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15 de junio de 2024

Ojo avizorJuan Van-Halen

Felipe ¿expulsado del paraíso?

Felipe González se presentó en El Hormiguero con corbata, jovial, cara de niño bueno, y le lanzó a Sánchez, sin citarle, las verdades del barquero. Al que citó bastante fue a Zapatero; lo dejó como un tontolaba

Actualizada 01:30

Felipe González acudió a El Hormiguero, la casa de Pablo Motos, uno del póquer de periodistas señalados como malignos por Ione Belarra en la tribuna del Congreso. Belarra fue ministra por ser amiga de la pareja del mandón. Con estos artilugios baratos utilizados para llegar a ministros, o más, España ha enseñado a Europa lo que no se debe hacer. No saben comportarse en la tribuna parlamentaria, ni respetan el ámbito donde se residencia la soberanía nacional, y no van más allá de creer que están en una asamblea de facultad, los que las hayan conocido, los menos, o en una protesta sindical, los más. Lo que debería un ministro es saber serlo. Y muchos no saben.

La presidenta de la Cámara no se inmutó ante los ataques a periodistas con nombres y apellidos. Una barbaridad. Tampoco la presidenta Armengol sabe serlo. Borra del 'Diario de Sesiones' lo que quiere; piensa que para ella vale todo. En la última hornada de cargos relevantes Sánchez consideró un mérito que sus candidatos hubiesen perdido sus elecciones y se benefició Armengol, además de ser bien vista por los independentistas. Durante su mandato en Baleares, el de las mascarillas, ocurrieron muchas cosas, demasiadas, que un día se evaluarán donde corresponda.

Me honró presidir la Asamblea de Madrid en la IV legislatura autonómica, más de un centenar de diputados, y cuidé singularmente la neutralidad de aquel cometido. Claro que en ese ejercicio de objetividad debida ha de comprometerse también el presidente del Ejecutivo. Sánchez es capaz de hacer señas a Armengol para que corte la intervención del jefe de la oposición, y a Alberto Ruíz-Gallardón nunca se le ocurrió tal bellaquería. Así han empeorado los tiempos en política. Sánchez quiere condicionarlo todo, campeón de una autocracia rampante cuyos límites todavía están por ver.

Felipe González se presentó en El Hormiguero con corbata, jovial, cara de niño bueno, y le lanzó a Sánchez, sin citarle, las verdades del barquero. Al que citó bastante fue a Zapatero; lo dejó como un tontolaba. Y dijo, entre tantas verdades: «No hay proyecto de país». «Los socios de Sánchez no son progresistas». «Yo no gobernaba para los que me habían votado sino para todo el país». Sobre la amnistía: «Romper la igualdad de derechos y obligaciones de los españoles es aplicar un principio que está prohibido en la Constitución». Acudió a la entrevista con un ejemplar.

Nada tiene que ver Felipe González con Sánchez; uno es socialista y el otro es lo que le convenga en cada caso. No sabe lo que es. Creció a Yolanda Díaz y ahora se la cargará. Sus votos irán a Sánchez. La engañó como ella engañó a Iglesias. Y le vende el engendro palestino con dos países irrelevantes en Europa, como Irlanda y Noruega, poniéndose en contra a los demás y a Estados Unidos y, sobre todo, a Israel. Parece que no sabe quiénes mueven importantes fondos de inversión y qué más barajas políticas, económicas y de inteligencia se manejan desde Tel Aviv.

España no puede ir por libre en el mundo porque les guste a Yoli o a Ione. Al autócrata no le lleva la contraria nadie; los ministros siempre le dan la razón. Albares, cursi pero al fin y al cabo diplomático, podía haberle aconsejado. Y se consiente que en lo de Milei se hable de conflicto entre dos jefes de Estado o llaman a doña Begoña primera dama. Pues no, Milei es jefe de Estado y Sánchez jefe de Gobierno; en España el jefe de Estado es el Rey, y la primera dama es la Reina. Dejémonos de horteradas.

La escasa calidad del Gobierno, con excepciones, es apoteósica. Los ejemplos son tantos que dan pavor. Y las tonterías de los ministros las siguen las embajadas en Madrid y los corresponsales extranjeros. Me comentaron en una importante embajada opiniones de Yolanda Díaz sobre temas de actualidad. Acusó a los empresarios por acudir a una cita con Milei y dijo que había que llevar el Estado palestino «del río al mar» (consigna de Hamás): haciendo desaparecer a Israel. Los empresarios acuden a una cita con Milei porque España mueve casi 20.000 millones en Argentina. Yolanda, la sobona, no sabe estar calladita. Lleva años metiendo la pata.

Felipe González se dejó llevar por el entusiasmo y señaló que se debían a él la sanidad pública y la educación pública; no es cierto. En una visita de Sánchez al Hospital de La Paz declaró que lo había creado un Gobierno del PSOE, pues no. Entre tantos detalles históricos, allí murió Franco. Y la educación pública debe mucho a tiempos anteriores, como a ministros de Alfonso XIII, así Natalio Rivas o Joaquín Salvatella, y a ministros de la II República, como Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos.

Me encantó seguir a Felipe Gonzáles en El Hormiguero. Sánchez no se detiene ante nada y puede atreverse a expulsarle del paraíso. Al tiempo.

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