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Unas líneasEduardo de Rivas

Una decisión rápida y precisa de Rueda

En los momentos de crisis se mide a los dirigentes. Villares dimitió y renunció a su aforamiento, lejos de lo que han hecho otros al sur de Galicia

A todos los gobiernos les toca gestionar alguna crisis. Unas más grandes, unas más pequeñas, pero todos afrontan alguna porque es imposible que no ocurra nada en cuatro años de legislatura. Es, de hecho, en esos momentos, en los complicados, en los que se mide a un dirigente y Alfonso Rueda ha tenido que tomar esta semana una decisión que no le habrá gustado, pero que debía tomar.

Este miércoles, saltó la noticia de la dimisión del consejero gallego de Mar, Alfonso Villares, por una supuesta agresión sexual a Paloma Lago que se remonta al mes de diciembre. La presentadora presentó entonces la correspondiente denuncia y la Policía inició su investigación hasta que esta semana el asunto se ha judicializado. Y ha sido entonces cuando el Gobierno de la Xunta ha tomado medidas, apartando por completo al consejero. Ni antes, porque habría sido precipitado hacerlo nada más conocerse la denuncia, ni después, porque un Gobierno no puede mantener a un miembro con un proceso judicial en marcha.

Villares renunció a su puesto en la Consellería y también ha pedido la baja en el partido. Ha renunciado al aforamiento que lo protegía, evitando así que su caso recayera en el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Ha dejado de lado sus privilegios como cargo público para centrarse en su defensa, algo sobre lo que Besteiro, como líder del PSOE gallego, debería tomar nota antes de criticar la gestión de Rueda.

No se le oyó quejarse en ningún momento del aforamiento de Gallardo en Extremadura, un caso que contrasta con la gestión ejercida por el PP con Villares. Mientras el consejero cesó inmediatamente, el presidente de la Diputación de Badajoz se mantuvo en el cargo incluso después de declarar ante la jueza. Solo dimitió cuando vio la opción de entrar en el Parlamento extremeño —previa dimisión de una compañera y la renuncia de otros cuatro— y de conseguir un aforamiento que le garantizara unos privilegios que ha rechazado Villares. Dos formas muy diferentes de afrontar un proceso judicial.

No les servirá, sin embargo, el ejemplo que ha dado el PP con este caso a las líderes de Sumar ni de Podemos. Se quejan de que Rueda actuó tarde y que debió tomar medidas cuando se recibió la denuncia, pero olvidan lo que hicieron ellas cuando tuvieron que afrontar el escándalo de Errejón y de Monedero. Su actuación no fue ni rápida ni precisa, como sí lo ha sido la de Rueda. De hecho, de no haber una famosa presentadora de por medio, la dimisión de Villares probablemente no hubiera trascendido del ámbito regional.

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