03 de julio de 2022

GaleanaEdurne Uriarte

Anticatolicismo y autoritarismo

No tengo dudas de que esta reforma será declarada inconstitucional. Porque, si no fuera así, abriría la puerta a perseguir penalmente por motivos ideológicos y religiosos a todo tipo de protestas pacíficas

Se ha hablado menos de ello, pero el jueves ocurrió en el Congreso algo más grave que la cacicada de Meritxell Batet para salvar la reforma laboral del Gobierno, y fue la aprobación de una reforma del Código Penal para perseguir la libertad de expresión, de reunión y de manifestación. Porque en eso consiste la reforma del artículo 172 para penar con cárcel a quienes se manifiesten frente a una clínica abortiva.
La escalada autoritaria de la izquierda gobernante explica en parte esta aberración antiliberal perpetrada por izquierda y nacionalistas, con la compañía de un desnortado Cs. Pero el sustrato de fondo está en el anticatolicismo, tan profundamente arraigado en una buena parte de la izquierda. Los mismos partidos que justifican los escraches contra políticos de la derecha, o que protagonizan manifestaciones violentas en Cataluña y País Vasco, o que llaman a actos de acoso contra el Congreso, todos ellos ejemplos claros de coacciones, quieren perseguir con cárcel a manifestantes pacíficos, porque contra lo que protestan es el aborto. No se trata de la supuesta coacción, que, por la misma regla de tres, se podría atribuir a prácticamente todas las manifestaciones y protestas, sino que se trata de los valores, de la causa de esos manifestantes.
El anticatolicismo alimenta este brutal sectarismo, un anticatolicismo que está enraizado en España en el antifranquismo, y que, tras casi 50 años de democracia, sigue incrustado en los valores profundos de la izquierda. «La Iglesia católica llama rezar a acosar», dijo la diputada de Bildu, la misma que justifica el terrorismo etarra, en abierta defensa de la idea de que rezar es acosar. Este es el argumento central de toda la izquierda. Lo más asombroso es el voto favorable y hasta entusiasta del PNV, un partido supuestamente demócrata-cristiano, pero más preocupado por no alejarse de Bildu y de la izquierda, en esto como en el terrorismo.
La ultraizquierda arrastra a los socialistas en este como en otros muchos temas. Porque los católicos son minoría entre los votantes de Unidas Podemos, muestran las encuestas, pero siguen constituyendo mayoría entre los votantes del PSOE, casi el 60 por ciento, lejos del más del 80 por ciento de los votantes del PP, o más del 70 por ciento de los votantes de Vox, pero con un peso muy grande que hace aún más difícil de entender el anticatolicismo de las élites socialistas. Lo que completan, además, con llamativas simpatías hacia el islam y ese asombroso concepto de feminismo en el que defienden el hiyab o hasta hacen una proposición no de ley contra la mutilación genital femenina evitando mencionar una sola vez el islam, a pesar de tratarse de una brutalidad practicada en países musulmanes.
No tengo dudas de que esta reforma será declarada inconstitucional. Porque, si no fuera así, abriría la puerta a perseguir penalmente por motivos ideológicos y religiosos a todo tipo de protestas pacíficas, desde las que se realizan habitualmente delante del Congreso, por ejemplo, o a las puertas de los mítines de los partidos, o de cualquier evento político, social o cultural. A pesar de esta escalada autoritaria, España sigue siendo un Estado de derecho y una democracia liberal.
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