Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente peruano Alberto Fujimori (1990-2000), adurante un mitin en Perú
Keiko Fujimori: cumplir el sueño de que a la cuarta va la vencida para llegar a la Presidencia
Con experiencia en derrotas tras caer en segunda vuelta frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), Keiko Fujimori sueña con romper la maldición
Los pecados de los padres no suelen purgarlos los hijos, pero de sus aciertos es frecuente que se beneficien. Algo así le sucede a Keiko Fujimori desde que tenía 19 años.
La hija de Alberto Fujimori sustituyó a su madre como primera dama cuando tenía esa edad. Susana Higuchi había caído en desgracia con su marido y por entonces presidente. El divorcio del matrimonio se convirtió en Perú en un folletín dramático por entregas que incluyó un episodio de cine negro: la madre de la candidata por Fuerza Popular denunció que estuvo confinada en los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) donde la torturaron y sometieron a electroshocks.
Keiko, la hija favorita del expresidente que pasó un par de décadas en la recta final de su vida en prisión por delitos de lesa humanidad, suplantó en esa época a Higuchi en los eventos protocolarios de Estado.
Eran los años 90 y su padre se había convertido en el ídolo de buena parte de la población por liquidar a los dos movimientos terroristas que asolaban Perú: Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amarú). También por desarrollar una política neoliberal y de apertura económica que supuso un trampolín financiero, a corto plazo, para el país andino.
Keiko aprendió cómo se ejercía el poder junto a su padre y conoció medio mundo de su mano. Estudió Administración de Empresas en Boston y cursó un máster en Columbia para adquirir la formación que el presidente consideraba que debía tener la mayor de sus cuatro hijos, aunque al resto les hizo las mismas indicaciones.
La combinación de teoría y conocimiento sobre el terreno del poder la aprovechó Keiko Fujimori para lanzarse oficialmente a la política cuando todavía estaba casada con el estadounidense Mark Vito Vilanella, con quien tuvo tres niñas. La carrera política, pese a los pronósticos iniciales, no ha sido fácil.
En el 2000, Fujimori padre cayó en desgracia al destaparse sus vínculos con el tráfico de armas y los casos de terrorismo de Estado que le pusieron en primera línea de fuego junto a Vladimir Montesinos, el ex capitán del Ejército expulsado por traición a la patria y monje negro de un Gobierno que terminó convertido en régimen sin escrúpulos.
En prisión –tras su dimisión por fax desde Japón y su destitución por incapacidad moral–, el apellido Fujimori dejó de ser un valor al alza en las urnas, aunque hasta hoy conserva un volumen de seguidores incondicional.
Keiko tuvo que digerir tres derrotas consecutivas pese a lograr en las últimas elecciones mayoría en el Congreso. La gestión del bloque es lo que le reprocha el electorado, que ahora le niega su confianza, a pesar de estar en primer lugar en intención de voto en esta primera vuelta. A ella le atribuyen la inestabilidad de Perú de la última década y la seguidilla en ese tiempo de ocho presidentes.
La mala racha, o etapa, en las urnas vino acompañada de investigaciones por blanqueo de capital por financiación irregular en sus campañas que la obligaron a estar en prisión preventiva prácticamente año y medio. El Tribunal Constitucional y el Supremo dieron carpetazo al asunto, respectivamente, y ahora llega sin la rémora de «ladrona» y «delincuente» que le adjudicaron sus competidores.
En el camino se produjo un choque frontal con su hermano Kenji, que le intentó disputar el liderazgo para lograr el indulto de su padre, que le terminaría costando la presidencia a Pedro Pablo Kuczynski (PPK).
Ligera de equipaje judicial, Keiko Sofía Fujimori Higuchi, de 50 años, recupera los mensajes de «mano dura» contra la delincuencia común que han hecho de Perú un territorio hostil y peligroso para la ciudadanía.
La seguridad se ha convertido en la primera preocupación de los peruanos de dentro y fuera del país. Los emigrantes se resisten a volver por temor a los saqueos y la violencia extrema que se ejerce en las calles por las bandas organizadas.
Ese discurso de «sin concesión» a la delincuencia lo disputa Keiko con sus dos seguidores inmediatos. El exalcalde Lima, el también conservador Rafael López Aliaga y el quizás más conservador aún, el cómico Carlos Álvarez.
Con experiencia en derrotas tras caer en segunda vuelta frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), Keiko Fujimori sueña con romper la maldición en esta ocasión y lograr a la cuarta lo que no pudo en tres oportunidades. Los sondeos para el balotaje, de momento, no dicen ni que sí, ni que no, pero le garantizan que hoy, al menos, sigue siendo la favorita.