles los alrededores de la Torre Azadi –monumento de mármol construido por orden del sah–, en Teherán, para escuchar al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, hablar desde un podio.

Al grito de «muerte a América» y proclamas a favor del régimen, nada parecía quedar del inmenso malestar y el hastío de los iraníes con la dictadura islamista que llevó a cientos de miles de personas a las calles durante semanas para pedir el fin de la República Islámica. Pero este fervoroso apoyo a los ayatolás contrasta frontalmente con los gritos de «muerte a Jamenei», en referencia al líder supremo de Irán, que se podían oír, incluso por encima de los fuegos artificiales y el bullicio propio de la capital, el martes por la noche, tan solo unas horas antes de que comenzara oficialmente la gran fiesta nacional.

Precisamente, para evitar estos actos de rebeldía, el aparato represor del régimen ha trabajado a pleno rendimiento en los últimos días para acabar con cualquier conato de desafío, lo que deja en evidencia que la República Islámica se siente verdaderamente amenazada. Pero nada de esto ha evitado que este miércoles, un reportero de la televisión estatal iraní despidiera su conexión en directo tras cubrir las festividades con motivo del aniversario de la Revolución, desde la ciudad de Zahedán, con un «muerte a Jamenei», en un aparente lapsus. Inmediatamente después, la cadena anunció que habían despedido tanto al reportero como al director provincial de la cadena.

En este atmósfera de vigilancia extrema, el ala reformista, a la que pertenece el propio presidente de Irán, se ha llevado la peor parte, con la detención de varias de sus figuras más destacadas, entre ellas Azar Mansouri, jefa del Frente de las Reformas; su portavoz, Javad Emam; Ebrahim Asgarzadeh (exviceministro de Exteriores) y Mohsen Aminzadeh (exparlamentario); Hossein Karrubí, Ali Shakourirad, Ghorban Behzadian Nejad y Ali Shakouri Rad.

El régimen ha dejado en libertad bajo fianza este viernes a Mansouri, Emam y Asgarzadeh. Todos ellos fueron apresados por haber criticado la violencia ejercida por los servicios de seguridad iraníes contra los manifestantes y que, según publicaron este jueves varias organizaciones de derechos humanos, han acabado con la vida de más de 7.000 personas, mientras que el régimen solo ha reconocido 3.117, afirmando que la mayoría eran «miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado».

Más de un mes después de las peores 24/48 horas de las protestas, siendo el pasado 8 de enero cuando se cree que las autoridades del régimen iraní ejecutaron la mayoría de los asesinatos contra los manifestantes, todavía es complicado llegar a conocer el alcance de esta violencia, en gran parte por el apagón digital y de comunicaciones al que está sometido el país. En este contexto, y habiendo sido este el mayor levantamiento contra el Régimen Islámico en toda su historia, el ala reformista del régimen movió ficha e instó al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, a dimitir, según publicó a finales del pasado mes de enero el sitio web de noticias Euractiv.

Los líderes del Frente Reformista, una alianza de diferentes partidos, convocaron una reunión de emergencia el 11 de enero, presidida por Azar Mansouri, donde acordaron emitir una declaración pública en la que instaban a Jamenei a renunciar al poder, dimitir del cargo y supervisar la creación de un consejo de Gobierno de transición para reemplazarlo. Sin embargo, y según informó el medio europeo, este plan nunca llegó a materializarse. Las autoridades iraníes tuvieron conocimiento del plan e iniciaron una campaña de amenazas contra los líderes reformistas que ha acabado transformándose en detenciones. Mansouri, según medios iraníes independientes, llegó a denunciar un intento de asesinato.

A pesar de que esta hoja de ruta nunca llegara a concretarse, se trata de un movimiento sin precedentes en la sombra del poder de la República Islámica: los reformistas forman parte igualmente del establishment y nunca habían desafiado al líder supremo, considerado una línea roja. A todo esto hay que sumarle que la teocracia islamista atraviesa un período de gran debilidad no solo internamente, sino también en la región. Sus grandes aliados, como Hezbolá, en el Líbano, o Hamás y la Yihad Islámica, en la franja de Gaza, están fuera de juego tras sus guerras con Israel, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenaza con atacar de nuevo Irán si no se llega a un acuerdo nuclear que, además de limitar el programa atómico del país persa, restrinja la producción y el alcance de sus misiles balísticos, dejándole indefenso ante su némesis, Israel.

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