La fiesta monárquica del 8-M
No se trata, pues, de una conmemoración del ultrafeminismo, el lesbianismo, el transversalismo y la homofobia de Podemos y sus ignorantes chicas. Lo que se conmemora es una decisión justa, tardía y benéfica de un Rey que hace 111 años se convirtió en el primer impulsor de la igualdad de sexos en España
El tal Évole, el petardo chisgarabís de Atresmedia, separatista camuflado en su cinismo, ha intentado reírse del Rey.
«¡Qué alegría se habrá llevado con la final de Copa sin público. ¡La pitada que se va a ahorrar!»
Muy agudo. El Rey sabe que no puede haber público en Sevilla durante la Final de Copa con anterioridad a que se disputara el primer partido de la presente edición, pero hay que dejarles a estos pedorros la posibilidad de proclamar necedades para mantenerlos en la cúspide del limbo del separatismo republicano, que, por otra parte, es un gran negocio. Un gran negocio de la Derecha incoherente y avariciosa que se mueve por la planicie de la gran boina del Poder.
Hoy, cuando escribo, 8 de marzo de 2021, se celebra una fiesta monárquica. El de la igualdad del hombre y la mujer. Ciento once años desde que el Rey Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI, autorizó, legalizó y firmo el Real Decreto «por justicia y bien de la Nación» gracias al cual las mujeres españolas podían realizar estudios superiores en igualdad de derechos al hombre.
No se trata, pues, de una conmemoración del ultrafeminismo, el lesbianismo, el transversalismo y la homofobia de Podemos y sus ignorantes chicas. Lo que se conmemora es una decisión justa, tardía y benéfica de un Rey que hace 111 años se convirtió en el primer impulsor de la igualdad de sexos en España. En el primer feminista.
Entiendo que esa realidad puede molestar a las tontas que se creen impulsoras de lo que ya impulsó un Rey hace más de un siglo. Una igualdad que se consolidó y desarrolló durante el franquismo y sobre todo, en el Reinado de Juan Carlos I. Cuando se aprobó en el Congreso Republicano el derecho al voto de la mujer, Indalecio Prieto, dirigente socialista, abandonó el hemiciclo indignado. «¡Se ha votado contra la República!». Con anterioridad de la decisión del PP y Vox, las primeras mujeres en ocupar cargos representativos en España, pertenecieron a UCD y el Partido Popular.
Primera mujer con cartera ministerial, Soledad Becerril; primera mujer presidente del Senado, Esperanza Aguirre. Primera mujer presidente de una Comunidad Autónoma, presidente del Congreso, y primera mujer ascendida al empleo de General del Ejército. El ultrafeminismo o feminazismo, quiere apoderarse de lo que un Rey principió e impulsó hace 111 años.
Claro, que bajo la pantalla del feminismo, lo que se cocina es un nuevo tipo de desigualdad. Y cuenta con un ministerio y una ministra iletrada y vociferante con un presupuesto de 500 millones de euros para derrochar, que confunde el feminismo con el sexismo, que ahí se esconde el conejo, escrito sea sin segunda intención.
Hoy, en las carreras universitarias, hay más mujeres que hombres, y más licenciadas que licenciados. Eso no lo ha conseguido la ministra por compensación de mujer sometida a un hombre. Cuando no había nacido, ya la mujer mandaba en las facultades de Medicina, de Derecho, de periodismo y de muchas Escuelas Técnicas Superiores de Ingeniería.
El feminismo es un reconocimiento al valor intelectual y al tesón. Que, en mi opinión, son superiores en la mujer, no una enloquecida obsesión sexual. Insisto en la divertida sentencia de Nathalie Clifford Barney, agudísima escritora:
«Ni el feminismo ni la feminidad son cuestión de sexo, mientras los hombres franceses sean mucho más mujeres que las mujeres inglesas».
El 8 de Marzo no es, por lo tanto, una efeméride feminista, ultrafeminista, feminazista, republicana y progresista. Es la conmemoración de un acto de justicia monárquico, impulsado y rubricado por Alfonso XIII, padre de Don Juan, abuelo de Juan Carlos I y bisabuelo de Felipe VI. Entiendo que puede molestar, y disfruto mucho con tan solazante desconcierto.
A leer un poco, burros y burras, que aquí se justifica la cursilería palurda del lenguaje inclusivo.
- Publicado en la web Alfonso Ussía el 9 de marzo de 2021