07 de febrero de 2023

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Conejo

Mandar a casa a treinta niños por mostrar una bandera de España en España dice muy poco a favor de ese conejo. Es a ella a la que tendrían que expulsar los religiosos de La Salle

Mi asesor de traducciones al catalán está de vacaciones, y no puedo recurrir a su sabiduría. No obstante, por eliminación, me he atrevido a deducir que «Margalida» es la versión catalana de Margarita. No obstante, mi eficiente y cumplidor asesor del Santoral, que está siempre disponible y es de carácter alegre y bullicioso, me informa que Margarita en catalán siempre se ha dicho «Margarida» y, por ello, vuelvo a deducir que «Margalida» es nombre exclusivamente balear. El balear es idioma más rico que el catalán, al menos en el artículo «el». Mi amigo Miguel Buadas, anterior propietario del Hotel Formentor y que me reservaba todos los veranos durante una semana la habitación de Winston Churchill, me explicó que en la gran isla hay tres maneras de decir «el pino». En el norte «el pi», más al centro «lo pi» y en el sur «sa pi». Y esa diversidad molesta mucho a los catalanistas. De ahí que resulte contradictorio que la profesora «Margalida» del colegio de La Salle de Palma de Mallorca, que odia a España y se considera catalana y no balear, use la versión isleña de su nombre renunciando al «Margarida» catalán. De lo que no hay duda es de su apellido, Cunill, que significa, tanto en Cataluña como en las islas Baleares, conejo. Margarita Conejo . Apellidarse Conejo en España es digno y honroso, por cuanto los fenicios llamaron a nuestro maravilloso país «Shapán» que significa «conejo». Con Hispania, los romanos siguieron con la tabarra, «Tierra de Conejos» y en hebreo se elimina el acento sobre la «a» final y nos quedamos en «Shapan», que significa «conejo». Largo preámbulo para felicitar a doña Margarita Conejo, o Margalida Cunill, por patriotismo español de su apellido. En efecto, en España vivían millones de conejos –y me refiero exclusivamente a los simpáticos mamíferos del orden de los logomorfos– hasta que un zoólogo francés nos mandó la mixomatosis, y posterior hemorragia vírica, menguando en gran medida la abundante presencia del conejo en la piel de toro.
Otra cosa es que doña Margarita Conejo cumpla decentemente con su estirpe. Ella es profesora de catalán en el colegio de La Salle de Palma, que allí le dicen ciutat. Treinta niños, los treinta alumnos de su clase, después de solicitar y recibir el permiso de su tutor, exhibieron una bandera de España para animar a nuestra selección de fútbol. Al acceder a la clase la señora Conejo quedó horrorizada. Se negó a impartir su lección y expulsó y envió sin dar explicación alguna a los treinta niños a sus casas porque no soportó la ofensa de ver una bandera de España en el aula de un colegio español sito en la bellísima ciudad española de Palma de Mallorca.
La señora Conejo, muy sabía en catalán, quizá no ha oído hablar del mariscal Von Bismark, aquel que sentenció: «España es la nación más fuerte y resistente del mundo. Los españoles llevan quinientos años intentando que desaparezca, y no lo han conseguido». Ahora no sólo lo están intentando. Son los españoles que gobiernan España los que están a punto de hacerla desaparecer. Pero confío en la sabiduría de Von Bismark más que en el odio a España del Gobierno de España y de la señora Conejo. Mandar a casa a treinta niños por mostrar una bandera de España en España, dice muy poco a favor de ese conejo. Es a ella a la que tendrían que expulsar los religiosos de La Salle. Pero no se atreverán.
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