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Eduardo Zalovich
CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv

La historia real y los «4 mapas palestinos»

La tendencia hoy en Israel es aceptar entregar la zona oriental de Jerusalén, salvo la Ciudad Vieja amurallada, donde están los principales sitios sagrados del cristianismo, judaísmo e islam

Soldados israelíes patrullan las calles de Tubas, en la Cisjordania ocupada, durante una operación militar

Soldados israelíes patrullan las calles de Tubas, en la Cisjordania ocupada, durante una operación militarAFP

Hasta 1917 toda la región era parte del Imperio Otomano, no independiente. Tras la Primera Guerra Mundial, el territorio quedó bajo el Mandato Británico, autorizado por la Liga de Naciones. Incluía lo que hoy es Israel, Cisjordania, Gaza y Jordania. La superficie total era de unos 120.000 km2, de los cuales 90.000 pasaron a ser el reino jordano en 1922, por decisión de Londres.

Nunca en los 30.000 km2 restantes existió un estado soberano llamado Palestina. El unico pueblo independiente en dicha zona, en distintos periodos, fueron los judíos. Y fuera de ellos hubo imperios coloniales. Otros pueblos que habitaron la región desaparecieron como naciones a través de los siglos.

La relación de los actuales árabes palestinos con los cananeos o filisteos es imaginación pura. Lo cual no implica negarles actualmente derechos nacionales en ciertas áreas del territorio.

Mandato Británico

El primer mapa muestra un territorio bajo administración británica, no un estado independiente. El mismo incluía tierras donde coexistían judíos, árabes y otros grupos, sin soberanía oficial. Era una zona colonial.

Los graves enfrentamientos entre ambas comunidades –los musulmanes guiados por el Muftí, ex aliado de Hitler– condujeron a Inglaterra a llevar el caso a las Naciones Unidas.

En 1947, la ONU votó dividir el Mandato en dos estados: uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo status internacional

En 1947, la Asamblea General votó dividir el Mandato en dos estados: uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo status internacional. Sumados ambos, alcanzaban una superficie similar a Galicia.

El liderazgo judío aceptó el plan pero el liderazgo árabe lo rechazó. Cinco ejércitos musulmanes invadieron al día siguiente la zona adjudicada a Israel. Pese a los pronósticos militares ingleses, fueron derrotados. Las fronteras del plan nunca fueron implementadas por la inmediata oposición y ataque de 1948. Tras la guerra se firmaron los armisticios de 1949. La frontera de los mismos –conocida como Línea Verde– no fue definitiva, sino el límite temporal del cese al fuego.

Tras la guerra unos 750.000 musulmanes huyeron hacia los países limítrofes –no recibieron ciudadanía– y 820.000 judíos fueron expulsados de naciones árabes a Israel, que además integró 250.000 partisanos y sobrevivientes del Holocausto. Este hecho marcó la independencia del nuevo Israel y la llamada «nakba» -catástrofe- palestina. De haber aceptado los árabes la partición, hoy celebrarían simultáneamente la independencia dos estados.

El cuarto mapa indica las zonas autónomas palestinas, fijadas en los Acuerdos de Oslo (1993-95). Las propuestas posteriores (2001 y 2008), pese a estar muy cerca de las exigencias árabes, las rechazó Abu Mazen. Mentiras y paz real.

La historia real y la leyenda palestina tienen enormes diferencias. Se mezclan adrede conceptos diferentes: mandato colonial, plan fallido de 1947, armisticio de 1949, y arreglos parciales entre las partes. Ignorar los acuerdos de paz y tratados posteriores (paz con Egipto y Jordania, retirada de Gaza, acuerdos de Oslo) falsea la realidad política.

El pueblo judío tiene derechos históricos, culturales y legales en esta tierra, reconocidos por todo el mundo democrático. Israel se creó en 1948, tras siglos de persecución antisemita y matanzas en Europa. Fue una necesidad profunda de supervivencia y refugio. Las guerras de 1948 y 1967 constituyeron una defensa frente a coaliciones árabes que buscaban su destrucción.

No se puede comenzar guerras, perderlas siempre y creer que te corresponde todo como si nada hubiera pasado

Este hecho ha impedido una solución definitiva, y perjudicó los anhelos de independencia palestina, que sólo puede llegar mediante dialogo y concesiones. No se puede comenzar guerras, perderlas siempre y creer que te corresponde todo como si nada hubiera pasado.

El último plan integral de paz fue presentado durante el primer mandato de Donald Trump. Washington lo consideró «un gran paso» que podría ser la «última oportunidad» de los palestinos para poseer un estado. En la propuesta presentada, figura la creación de una nación independiente y una cesión de nuevos territorios para dicho estado, en contraparte con la anexión de otros por Israel.

El plan propuso una inversión de 50.000 millones de dólares a lo largo de 10 años para desarrollar la economía palestina. Se proyectó la construcción de un túnel para conectar Gaza con los territorios cisjordanos controlados por Ramallah, y que la nueva capital sea Abu Dis, en las afueras de Jerusalén. Por otro lado, apoyó la anexión a Israel del estratégico valle del río Jordán.

La tendencia hoy en Israel es aceptar entregar la zona oriental de Jerusalén, salvo la Ciudad Vieja amurallada, donde están los principales sitios sagrados del cristianismo, judaísmo e islam. Esta oferta sería aceptable para la ciudadanía israelí pero difícilmente para Abu Mazen. Lo que ocurre es que los autócratas que gobiernan al pueblo palestino y se enriquecen robando las donaciones europeas, no comprendieron aún que las oportunidades históricas no se repiten indefinidamente. Y que flotillas «solidarias» y mercenarias como Greta Thunberg no tienen la menor influencia en la realidad.

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