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23 de julio de 2024

Los ridículos de la educaciónJosé Víctor Orón Semper

Esquizofrenia normalizada

Da igual el país o el corte político del mismo, los discursos sobre educación hablan de una sociedad mejor

Actualizada 16:27

¿Qué pensaríamos de una persona que quiere cultivar manzanas y, para conseguirlo, siembra patatas? Podríamos creer que se ha equivocado. Pero si al hablar con ella vemos que sostiene reiteradamente la convicción de que sembrando patatas cosechará manzanas, entonces es fácil que pensemos que está haciendo el ridículo.

Pues eso pasa hoy en día en educación. Da igual el país o el corte político del mismo, los discursos sobre educación hablan de una sociedad mejor. Si se busca manzanas, ¿por qué se siembran patatas?

Buscar una sociedad mejor quiere decir poner todas nuestras capacidades al servicio de tal sociedad (capacidades al servicio del encuentro). Pero, en cambio, lo que encontramos en los colegios y en las universidades es que se ponen las relaciones al servicio de la adquisición de las capacidades (relaciones al servicio de la capacitación).

Decimos buscar una cosa: capacitarse es el medio para la mejora de las relaciones. Y en los colegios y universidades se trabajan con la orientación de que la adquisición de competencias es el fin y las relaciones son el medio para que el alumno se capacite. Este es un gran ridículo de la educación. Se educa en competencias para obtener una sociedad mejor. Esto es una gran ingenuidad. Si plantas patatas, salen patatas.

Si la adquisición de la competencia no se adquiere como una oportunidad para mejorar las relaciones de los que están en clase, y más allá de la clase, la familia, entonces, el ejercicio profesional de dicha competencia no estará al servicio de una sociedad mejor.

Dicho en positivo sería: Si la adquisición de la competencia es ya una oportunidad de mejorar las relaciones, es de preverse con fundamento, que el ejercicio de la misma esté al servicio de una sociedad mejor. Pues sí, se siembran manzanas es de prever recoger manzanas.

Recuerdo cuando estaba en primaria y la profesora nos llamaba a su lado para medir la velocidad lectora leyendo un libro con marquitas a lápiz cada 10 palabras. Ella le daba al cronómetro y había que leer lo más zumbado posible durante un minuto. Luego al volver al sitio la comparación era lo esperado. «¿Tú cuantas? Vaya, más que yo». Se están poniendo las relaciones al servicio de la adquisición de la capacidad y de forma natural surge la comparación y la competencia. Hoy no se usan esas formas. Hoy se mete la pata y se hace el ridículo de una forma más refinada.

Otra aproximación a la lectura podría ser disfrutar la experiencia de leerle el cuento a alguien y poder conversar sobre él. En ese caso la adquisición de la competencia está puesta al servicio de poder contar el cuento a alguien y poder disfrutar de la conversación. Cuando el objetivo es el encuentro no hay lugar a la comparación. Pues uno puede leer más que otro, pero ¿Puede uno encontrarse más que el otro? El encuentro será como será, pero no cabe que uno se encuentre con uno más que el otro.

A lo largo del planeta se planifica, se interviene y se evalúa por competencias y luego se espera una sociedad mejor. ¡Qué ridículo! Si la competencia es el fin de la educación, ¿Cómo no va a ser esta el objetivo de la vida adulta?

Volviendo al ejemplo de la lectura. Está más que probado que la mejor animación a la lectura es que el niño viva la experiencia de que la lectura es medio para el encuentro. Está más que probado que los mayores niveles de lectoescritura se dan en las personas que más desarrollan ciclos de conversaciones. Pero, ¡qué más dan las evidencias!

Igual que hemos comentado sobre la competencia lectora podríamos extenderlo a la adquisición de cualquier competencia.

Propongo otro tipo de educación, no centrada en la competencia, sino centrada en el encuentro interpersonal. Dicho de otra forma, se está apostando por una educación más naturalista. Ya que, si de forma natural lo más valorado por los humanos es el encuentro interpersonal. ¿No será lógico que este sea el mejor fin y el mejor medio, no solo educación, sino en toda la vida?

  • José Víctor Orón Semper es director de la Fundación UpToYou Educación
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