El exprimer ministro británico, Tony Blair
Reino Unido
Los dos consejos de Tony Blair a Starmer: olvidar el objetivo de cero emisiones y acercarse más a Trump
La rebelión interna que sacude al Partido Laborista británico ha encontrado un nuevo y poderoso altavoz: Tony Blair. El exprimer ministro, arquitecto del «New Labour» que aupó a la izquierda británica al poder durante más de una década, ha arremetido duramente contra el liderazgo del actual premier británico, Keir Starmer. Y lo ha hecho con dos mensajes demoledores: abandonar la obsesión por las emisiones netas cero y acercarse más a su tradicional aliado, Estados Unidos, y, por lo tanto, a Donald Trump.
Blair, en sus primeras declaraciones públicas sobre la crisis que atraviesa el Partido Laborista, ha lamentado que Starmer ha «perdido el rumbo» y que su Gobierno carece de un «plan coherente» para el Reino Unido. En esta misma línea, el exlíder laborista cree que Downing Street se ha dejado arrastrar por una agenda ideológica incapaz de responder a la crisis económica y al descontento social que atraviesa el país.
El principal foco de sus críticas es la política climática impulsada por el secretario de Estado de Seguridad Energética, Ed Miliband. Blair defiende que el principio del «net zero» amenaza con desindustrializar aún más el país, disparar el coste energético y ahuyentar inversiones estratégicas. En su reciente ensayo, de más de 5.000 palabras publicado este miércoles en los medios británicos, reclama frenar la prohibición del petróleo y el gas del mar del Norte y priorizar el crecimiento económico frente a las metas climáticas impuestas desde Westminster y Bruselas.
Pero el veterano dirigente va más allá. También pide a su partido abandonar la hostilidad ideológica hacia Donald Trump y adaptarse al nuevo equilibrio internacional. Blair apunta que, con el republicano de nuevo instalado en la Casa Blanca, Londres necesita mantener una relación estrecha con Washington por propio interés nacional. Una posición incómoda para Starmer, que ha tratado de marcar distancias con el presidente estadounidense mientras que los sectores más radicales de la izquierda laborista continúan demonizando al trumpismo.
Este duro análisis de Blair coincide con en el peor momento para Starmer. El primer ministro afronta una creciente crisis interna tras el desplome del Partido Laborista en las elecciones locales y el avance de Reform UK, liderado por Nigel Farage, entre los votantes obreros tradicionales. En ese contexto emerge la figura de Andy Burnham, alcalde de Mánchester y viejo aspirante al liderazgo laborista.
Burnham lleva meses posicionándose como alternativa. Diversos diputados laboristas le han pedido abiertamente que desafíe a Starmer, mientras sectores sindicales y dirigentes regionales consideran que el partido necesita un giro antes de las próximas generales.
El alcalde de Mánchester intenta presentarse como una figura capaz de reconectar con el norte industrial y con los votantes desencantados que han emigrado hacia Nigel Farage. Aunque ideológicamente más escorado a la izquierda que Blair, Burnham comparte con el exprimer ministro una crítica central: Starmer ha perdido la iniciativa política y transmite una imagen de debilidad.
Blair, por su parte, confiesa que teme que la izquierda británica vuelva a encerrarse en el sectarismo ideológico que la condenó durante años a la irrelevancia. Su mensaje es claro: sin crecimiento económico, sin pragmatismo internacional y sin un proyecto reconocible para las clases medias y trabajadoras, Starmer corre el riesgo de volver a condenar al laborismo a la oposición, tan solo dos años después de lograr la mayor victoria para su partido en unas elecciones generales desde 1997, precisamente con Tony Blair como candidato.