Mike Hammer, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Cuba
Perfil
Mike Hammer, el hombre de Trump en La Habana que está más cerca de los cubanos y más lejos de la dictadura
El encargado de Negocios de Estados Unidos es el diplomático más apropiado para defender al pueblo cubano en los foros internacionales
Gústele o no a la izquierda cubana que se opone al régimen, el hombre más cercano a la realidad cubana es Mike Hammer, encargado de negocios de los EE.UU. en La Habana.
Mike Hammer no molesta por él mismo, sino porque representa la política del presidente Donald Trump y del Secretario de Estado Marcos Rubio. Porque ningún diplomático funciona por decisión propia. Hay una línea trazada que viene de Washington.
Antes de Mike Hammer, fue Mara Tekach la encargada de negocios que también tuvo una oposición vertical para con el régimen. Visitó a muchas familias de presos políticos por toda la isla. Apareció en Santiago de Cuba en 2019, para visitar a la familia del disidente José Daniel Ferrer, que se encontraba encarcelado. Quería llamar la atención internacional sobre Ferrer «que corría grave peligro». Por este motivo fue acusada por la dictadura de supuestamente crear una «campaña de calumnias» para promover la subversión en Cuba.
Mike Hammer ha multiplicado esa labor. Evidentemente, con luz verde desde el Departamento de Estado. Ha visitado la mayoría de las provincias y, en cada una de ellas, a familias de presos políticos. En respuesta, el régimen le ha preparado escraches con acólitos que, aparentemente, protestan ante su presencia. «El pueblo enardecido» de siempre. Que no es más que títeres menores movidos por la Seguridad del Estado.
En cada de una de estas familias visitadas, Mike Hammer ha escuchado, pacientemente, el dolor que sufren. Y eso vale de mucho. Nadie más en este mundo se ha atrevido a hacerlo. La organización de las Naciones Unidas (ONU), calla, y muchas veces es cómplice del régimen. Lo acepta dentro de organizaciones mundiales en contenidos donde, por sí misma, es una gran violadora de lo que se representa. Al final, la ONU parece que se burla de sí misma.
La Unión Europea (U.E.), por otra parte, también hace silencio y en múltiples ocasiones, es cómplice con subvenciones de millones para supuestos proyectos que jamás llegan a realizarse. España le vende implementos antimotines que se utilizarán en golpear al pueblo. Y la UE calla, y sin importarle, continúan dando oxígeno a la dictadura.
El pueblo de Cuba no les agradece que voten en la ONU contra el «embargo norteamericano». Están votando a favor de la dictadura y contra el pueblo cubano. Pero jamás entienden, o no quieren entender, por muchos activistas que se lo expliquen. En Cuba hay más de 1.200 presos políticos: «mil doscientos», a ver si leyéndolos en palabras se le hace largo y abarca el escándalo que es.
Así como 67 años de dictadura: «sesenta y siete» años de haber tenido un dueño que hace y deshace a su capricho, sin levantarle la bota de la espalda al pueblo. Ha costado miles de presos políticos que, si no han sido fusilados, han cumplido entre 20 y 30 años, «veinte y treinta» de duro encarcelamiento. Donde sobrevivir cada día ha sido por obra y gracia de Dios, porque han tenido que soportar las torturas y abusos consabidos, que toda dictadura inflige a sus detractores.
A un pueblo extenuado que se mantiene al pairo bajo una tormenta, a punto de fenecer, casi sin aliento y con la voz y los brazos vencidos de gritar, de clamar justicia ante oídos sordos, y de dar zarpazos a diestra y siniestra para mantenerse a flote un minuto más, no se le puede pedir que escoja el color del salvavidas que le lanzan. Eso es injusto. Además, cuando es el único que parece tangible. En este caso, el de la libertad que Trump le ha dicho al pueblo cubano que les va a proveer. Lo cumpla o no, no hay para otro lugar donde mirar. Ahora mismo, la única salvación que parece más inmediata, y hasta a largo plazo, es la política de presión de los Estados Unidos contra el régimen totalitario.
Y Mike Hammer, en este momento, convencido estoy, de que es el diplomático más apropiado y puntual, para hablar en los fórums internacionales, como la ONU, OEA, UE, para explicar la realidad de los cubanos que ha palpado de primera mano.
Desde otros países es muy fácil pedir colores de salvavidas, mientras tienen garantizada sus vidas, resguardados a sus familiares y seguros los alimentos en sus mesas. Lo cual aplaudo y le agradezco a Dios. Pero es una gran injusticia continuar dándole la espalda al pueblo de Cuba. Ya a este pueblo no le queda nada por sacrificar.
La gran mayoría del pueblo de a pie, para no ser absoluto, clama y apuesta a que la única solución es que suceda lo mismo que en Venezuela; pero de una manera más enérgica. No quieren en el poder a nadie que huela a los Castro. Máxime ahora que están intentando contentar a Trump, pero quedarse en el poder. Quizá al estilo socialista de un Vietnam capitalista, aunque parezca una contradicción. O escuchan los consejos del presidente ruso Vladimir Putin, donde parece una democracia, pero donde solo existe un partido que gana el poder.
Lo cierto es que los Castro tratarán de forzar cualquier coyuntura donde ellos sean determinantes. Están convencidos de que este país les pertenece. Y por desgracia, no lo soltarán por conversaciones pacíficas, salvo que les acepten quedarse con la mayoría de las industrias y hoteles, que en la actualidad se están comprando ellos mismos. Muy parecido a la caída del campo socialista en la Unión Soviética o la famosa piñata que los comandantes nicaragüenses se repartieron cuando el sandinismo entregó el poder, a cambio de terminar todos multimillonarios.
El intento se ha hecho realidad con la propuesta de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, para negociar directamente con Trump o alguien que este elija. La única carrera ejercida por este familiar castrista, es la de ser guardaespaldas de su abuelo Raúl Castro, hasta llegar a los grados de coronel. Su abuelo llegó a general sin participar directamente en ninguna batalla. Su tío Fidel Castro de la misma manera. Pero parece que es el elegido por la familia para representar sus intereses.
Los Castros siempre serán caudillos, y están convencidos que este país es su coto de caza particular, habitados por ciervos. La élite solo tiene que mutar y aparentar, para volver a dar el zarpazo final y volver a esclavizar al pueblo, que creen sus súbditos. Cualquier futuro loable para Cuba, jamás deberá ser a través de las manos de los Castros y sus acólitos.