25 de septiembre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Que Sánchez tome nota

Y ahora que Corinna Larsen vaya a decirle al juez de la demanda civil que ha puesto en Inglaterra que el Rey Juan Carlos ya no es miembro de la Familia Real española. A ver a quién cree más el juez: a ella o al Rey Carlos III

El deslumbrante espectáculo funerario que los británicos ofrecieron ayer al mundo entero fue un alarde de cristianismo que reivindica sus raíces como pueblo y las grita al mundo. Todavía recuerdo cuando ciertos finos analistas de la Corona británica decían que el entonces Príncipe Carlos tendría que cambiar y no declararse «Defensor de la Fe» sino «Defensor de todas las Fes». Pues a ver qué me explican ahora. El funeral de la Reina fue exclusivamente un acto cristiano, en el que intervinieron representantes de diferentes iglesias cristianas, incluido el cardenal arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, al que correspondió en su intervención reivindicar el papel de la Reina como cabeza de la Commonwealth. Los católicos han tenido un papel relevante en todo el ceremonial. Desde el duque de Norkolk hasta el soldado que comandaba a los militares que cargaban con el féretro, que era Freddie Hobbs, alumno del mismo colegio que un servidor de ustedes, Downside, y oficial del 1st Battalion Grenadier Guards de la Queens Company. Los musulmanes y judíos fueron colocados en el atrio. Sin papel alguno.
Son muchos los detalles de este funeral que quedarán para la historia, como cuando la víspera el presidente francés nos dejó para la memoria la forma en que compareció en la capilla ardiente: con zapatillas deportivas y sin corbata. Yo no creo que fuera exactamente mala educación. Creo que fue una ofensa premeditada ya que el protocolo permitió a Joe Biden ir en coche hasta la puerta y al presidente de la República Francesa, no. Así que dijo que iría andando con deportivas como la mayoría del más de medio millón de ciudadanos que rindieron sus respetos a la Reina. Cifra por cierto sobre la que conviene pensar. En el Reino Unido solo la Monarquía logra concentrar una cifra así. En España, desgraciadamente, nunca lo hemos visto en torno a la Corona. Y en tiempos recientes creo que solo la Iglesia lo ha conseguido en las visitas de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Nadie más.
Tampoco estuvo mal la visita a la capilla ardiente de los Reyes de España acompañados por su ministro de Exteriores, Napoleonchu, que pegaba saltitos tras los soberanos en la tribuna erigida para las personalidades mientras el embajador de España en Londres, José Pascual Marco, en lugar de recogerse y guardar respeto a la difunta, señalaba con el dedo índice al notable artesonado de la sala. Hay que agradar al jefe como sea. Por cierto, un embajador vestido con una camisa de rayas azules y blancas. No se iba a poner de luto, claro, porque su ministro tampoco le iba a decir nada.
Los Macron camino de la capilla ardiente en zapatillas deportivas

Los Macron camino de la capilla ardiente en zapatillas deportivasTwitter

Durante el funeral pudimos ver a los hijos de los Príncipes de Gales, Jorge y Carlota, de nueve y siete años, recitando las oraciones y cantando todos los himnos. Y sin besarse los dedos después de santiguarse. Han sido correctamente educados en su fe. Y por la tarde, el entierro constituyó una escenificación del origen divino de la realeza y sus símbolos. Algo inimaginable en la católica España. Por desistimiento, quede claro.
Hablando de España, el papel que el Rey Carlos III ha hecho pasar a Sánchez ha sido memorable. Esperemos que tome nota. Confieso que yo no me di cuenta, pero desde el primer momento era evidente que iban a sentar al Rey Juan Carlos y la Reina Sofía al lado de los Reyes. Por eso se hizo algo tan poco común como enviar la invitación por medio de una nota verbal del Foreign Office a la embajada de España. Porque esas notas –que obviamente están escritas– no se pueden perder. Queda registrado en qué minuto salieron del Ministerio y en qué minuto se entregaron. No se puede aducir que no se recibieron. Y eso solo se pudo hacer así por voluntad del nuevo Monarca británico. Dicho sea de paso, en la transmisión de la muy oficial BBC se refirieron a Don Juan Carlos como King in exile. Sin matices. Solo faltó que lo llamasen deportado. Esta es la imagen que por caprichosa voluntad del Gobierno da España ante el mundo.
Pero vaya usted a explicar al Rey de Inglaterra que Don Juan Carlos, que no tiene ninguna causa abierta en España, carece de derechos de algún tipo. Y ahora que Corinna Larsen vaya a decirle al juez de la demanda civil que ha puesto en Inglaterra que el Rey Juan Carlos ya no es miembro de la Familia Real española. A ver a quién cree más el juez: a ella o al Rey Carlos III.
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