El primer ministro de Hungría, Peter Magyar, durante la cumbre de la OTAN, en Ankara esta semana
Crece la tensión en Hungría con el intento de «golpe» de Magyar al presidente Sulyok
El primer ministro avanza con una enmienda constitucional para destituir por las bravas al presidente Tamás Sulyok
Parecía que después de la tempestad de las elecciones en las que se impuso Péter Magyar vendría la calma, pero nada más lejos de la realidad. El primer ministro húngaro está dispuesto a quitarse de en medio cualquier norma, ley o cargo que considere un impedimento para lograr sus objetivos. El primero en la lista es el presidente Tamás Sulyok.
Para lograr su propósito Magyar podría intentar someterle a un juicio político, pero la falta de argumentos concretos para destituirle anticipa que el escándalo sería de tales dimensiones que no podría lograr su objetivo. Aún así, el antiguo miembro de Fidesz, el partido de Viktor Orban al que derrotó en las elecciones, va por todo y ha tirado por la calle de en medio. Dicho de otro modo, ha decido cambiar la Constitución en un gesto de dudosa legalidad que ha provocado las protestas de la oposición y manifestaciones en su contra.
Fidesz y el Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP) se manifestaron en el Palacio de Sándor, sede y residencia oficial de la Presidencia del país, para protestar contra lo que han calificado como la «construcción de la dictadura de Tisza». La enmienda constitucional, que pretende incorporar incluye la destitución del presidente Tamás Sulyok por las bravas.
«La enmienda a la Ley Fundamental, planeada por el Gobierno de Tisza, supone la destrucción del Estado de derecho húngaro», ha denunciado en el acto celebrado bajo el lema «Alto a la arbitrariedad» el expresidente János Áder, quien ocupó el Palacio de Sándor durante diez años de gobierno de Orbán.
La agencia húngara MTI, recoge unas declaraciones suyas en as que advierte que la aprobación de una medida de semejante calado no conduce a la seguridad jurídica, sino a la anarquía, Áder no duda al anticipar que, de implementarse la norma, «en Hungría puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento y a cualquiera».
El ex presidente lamenta que el primer ministro, si tiene tanto tanto interés en apartar a su sucesor no recurre a los mecanismos legales que tiene a su alcance. Entre otros que el jefe de Estado «puede ser destituido mediante juicio político, pero –matiza– Tamás Sulyok no ha cometido ninguna violación de la ley, por lo que la facción de Tisza carece de fundamento para iniciar dicho procedimiento».
Áder, presidente de la República entre 2012 y 2022 bajo los gobiernos de Orbán, ha expresado su preocupación por el «espectacular deterioro» del discurso público y ha advertido que el acoso en las redes sociales y el discurso beligerante constante corre el riesgo de pasar de ser una agresión verbal a volverse física.
No ha sido el único dirigente en comparecer o en asistir a los actos de protest. El presidente del KDNP, Zsolt Semjén, el diputado de Fidesz Gábor Szucs y el jefe de comunicación del partido de Orbán, Bertalan Havasi, participado también como oradores, criticando lo que califfican, palabrea palabra menos, de intento de golpe de Estado.
Petér Magyar se muestre inmune a las críticas y advierte que los cargos electos previos a su victoria en las urnas del 12 de abril deberán estar libres, por las buenas o por las malas. Esto es, come efecto del cambio constitucional que ha puesto en marcha.