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23 de junio de 2024

GaleanaEdurne Uriarte

La bandera 'estatal'

Convertidos los partidos y la bandera nacional en estatales, ciudadanos, emociones y sentimientos quedan en manos de los partidos nacionalistas, de sus auténticos representantes

Actualizada 01:30

Yo todavía me reía hace no tanto tiempo cuando escuchaba aquello del «tiempo que hace en el Estado», o de la «miss estatal», disparatados e irrisorios usos de la palabra «estatal», muy comunes en Cataluña y País Vasco. Pensaba que difícilmente prosperarían, aunque solo fuera por sentido del ridículo con la lengua y los conceptos. Pero me equivoqué, han prosperado y de qué manera. Se ha extendido tanto la palabra que no solo llaman partidos estatales a los que no son nacionalistas, sino que hasta han convertido la bandera nacional en bandera estatal. Y, sobre todo, esa terminología nacionalista asumida hace tiempo por la extrema izquierda, ahora también es utilizada por el socialismo.

Hace unas semanas, el ministro Albares llegó a hablar de «nuestra identidad estatal» en una Comisión del Congreso, cuando defendía el uso de las lenguas cooficiales en la Unión Europea. Y aunque luego dijo identidad nacional, mucho me temo que no fue un lapsus. Es decir, que los socialistas han asumido e interiorizado de una manera llamativa el lenguaje nacionalista de negación de la nación española. No hay nada nacional vinculado a la palabra España, impone la terminología nacionalista, porque la nación española sería una construcción artificial, una imposición; y lo que habría es únicamente un Estado, un conjunto de instituciones basadas en la fuerza. Ni identidad nacional, ni bandera nacional, ni millones de españoles unidos por un sentimiento de pertenencia a la nación.

Y ahí tenemos a políticos de la izquierda, pero también a periodistas y polítólogos, que, sin asomo alguno de vergüenza, hablan de los partidos estatales, al parecer, representantes de los ministerios y de la Administración Pública. O de lo que pasa en el Estado, es decir, en los edificios de las dependencias públicas y no en los pueblos de España. O de la bandera estatal, que no nacional, porque no existe la nación española, solo el Estado. Lo de la miss estatal elevado al máximo del retorcimiento del lenguaje y, sobre todo, al máximo de negación de la nación española, de sus símbolos, y de todos los españoles que se sienten parte de ella.

Cuando nos preguntamos por qué ganan siempre los nacionalistas en Cataluña y País Vasco, o por qué dominan aunque no ganen, lo que puede pasar a partir de mañana en Cataluña, parte de la respuesta la tenemos ahí, en la bandera estatal. En una cultura política que ha normalizado los valores y conceptos del nacionalismo étnico y excluyente. Hasta tal punto que ni siquiera los partidos defensores de la unidad nacional han logrado tener un buen concepto para llamarse a sí mismos. Se quedaron con lo de constitucionalistas porque lo de españolistas o unionistas sonaba mal, y a nadie se le ocurrió nada mejor que quedar identificados con el Estado de derecho y la Constitución. Lo que está muy bien, pero carece de nación, y de ahí a que te llamen estatal hay un pequeño paso, como hemos visto.

Convertidos los partidos y la bandera nacional en estatales, ciudadanos, emociones y sentimientos quedan en manos de los partidos nacionalistas, de sus auténticos representantes. Y así, llamándote estatal y en nombre del Estado, es difícil ganar elecciones.

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