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16 de junio de 2024

HorizonteRamón Pérez-Maura

Napoleonchu en Washington

La cosa debió de ir tan mal que lo único que pudo decir Albares sobre el tema palestino era que no lo habían tratado. Explicación lógica en un Gobierno que ha hecho de la mentira un instrumento legítimo

Actualizada 01:30

Mi admirado Napoleonchu se reunió el pasado viernes con el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, para contarle que, pese a la oposición de los Estados Unidos, España está a punto de dar el pleno reconocimiento como Estado a Palestina. Y que una exitosa gira del presidente del Gobierno ha llevado a que se sumen a la iniciativa española nada menos que Irlanda, Eslovenia y Malta. En términos diplomáticos, un pelotazo. La cosa debió de ir tan mal que lo único que pudo decir Albares sobre el tema era que no lo habían tratado. Explicación lógica en un Gobierno que ha hecho de la mentira un instrumento legítimo. aunque al día siguiente su portavoz oficioso El País le llevaba «un poco» la contraria y titulaba en portada que «Albares y Blinken constatan sus diferencias sobre el reconocimiento del Estado palestino y acuerdan cooperar en la lucha contra la desinformación». Esto si que es novedoso: se constatan diferencias en algo de lo que no se habla.

Es increíble ver cómo la actitud del Gobierno español ha conseguido una movilización en favor de un territorio gobernado por islamistas. Sería maravilloso que esos jóvenes que se manifiestan y acampan en la Complutense y muy especialmente la profesora de Sociología Política que les encabeza, Ángeles Díez, pudieran haber pasado una temporada en la Gaza gobernada por Hamas antes del 7 de octubre. Que hubieran visto las normas a las que están sometidas las mujeres allí, las penas que son infligidas a los homosexuales cuyos derechos son tan firmemente defendidos en España. Y, sobre todo, podrían haber investigado un poco cómo es posible que los miles de millones de euros que Occidente –y destacadamente España por medio de la UE– ha invertido en Gaza no hayan servido para construir ni centrales de generación eléctrica, ni depuradoras de agua. Para proveer esas cosas ya estaba el Israel al que atacaron. Nuestro dinero iba a hacer túneles y comprar armamento.

Como ha destacado esta semana Ayaan Hirsi Ali, la activista americano neerlandesa de origen somalí, feminista radical y premio Simone de Beauvoir en 2008, a estos manifestantes hay que preguntarles dónde estaban cuando el ISIS fue creado en nombre del Islam y decapitó a miles de árabes en Libia, Siria e Irak. ¿Por qué no se echaron a la calle entonces ondeando al menos las banderas de Siria y Libia? ¿Por qué no condenaron ese terror y no pidieron un alto el fuego? Cuando cientos de miles de árabes son masacrados por otros árabes, no hay razón para protestar. Pero cuando un número indefinido de árabes, desde luego muchos menos de los más de 30.000 que aseguran los terroristas de Hamas que han muerto, cuando esos palestinos caen por la respuesta a un atentado terrorista de proporciones genocidas entonces organizan gigantescas movilizaciones en medio mundo.

La doble moral en Occidente se agrava cada día y a mí me gustaría saber qué es lo que de verdad le dijo Blinken a Napoleonchu el viernes. Su embajadora en Madrid dijo primero que para reconocer a la otra parte hace falta antes un acuerdo entre Israel y alguien que represente al pueblo palestino al que en este momento aspiran a representar en Cisjordania una Autoridad Nacional Palestina epítome de un sistema corrupto y un grupo terrorista-genocida en Gaza. Eso es lo que Sánchez y Napoleonchu le han dicho a Estados Unidos que vamos a reconocer. Con Irlanda, Eslovenia y Malta, eso sí.

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