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Cosas que pasanAlfonso Ussía

El reguero del odio

Pero este no fue un movimiento intelectual de izquierdas, y Pepín Bello, hombre cultísimo y amigo de todos los poetas, emitió un veredicto que ahora mismo todavía enfurece a los 'Regueros del Odio': «Federico nunca ha sido de izquierdas». La izquierda se ha aprovechado de él

En 1927 se reúnen para celebrar el aniversario de Góngora decenas de poetas, intelectuales, escritores, científicos y hasta músicos. La Generación del 27, a la que también pertenecieron como cabezas fundamentales: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Pedro Muñoz Seca, José María Pemán y hasta el maestro Falla, no tenían otro objeto que reivindicar la figura y suavizarla del gran poeta judío español, Luis de Góngora y Argote.

Pero este no fue un movimiento intelectual de izquierdas, y Pepín Bello, hombre cultísimo y amigo de todos los poetas, emitió un veredicto que ahora mismo todavía enfurece a los 'Regueros del Odio': «Federico nunca ha sido de izquierdas». La izquierda se ha aprovechado de él.

Entre esa galaxia de figuras nace la revista Litoral. Se podría afirmar que entre aquella 'Constelación de Elegidos', el centro de toda la atención se lo llevó un torero: Ignacio Sánchez Mejías, muerto en la Plaza.

La personalidad de Sánchez Mejías, maestro de la Tauromaquia y escritor, prevalece sobre los poetas, incluido Federico García Lorca, Alberti, Bergamín, Emilio Prados, Castresana (asesinado por los comunistas), Emilio Prados, Manolo Altolaguirre y un principio de Manuel Halcón y Rafael de León, se rinden al Torero, y no fue Sánchez Mejías el mejor torero de todos, pero representó la cultura, la dignidad y se erigió como centro fundamental de aquella Generación Luminosa. Una Generación de 100 años a la que le han borrado su motivo y su reclamo.

Eliminar de la Generación del 27 la figura de Ignacio Sánchez Mejías, es como borrar de la poesía de Francisco de Quevedo todos sus rasgos satíricos. Pero tenemos un ministro de Cultura «podemita y comunista», que ha decidido instalarse como la brújula del 27.

El problema no es la gravísima agresión cultural a una pequeña región de belleza que terminó oscurecida por la sangre inocente de «los Regueros del Odio».

Por mí que Urtasun haga lo que quiera; por mí que Urtasun humille su propia inteligencia; por mí que Urtasun siga o no siga siendo ministro, porque su sucesor seguiría siendo igual de tonto que él, aunque quizá simplemente tonto y no un 'Reguero de Odio'.

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