20 de mayo de 2022

Jesús Mariñas

GTRES

Jesús Mariñas (1942-2022)

Que te calles, Karmele

Ha sido incinerado hoy, miércoles, que es el día que salen las revistas del corazón donde Mariñas ha sido un referente; qué mejor día para pasar a ser cenizas

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Nació en La Coruña el 3 de octubre de 1942 y falleció en Madrid el 9 de mayo de 2022

Jesús Manuel Pérez Mariñas

Escribió en las revistas Garbo y Fotogramas, pero su salto a la fama lo dio en el programa de radio Protagonistas de Luis del Olmo. Allí creó la crónica rosa

Jesús Mariñas comenzó a trabajar de botones en el periódico El Ideal Gallego y ahí descubrió a qué dedicaría toda su vida hasta que ayer martes fallecía en un hospital de Madrid. Un cáncer de vejiga le tenía hospitalizado desde hacía semanas. El cronista que no le temía a la muerte pero sí al dolor, se ha ido sin querer velatorio y en silencio será incinerado hoy.
En el año 2000 al hacerse unas pruebas por una anemia, le descubrieron un melanoma, lo superó pero tuvo que abandonar su pasión por tomar el sol. Sin embargo, aunque se ha cuidado mucho, comía poco pero bien y bebía agua con gas, un cáncer de vejiga a sus 79 años le ha vencido.
Mariñas, cuesta escribirlo en pasado, era una persona peculiar en todo; en su forma de escribir –con mil referencias gracias a su portentosa memoria–, en su carácter –ese genio era indomable, hasta que llegó a su vida Elio Valderrama–, y en su forma de vestir –no había un color, una raya, un cuadro o un lunar que Jesús no hubiera combinado en un pañuelo, una camisa o un pantalón, eso sí, siempre de marca–. Escribió en las revistas Garbo y Fotogramas, pero su salto a la fama lo dio en el programa de radio Protagonistas de Luis del Olmo. Allí creó la crónica rosa. Iba a las fiestas y luego lo contaba con su particular retranca: «soy un poco tocapelotas» o directamente a las bravas. En la revista Época, también marcó una época porque Mariñas tenía poco temple, era brutalmente directo. De ahí que se ganase un puñetazo de Camilo José Cela, por la inquina del reportero en sus crónicas a su segunda esposa, Marina Castaño.
Él contaba que a su padre solo lo vio una vez porque «mi madre quiso a quien no tenía que querer». Tuvo cuatro hermanos, le sobrevive uno. Nunca le dijo a su madre que era homosexual: «no se lo dije porque creí que era una falta de respeto», le contó en una ocasión a Jorge Javier Vázquez en televisión.
No tenía síndrome de Diógenes pero debía de aproximarse. Compraba como si no hubiera un mañana. Recuerdo un viaje a Shanghái que tuvimos que acompañarle, Beatriz Cortazar y yo, a unos sastres que te hacían trajes en unas horas y acabamos comprando una maleta para meterlo todo. Gracias a él ahora tengo un abrigo, que Mariñas decía que era de Balenciaga, que cada vez que me pongo me da buen rollo. Porque con Jesús te reías. Y esos viajes a Nueva York que nos traía locas con las miles de direcciones para comprar cosas que no necesitábamos pero que él encontraba vitales. ¿Alguien ha comprado ropa de marca con un carrito de la compra? Pues con Mariñas era posible. Y luego, se escribía dos crónicas, se hacía una entrevista y aún tenía tiempo de criticar lo mal peinada que ibas o qué mono te quedaba ese traje que vestías gracias a su consejo y se retiraba pronto porque aún le quedaba tiempo para leer un libro. Los devoraba.
Ha fallecido en el hospital San Rafael de Madrid. Fue sedado por la noche y ese corazón, que él se pasó media vida aireando, aguantó hasta la salida del sol. Ha sido incinerado hoy, miércoles, que es el día que salen las revistas del corazón donde Mariñas ha sido un referente; qué mejor día para pasar a ser cenizas.
Deja un marido, Elio Valderrama, fotógrafo venezolano, al que conoció hace 32 años en la calle Gran Vía, cuando Elio estaba recién llegado a Madrid y un amigo común los presentó. Desde ese día han vivido juntos y después de 27 años conviviendo decidieron casarse porque Jesús quería asegurarle el mañana a Elio y lo hicieron en el notario del número 57 de esa calle, donde vivieron, disfrutaron del teatro que amaba Mariñas y donde se conocieron. Todo pasaba por la Gran Vía.
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