07 de octubre de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Euskera para ucranianos, la turra que no cesa

El Gobierno nacionalista obliga a los niños refugiados a la «inmersión» en un idioma que el 93 % de los alaveses y el 82,4 % de los vizcaínos no emplean a diario

Recuerdo una grata cena de hace seis años en la pequeña Chinatown de Londres. Y no por la calidad del condumio, pues en la mayoría de los restaurantes de esas calles abigarradas se come discretamente, sino por la siguiente anécdota:
En la mesa se encontraban dos de mis sobrinos, niños residentes en Bilbao y escolarizados –obligatoriamente– en vasco (idioma en el que no vuelven a decir palabra en cuanto salen del cole). En un momento dado, le pregunté a modo de prueba a uno de ellos, por entonces de diez u once años: «¿Cómo le dirías en vasco a ese camarero de ahí si por favor te puede traer una jarra de agua?». Ante aquel desafío, el chaval frunció el ceño con cara de esfuerzo mental y tras medio minuto logró por fin soltar una amago de frase. Por supuesto, si tuviese que decir en español algo tan sencillo como «por favor, ¿me puede traer una jarra de agua?», aquel niño no tendría ni que pensarlo, le saldría de modo automático, pues el castellano es su idioma real. Y sin embargo, por motivos políticos, estaba obligado a estudiar en una lengua que manejaba malamente. ¿Qué conclusión extraje de aquello? Pues la evidente: desde hace más de tres décadas, el Gobierno nacionalista del PNV mantiene un injusto y carísimo programa de ingeniería social para imponer en la escuela un idioma que en realidad es minoritario en la calle.
La horrorosa invasión de Ucrania está provocando el mayor éxodo en Europa desde la II Guerra Mundial, con muestras de caridad extraordinaria hacia quienes huyen por parte de países europeos vecinos, con Polonia destacando por su generosidad. Algunos refugiados comienzan a llegar ahora también a las diversas regiones de España. Así que el Gobierno nacionalista del País Vasco ya lo ha preparado todo para acogerlos como es debido: los niños ucranianos, que llegan traumatizados por la guerra y el largo viaje, serán «euskaldunizados» de inmediato. Se los someterá a una «inmersión» obligatoria. Dedicarán la mitad de su horario lectivo a esa tarea, en unas «aulas de inmersión» preparadas para ellos, mientras los demás alumnos estudiarán otras materias.
¿Tiene esto alguna lógica? Pues no, claro. Supone una perfecta bobería, porque la verdad es que la primera lengua en las calles del País Vasco es de largo el español, idioma cotidiano del 76,4 % de su población, frente a un 17 % que hablan en vasco y un 6 % que son bilingües. Por puro fanatismo nacionalista se proscribe un idioma oficial, y que además es el más hablado allí. Se hurta así a los niños ucranianos la posibilidad de aprender una lengua franca, que los comunicaría con 585 millones de personas y que les permitirá moverse cómodamente por toda España, para imponerles una que como mucho manejan con competencia plena 395.000 hablantes en todo el planeta.
Esos chavales ucranianos «euskaldunizados» por el Gran Hermano peneuvista irán de cráneo si caen en la provincia de Álava: allí solo habla en vasco de manera cotidiana un 3,8 % de la población. En Vizcaya el porcentaje sube al 11,9 %, pero en la ciudad más grande de la provincia y de la región, Bilbao, se calcula que los hablantes diarios en euskera son solo un 3 %.
Se puede vestir con corbata y un traje bien cortado, gozar de formación universitaria, hablar calmo… y sin embargo ser un nacionalista cerril. Tal es el caso de Urkullu y los santones del PNV, que enmascarados tras unas maneras educadas practican la intransigencia nacionalista con un solo objetivo: desespañolizar a toda costa el País Vasco (aunque el peso de España es tan secular, espontáneo y omnipresente que hasta ahora no hay manera, pese a las toneladas de dinero público que entierran con esa meta).
Espero que en las «aulas de inmersión», el PNV y el PSE aprovechen para explicar a los niños ucranianos que el País Vasco goza de un modelo fiscal privilegiado, por pervivencia de un anacronismo del pasado. Un cuponazo que supone una auténtica bicoca para la región y una manifiesta discriminación para el resto de los españoles. Pero me da que eso no va a caer en el temario lectivo, sino más bien todo lo contrario.
No debemos cansarnos nunca de denunciar toda esta impostura. Permitir que lo absurdo pase por razonable supone una injusticia hacia quienes sufren la arbitrariedad.
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