01 de julio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Explicarse bien

Si para conectar con la sociedad catalana hay que expresarse como lo haría un separatista y un nacionalista, es preferible mantener la desconexión y aguardar la reacción de esa sociedad catalana

Ignacio Villalonga Villalba fue un excepcional presidente del Banco Central. Era menudo de cuerpo con una mente fuera de lo común. Inteligencia y sentido de la oportunidad, que es característica de las cabezas privilegiadas. Le sucedió lo que a José María de Areilza, Conde de Motrico, otro brillantísimo personaje. Areilza sintió un día, mientras escribía, que había perdido el tino literario, memoria y facultades. Y no volvió a escribir. Dejó de acudir a la Real Academia Española y se encerró en su casa aguardando la llegada de la nube. Lo mismo experimentó Villalonga. Sus facultades menguaron y su cabeza retrocedió hacia los años de su niñez. Abandonó el banco y se separó de la gente que había conocido su brillantez. Y Alfonso Escámez le sucedió en la presidencia del Banco Central. El consejero más pelota de Villalonga fue el barcelonés Manuel Garí de Arana, que se dirigía a la mujer del presidente, Carmen Jáudenes, con un siempre obsequioso «doña Carmen». Villalonga le paró los pies. «Manolito, deja de llamar a mi mujer doña Carmen porque yo no soy Franco ni Carmen, doña Carmen Polo». Ya con Villalonga con un proceso senil irreversible, ante un grupo de periodistas especializados en economía, Garí comentó que «Villalonga estaba tontito perdido». Y uno de ellos lo publicó. En la siguiente reunión del consejo del Banco Central, algún consejero le afeó sus declaraciones. Garí se defendió: «Quizá no me expliqué bien». Y uno de los consejeros más jóvenes, Joaquín Reig, valenciano, le replicó con contundencia: «Manolo, si no te explicas bien, lo mejor es que no hables».
Elías Bendodo, coordinador general de Partido Popular, en entrevista publicada en El Mundo, se mostró acomplejado y confuso, como es habitual entre algunos de los dirigentes de los populares. «Esto que quede claro. Cataluña sí es una nacionalidad del Estado Español, como cualquier otra comunidad autónoma. El PP tiene que volver a conectar con la sociedad catalana e incluso hablar de Estado plurinacional». Ignoro qué modelo de calzoncillos usa Bendodo, si los tradicionales a medio muslo, los bóxer, los braslip Ocean o los tangas UHF –un huevo fuera–. De lo que no cabe duda es que se los bajó precipitadamente para contentar al separatismo y nacionalismo catalán. Exdirigentes del PP como Aznar, Mayor Oreja y Aguirre, así como la estrella rutilante de la esperanza de Génova, Isabel Díaz Ayuso, se han indignado con esta prueba de blandura de Bendodo y han pedido a Feijóo que se aclare y matice el discurso territorial del Partido Popular. Ahora se ha visto obligado a rectificar. Dice que no se expresó correctamente, que cometió un error dialéctico y no ideológico, y otras pamplinas. Y al final, la excusa de siempre: «Quizá, no me he explicado bien».
Un individuo que coordina, con ámbito nacional –no plurinacional–, al PP, está obligado a explicarse bien. Con esa responsabilidad a sus espaldas, no se concibe que se explique tan mal. Si para conectar con la sociedad catalana hay que expresarse como lo haría un separatista y un nacionalista, es preferible mantener la desconexión y aguardar la reacción de esa sociedad catalana que, con su silencio y beneficios, ha permitido que se llegue al fracaso y al desconcierto. Tendrá que ser la propia sociedad catalana, ante la quiebra y el chasco de sus colaboraciones e invidencias ante la corrupción –Pujol, ahí está, aún aclamado–, la que conecte con el resto de España, y no al revés.
A Bendodo, el patoso acuclillado, habría que aplicarle las mismas palabras que Joaquín Reig dedicó a Manuel Garí: «Elías, si no te explicas bien, lo mejor es que no hables».
Y después de dejar de hablar, que dimita.
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