20 de mayo de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Proyecto realizado

Cela tenía razón. Más de la mitad del jurado o son gilipollas o comunistas. O una cosa y otra

Creo que la mayoría de los componentes del jurado del premio Nobel de la Paz se reúnen y deliberan en avanzado estado de alcoholemia. De igual modo, coincido con el gran Camilo José Cela cuando apuntó que, al menos la mayoría más uno de los miembros del jurado del premio Cervantes, o son gilipollas o responden a criterios ideológicos y no literarios en la concesión del considerado más prestigioso galardón de las letras españolas. Se trata de un premio politizado que se mantiene en vigor –vigor menguado con el paso de los años– por el fundamental apoyo que le ha brindado La Corona. El Cervantes se instituyó en los primeros años del reinado de Juan Carlos I y se prostituyó cuando una buena parte de sus jurados se designaban desde los altos despachos del diario El País. Este año se le concedió a una poetisa uruguaya, Cristina Peri Rossi, montonera y coñazo, y autora de abrumadoras memeces. Pero de la cuerda comunista, y por ello leída y admirada por Irene Montero, que ha leído muy poco en su vida. Cristina Peri Rossi carece de interés humano, lo que no resulta sorprendente. El problema es que su creación literaria despierta aún menos interés. De no haber sido comunista, montonera y uruguaya, se habría visto obligada, para encajar sus poemarios a inocentes lectores, a usar los mismos trucos que el poeta Manuel Ángel Marrodán, que los enviaba a sus conocidos dedicados y contra reembolso.
¡Carajo! –gritó el cartero-;
¡Tres Libros de Marrodán
Y estamos a dos de enero!
Peri Rossi, como buena comunista, vive abrazada al estupor del odio. Y por lógica, cuenta entre sus lectoras a Irene Montero, probablemente la mujer que dice más majaderías y chorradas a la semana en el hemisferio norte. Del hemisferio sur ya se encarga la cursi soñadora de nenúfares navegantes. Pero no siempre se acierta en el error. También Peri Rossi tiene obras maestras, poemas esplendorosos, como el que ha leído con iracundia su lectora Irene Montero, impulsora de la nueva ley del aborto que permitirá a las menores de edad matar a sus hijos con anterioridad a que se deslumbren por la luz de la vida. Y sin permiso de sus padres, cuya autorización es imprescindible para que una menor pueda inscribirse en una biblioteca pública. La lectura de Montero del poema Proyectos de Peri Rossi ha sido preciosa.
Podríamos hacer un niño
Y llevarlo al zoo los domingos.
(El principio, de gran profundidad y belleza. Sigue)
Podríamos esperarlo
A la salida del colegio.
(Impresionante)
El iría descubriendo
En la precisión de las nubes
Toda la prehistoria.
Podríamos cumplir con él los años.
(Fascinante)
Pero no me gustaría que al llegar a la pubertad
Un fascista de mierda le pegara un tiro.
(A nadie le gustaría. Fuera fascista, comunista, estalinista, feminista, transversal o transexual. Eso no le gusta a nadie. Y a mí tampoco me gusta que no lo dejen nacer, y por ende, no llevarlo al zoo los domingos, ni esperarlo a la salida del colegio –gran mérito–, que permitirle que descubra toda la prehistoria a partir de la visión de las nubes).
Cela tenía razón. Más de la mitad del jurado o son gilipollas o comunistas. O una cosa y otra.
Gracias por su gusto literario, Montero. Mona.
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