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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Manda cujines

No tenemos dinero para comprar un hidroavión de tercera mano, y Sánchez no renuncia a descansar su descanso en La Mareta. Ha disimulado un poco, con expresión de susto, y ha vuelto a su Real refugio, con sus cien guardias civiles a su servicio y sus invitados de gorra del dinero que nos quitan a ustedes y a mí

El cují es un árbol aromático de Sudamérica, y abunda en Colombia y Venezuela. No es necesario que recuerde a mis lectores su denominación científica, 'Prosposis Julflora'. El cují es también una persona tacaña y miserable, pero de eso tenemos bastante en España y no nos llama la atención. El Gobierno español siempre está en la vanguardia de las prioridades, no tenemos dinero para comprar un hidroavión, pero nos sobra para financiar con 600.000 euros el desarrollo del cují en Etiopía. Eso, la sensibilidad. Sobrevoló Sánchez Etiopía y comentó de inmediato a su ministro de Asuntos Exteriores, bautizado como 'Napoleonchu' por Ramón Pérez-Maura, mucho antes de iniciar sus gestiones para obtener cují de Venezuela por esa cantidad, sin precisar, en esta ocasión, la ayuda de Almodóvar, Ana Belén o Penélope Cruz, que por su aroma y belleza siempre fue conocida como la Cují de Alcobendas.

No tenemos dinero para comprar un hidroavión de segunda mano, pero nos sobra para premiar a los aborrecibles pelotas y chulos del sistema con subvenciones presumiblemente «culturales». Nada a la tauromaquia ni a la ganadería de bravo y también de manso, Nuestros agricultores arruinados, nuestros montes sin desbrozar y nuestros muertos incendiados ya bajo tierra. Pero Urtasun , ese esplendoroso cursi, ha anunciado que tiene 300 millones de euros para subvencionar a los de la Ceja, con el fin de que produzcan sus bodrios por la mitad de lo recibido y la otra mitad sobrante, aterrice en extrañas sociedades de Panamá. No entiendo la insensibilidad de los comunistas. Los Bardem, que aborrecen al Estado de Israel, confían en el hospital de capital judío de Los Ángeles para tener a sus hijos y no en las maternidades de La Habana. Y que se sepa, ningún cineasta del pesebre ha invertido en un Banco de Cuba, los más fiables del mundo.

No tenemos dinero para comprar un hidroavión de tercera mano, y Sánchez no renuncia a descansar su descanso en La Mareta. Ha disimulado un poco, con expresión de susto, y ha vuelto a su Real refugio, con sus cien guardias civiles a su servicio y sus invitados de gorra del dinero que nos quitan a ustedes y a mí.

La expresión acartonada de Sánchez se ha agriado a sabiendas de las nuevas travesuras que saldrán con su esposa de protagonista. No tenemos dinero para comprar un hidroavión de cuarta mano, de los que ya no despegan y los impuestos de Sánchez han superado con creces a los del infiltrado Montoro. No llueve. También es gafe. No le invitan a las reuniones donde se juega el futuro del mundo. Se ha convertido en un psicópata acomplejado y miedoso. Un psiquiatra, al que la política le importa un bledo mientras tenga mochales en su consulta, me ha confirmado que la psicopatía el complejo y el terror puede pasear juntos tranquilamente.

Pero lo fundamental es lo del cují en Etiopía. En Etiopia no han parado de bailar desde que recibieron los árboles aromáticos. Han bailado tanto, que un año más tarde, todavía no los han sembrado. Con lo que ha luchado Sánchez por ellos.

Manda cujines.

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