Los albaneses llevan su revuelta a Milán: «Rama debe marcharse»
Del corazón financiero de Italia a las calles de Tirana: la diáspora convierte Europa en un altavoz contra el hombre que gobierna Albania desde hace más de una década
Protestas de albaneses en Milán, Italia
Banderas rojinegras, pancartas contra el Gobierno y un mensaje repetido una y otra vez: «Edi Rama dimisión». Frente al Castello Sforzesco, uno de los símbolos históricos de Milán, alrededor de un centenar de ciudadanos de origen albanés se concentraron el pasado domingo para exigir la salida del primer ministro de Albania y mostrar su apoyo a las protestas que desde hace semanas sacuden el país balcánico.
La escena, cada vez más habitual en varias capitales europeas, refleja cómo una contestación nacida en Albania ha terminado extendiéndose a la diáspora. Milán, donde reside una de las comunidades albanesas más numerosas de Italia, se ha convertido en uno de los principales focos de movilización fuera de las fronteras albanesas.
La protesta celebrada junto al castillo milanés no es un episodio aislado. En las últimas semanas se han sucedido concentraciones en ciudades como Londres, Bruselas, Viena, Florencia, Génova, Berlín, Nueva York o Toronto. El denominador común ha sido siempre el mismo: la denuncia de las políticas del Ejecutivo de Rama y la exigencia de su renuncia. Diversas organizaciones y plataformas de la diáspora han coordinado actos de apoyo a los manifestantes que permanecen movilizados en Tirana desde comienzos de junio.
Lo que comenzó como una movilización contra varios megaproyectos turísticos ha terminado transformándose en un movimiento político de mayor alcance.
El detonante fue la aprobación de inversiones millonarias en zonas costeras consideradas especialmente sensibles desde el punto de vista medioambiental. Entre ellas destacan los proyectos previstos en la isla de Sazan y en el área protegida de Zvërnec-Narta, en el sur de Albania. Los críticos sostienen que estos desarrollos amenazan ecosistemas únicos y favorecen intereses privados en detrimento del patrimonio natural del país.
La oposición al proyecto dio lugar a lo que algunos medios albaneses e italianos han bautizado como la «Revolución de los Flamencos», en referencia a las aves que habitan los humedales afectados por las futuras construcciones. Sin embargo, con el paso de los días, las reivindicaciones medioambientales fueron dejando paso a acusaciones más amplias contra el Gobierno.
Protestas de albaneses en Milán, Italia
Los manifestantes denuncian falta de transparencia, concentración de poder, corrupción institucional y una gestión del territorio que consideran sometida a grandes intereses económicos. Para muchos de ellos, el conflicto urbanístico ha sido únicamente la chispa que ha encendido un malestar acumulado durante años.
«Albania no está en venta»
El lema se ha convertido en la consigna más repetida tanto en Albania como entre las comunidades emigradas.
En Milán ha vuelto a escucharse junto a otras proclamas dirigidas directamente contra Rama. Las manifestaciones celebradas durante las últimas semanas en la ciudad lombarda han utilizado precisamente ese eslogan para denunciar lo que los participantes consideran una «venta» de recursos estratégicos y espacios protegidos a grandes inversores internacionales.
Los manifestantes sostienen que el problema trasciende el debate urbanístico. A su juicio, la cuestión de fondo es el modelo político construido durante los más de doce años de Gobierno de Rama, que llegó al poder en 2013 y se ha convertido en el primer ministro más longevo de la Albania democrática.
La respuesta de Rama
El jefe del Gobierno ha rechazado las acusaciones y ha defendido públicamente los proyectos de inversión cuestionados.
En declaraciones recogidas durante los últimos días por medios italianos e internacionales, Rama ha insistido en que las iniciativas turísticas representan una oportunidad histórica para el desarrollo económico del país y ha minimizado el alcance de las protestas. El primer ministro ha sostenido que los proyectos seguirán adelante pese a las movilizaciones y ha acusado a sus detractores de instrumentalizar políticamente el debate.
Su Ejecutivo mantiene que la modernización de infraestructuras y la captación de inversión extranjera son esenciales para acelerar la convergencia de Albania con la Unión Europea, objetivo estratégico que Rama continúa situando en el centro de su agenda política.
La concentración de Milán confirma que el conflicto ha dejado de ser exclusivamente interno.
La diáspora albanesa está desempeñando un papel creciente en la difusión internacional de las protestas. Las convocatorias celebradas durante junio muestran una movilización transnacional poco habitual en la historia reciente del país y han convertido plazas y calles europeas en una extensión simbólica de las manifestaciones de Tirana.
Mientras el Gobierno insiste en que las protestas acabarán perdiendo fuerza, los organizadores prometen mantener la presión. Y en ciudades como Milán, donde el pasado domingo volvieron a ondear decenas de banderas albanesas frente al Castello Sforzesco, el mensaje sigue siendo inequívoco: la contestación a Edi Rama ya no conoce fronteras.