Fundado en 1910

Es importante destacar que esta operación bloquea la libertad del ganadorEFE/Javier Lizón

Qué pasa si un décimo premiado de la Lotería de Navidad está hipotecado como aval

El boleto premiado deja de ser un trozo de papel para convertirse automáticamente en un activo líquido que responde por las deudas del titular

utilizar un décimo de Lotería de Navidad como garantía de pago o aval es una práctica legalmente posible en España, conocida en términos jurídicos como pignoración. Esta figura permite que un deudor entregue el billete —o mejor dicho, los derechos económicos que de él pudieran derivarse— a un acreedor (generalmente un banco o un particular) para garantizar el cumplimiento de una obligación financiera.

Sin embargo, si la fortuna decide sonreír a ese número el 22 de diciembre, el proceso de cobro se convierte en una carrera de obstáculos legales donde el dueño original del décimo no es necesariamente el primero en tocar el dinero.

La clave de este escenario reside en la custodia física y legal del boleto. Para que el décimo sirva como aval, no basta con una promesa verbal; debe haberse formalizado ante notario mediante una póliza de pignoración. En este documento se estipula que, en caso de premio, el importe no irá al bolsillo del jugador, sino que quedará retenido para saldar la deuda pendiente.

Jurídicamente, se produce lo que se llama una «subrogación real»: el dinero del premio sustituye al papel del décimo como objeto de la garantía. El boleto premiado deja de ser un trozo de papel para convertirse automáticamente en un activo líquido que responde por las deudas del titular.

Bloquea la libertad del ganador

En la práctica, esto significa que si el Gordo toca a un décimo pignorado, el acreedor tiene un derecho preferente de cobro. El banco o la entidad financiera ejecutará la garantía inmediatamente para cobrarse el capital prestado más los intereses generados hasta la fecha. Solo una vez satisfecha la deuda total, el remanente del premio —si es que sobra algo— se liberará a favor del dueño del décimo.

Por ejemplo, si se debe un préstamo de 100.000 euros y el décimo gana 400.000 euros, el banco se quedaría con su parte y el usuario recibiría la diferencia, siempre después de pasar por la caja de Hacienda.

Es importante destacar que esta operación bloquea la libertad del ganador. No puede ir alegremente a una administración a cobrar el premio, ya que el décimo físico suele estar depositado ante notario o en custodia de la entidad acreedora precisamente para evitar tentaciones.

Si el premio es menor a la deuda, el acreedor se queda con la totalidad del importe y la deuda restante sigue vigente. Así, en estos casos, el Gordo no sirve para comprar champán, sino para comprar tranquilidad financiera y cancelar pasivos de un solo golpe.