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VertebralMariona Gumpert

Memoria corta, impunidad larga

A quienes sientan que la memoria empieza a fallarles por saturación, les recomiendo su última producción: Sánchez S.A. Una historia de corrupción. No les resultará agradable. Recordarán su última declaración de la renta y les hervirá la sangre

Mi hijo de once años perdió ayer un billete de diez euros que le había dado su abuela. El equivalente adulto sería extraviar un sobre con 10.000 €, una experiencia reservada a gente como Ábalos y compañía, pero nos hacemos una idea. Aquello fue el llanto y rechinar de dientes. Superé la tentación de marcarme un «¡como vaya yo y lo encuentre!», e intenté tranquilizarlo.

–Haz memoria, de casa no ha salido.

–¡He buscado por todos lados! ¡Hasta le he rezado a San Pablo, pero no está, ha desaparecido!

–Es a San Antonio a quien se le pide…

–¡Con razón no encuentro nunca nada, todo me sale mal!

Tras un esfuerzo ímprobo por contener la risa, le expliqué que la memoria nos traiciona con frecuencia: recordamos cosas que no ocurrieron y olvidamos otras que sí. Como quien oye llover, por supuesto. Al final tuve que ir y encontrarlo, tragándome la frasecita de madre. Estaba en su monedero. El niño, que unos minutos antes andaba convencido de haber dejado el billete sobre la mesa, no daba crédito.

Así es la mente humana, engañosa. En lo relativo a los recuerdos, todavía más. Los motivos por los que nos falla la memoria son variados. A veces, por pura sobresaturación de estímulos: ¿cuántas veces el Gobierno ha cometido una tropelía por la que pensábamos que, esta vez sí, dimitiría? Como ejemplo reciente, las víctimas de las riadas de hace un año. ¿Cuántos nos acordábamos de aquello antes de que, por la cercanía del aniversario, se volviera a hablar del tema? El PSOE del «si necesitan ayuda, que la pidan» anda estos días señalando a Mazón. ¿Sirvió de algo aquella intervención de Santiago Posteguillo en el Senado, cuando relató el total abandono de los afectados durante tres días? ¿La descripción de esa pobre gente que confiaba en que, gracias a sus impuestos, vería aparecer al Ejército de un momento a otro? No olvido la cara del bombero francés al descubrir que eran los primeros en llegar a echar una mano –además de la gente de a pie–.

Y, sin embargo, ahí anda el Gobierno, sacando pecho. ¿Por qué? Porque puede. Porque funciona. Porque la memoria nos traiciona, a cada uno a su manera. A unos, por saturación: ya nos esperamos cualquier cosa de Sánchez, nada puede sorprendernos. Hemos aprendido que, ante el «por lo menos no gobierna la derecha», poco se puede hacer. Nos hemos acostumbrado. Y, mientras uno se amolda, la memoria se deforma. Enterramos causas que antes habríamos defendido con uñas y dientes, en una pendiente resbaladiza –pequeña, pero constante– hacia la decadencia política, social y económica.

Propongo, por tanto, no olvidar. Aunque duela. Aunque nos hierva por dentro. Aunque la tentación de desconectar de la actualidad política sea más fuerte que nunca. Por suerte, hay muchas iniciativas de la sociedad civil que mantienen viva esa conciencia. 'Ego non' es un grupo de ciudadanos vascos y navarros que denuncia la falta de normalidad democrática que aún se vive en esas comunidades. Estos meses imparten charlas en colegios e institutos para que las nuevas generaciones no crezcan sin saber lo que fue ETA y la sombra que aún proyecta en Navarra y el País Vasco. Los componentes de Terra Ignota han dirigido varios documentales de éxito —disponibles en YouTube— como 11M: El principio del fin o El gran engaño (sobre el «procés» independentista).

A quienes sientan que la memoria empieza a fallarles por saturación, les recomiendo su última producción: Sánchez S.A. Una historia de corrupción. No les resultará agradable. Recordarán su última declaración de la renta y les hervirá la sangre. Mejor pasar ese mal rato que ponerse una venda para lograr una paz transitoria. Porque la memoria traiciona a todo el mundo, y nadie quiere un péndulo que vaya del «por lo menos no gobierna la derecha» al «con Franco vivíamos mejor»

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