Gregorio Morán
Gregorio Morán (1947-2026)
Indiscutiblemente brillante y fantásticamente incómodo
Columnista en diversos medios y autor de ensayos molestos con los establishment político y cultural, sus sucesivas expulsiones de medios nunca le amedrentaron
Gregorio Morán Suárez
Periodista
Periodista y ensayista tan brillante como incómodo, fue brevemente director de 'La Gaceta del Norte' y escribió durante 29 años en 'La Vanguardia'.
Como ha escrito en sus redes sociales el ensayista y profesor universitario Félix Ovejero nada más enterarse del fallecimiento -a consecuencia de un aneurisma- de Gregorio Morán Suárez, «Ha muerto uno de los grandes. Autor de obras importantes, entre ellas, su historia del Partido Comunista de España, que recuerdo arrancaba diciendo: nunca hay que escupir sobre lo que se ha amado mucho». Porque sí, Morán militó durante 8 años en la formación que entonces dirigía con mano de hierro Santiago Carrillo.
Un compromiso que respondía a las inquietudes juveniles de Morán –procedente de la pequeña burguesía ovetense– forjadas en los sesenta al hilo de su decepción con el régimen anterior y de su contacto con realidades como la de la entonces miserable barriada de El Pozo del Tío Raimundo. Un compromiso que le valió un puñado de años exiliado en París, pero que se terminó en 1976, un año antes de la legalización del partido de la hoz y el martillo. Pero como no escupía sobre lo que se ha amado mucho, colaboró dos años después con el comunista Juan Antonio Bardem en el guion de la película Siete días de enero.
Para entonces ya llevaba a años escribiendo en los periódicos sobre política y cultura, siempre sin pelos en la lengua. Más estruendosa aún fue su entrada en materia bibliográfica: una biógrafa sobre Adolfo Suárez, algo crítica, sin ser destructiva, publicada en 1979 cuando la popularidad del presidente del Gobierno que protagonizó la Transición alcazaba sus cotas más altas, desató una polémica en la que Pilar Urbano intervino, estimando oportuno aseverar, no se sabe bien con qué pruebas, que Morán se había documentado en los archivos de la KGB. Nada menos.
La gruesa acusación no hizo sino ampliar la difusión del libro y la fama del autor ya afincado en Barcelona como autor bien informado, cáustico y mordaz. Un estilo que volvió a exhibir 35 años más tarde en El cura y los mandarines, un repaso tan sólido, como excesivamente feroz por momentos, a medio siglo de vida cultural española. En sus páginas, Morán narra a su manera los pagos de favores, fidelidades indestructibles y odios insuperables que imperan en la concesión de premios y en las plazas a cubrir en las reales academias. Una conocida editorial rechazó publicar el libro, tarea que terminó incumbiendo a otra de menor enjundia.
Semejantes características complicaban el encaje de Morán, personaje algo difícil pese a a su talento, en cualquier cabecera. Con todo, aguantó 29 años en La Vanguardia hasta que un artículo severo sobre el separatismo catalán –evocaba los medios de comunicación del «movimiento nacional»– con el que el diario de la familia Godó mantenía una cada vez mayor cercanía, terminó con la colaboración. En sus últimos años escribió en Vozpópuli y en The Objective.