07 de octubre de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

«Me putoflipa, bro»

En España se está empobreciendo el vocabulario, saturado de muletillas tontuelas, y se empieza a hablar como se escribe en «guasap»

A medida que vas cumpliendo años, y a mí me acaba de caer esta semana un buen carro, tes vas volviendo más gruñón. Las reservas de paciencia comienzan a menguar y la intransigencia aumenta. A poco que te descuides, corres el riesgo de acabar como un abuelo Cebolleta, de esos que braman a todas horas que «cualquier tiempo pasado fue mejor» (lo cual no es cierto).
Viene lo anterior a cuento de que noto que cada vez me molesta más cómo se habla últimamente en España. Es como si viviésemos en un país que se está quedando sin vocabulario, como si los telegramas de guasap escritos con el pulgar se hubiesen convertido en el nuevo modo de conversar. El asunto resulta especialmente lacerante en un país que goza de un idioma tan rico y variado como el castellano, un vergel de sinónimos.
No sé si se han fijado, pero aquí ya solo existe un adjetivo: «espectacular». Se ha convertido en la coletilla que pende de todas las bocas. Todo es «espectacular», desde los goles a las «fiestukis» con «los colegas», pasando por el hotel donde te has ido «de finde». Otro tanto sucede con otro palabro de moda: «evento» (si seguimos a este ritmo, se acabará llamando «evento» hasta a las reuniones de la comunidad de vecinos en el portal de casa, o a ir al baño a miccionar).
Este neolenguaje además de pobre es muchas veces cursi. Los compañeros de trabajo se convierten en «compis». La plantilla de trabajadores pasa a ser «el equipazo». La coletilla «tíooooo, tíaaaaa» cierra todas las frases (el viejo «tron» ya queda reservado para alardes de caspilla sin complejos). Algunas personas son incapaces de concluir una sentencia sin el preceptivo «¿vale?». Aunque todavía resulta más molesta la variante que emplean muchos catalanes: «¿Entiendes?».
Soltar o escribir un taco puede resultar pertinente, y a veces hasta sublime. Pero trufar todas las frases con ellos resulta facilón, cutre y desagradable. Un «puto» cada seis palabras, confundiendo vulgaridad con modernidad y osadía. Lo tengo estudiado: la profusión de tacos suele ser la máscara de muchos articulistas y literatos vacíos para reivindicarse como falsamente audaces.
Si uno se pone «chungo» de repente, ahora dice que «me ha dado un jari». Si alguien sobresale en cualquier materia es halagado como «un puto crack», o «un pro». El otro día casi se me cae la oreja cuando le comenté a una compañera si podía buscar una fotografía para una noticia y me sorprendió preguntándome: «¿Una foto random?» (por una cualquiera). «Es de locos, tíaaa».
O sea, bro, que me putoflipa y me da cringe cómo nos hemos cargao el español, ¿vale?
(PD: ¿Un regalo para estos Reyes? Libros, siempre libros. Leer es la única manera de ganar vocabulario y poder hablar con una cierta propiedad).
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