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en el recuerdoAlfonso Ussía

El susto del doctor

Disfrutaba el doctor de los vuelos de las garzas el pasado martes, cuando el cielo vibró. En Doñana jamás ha vibrado el cielo, pero en esta ocasión tembló. Con su mano derecha hizo visera para refugiarse del sol, y se alarmó con el vuelo a baja altura de cuatro enormes helicópteros Puma

No tuvo suerte el eminente doctor don Efraín Gálvez de Bonanza, natural de Sanlúcar de Barrameda, Sanlucal de Balamela en chino. Según se cuenta por la desembocadura del Guadalquivir, no acertó con sus primeros pacientes. Por ello, y para evitar disgustos, estudió para veterinario, y consiguió la plaza vacante de La Marismilla de Doñana. Si erraba con un jabalí, el resto de los jabalíes no adoptaban medidas desagradables contra él, y lo mismo sucedía con los gamos, los venados, los linces, los ánsares, los flamencos y los patos. Don Efraín, a un paso de jubilarse, ha experimentado un brusco golpe en su sosegado acontecer, desde que Sánchez eligió La Marismilla como lugar preferente para descansar.

Disfrutaba el doctor de los vuelos de las garzas el pasado martes, cuando el cielo vibró. En Doñana jamás ha vibrado el cielo, pero en esta ocasión tembló. Con su mano derecha hizo visera para refugiarse del sol, y se alarmó con el vuelo a baja altura de cuatro enormes helicópteros Puma.

–¡Que vienen otra vez!, le advirtió una cochina que huía despavorida con cuatro rayones a su cola.

–¡Qué San Günther nos ampare!, exclamó un gamo segundos antes de iniciar su fuga.

Abro paréntesis. San Günther es el patrón de los cérvidos. Nació en el Tirol austríaco en el año 1849, y ya desde niño, experimentó un amor profundo por los cérvidos. Falleció cuando se interpuso entre la boca del arma de fuego del abuelo de Heidi y su amigo, el venado Rufus. El abuelo de Heidi disparó contra el cuerpo de San Günther, posteriormente contra Rufus, y cobró las dos piezas. Cierro paréntesis.

El doctor Gálvez de Bonanza manifestó su enfado pronunciando en voz alta una exclamación grosera: «¡Mecachis!», y acudió a toda prisa al palacio de la Marismilla, su lugar de trabajo. Efectivamente, era Sánchez el que llegaba, pero no en solitario o simplemente acompañado de su esposa.

Del primer helicóptero descendieron Sánchez, su esposa, y diez escoltas. Del segundo, el suegro, la suegra, las niñas, tres compañeras del cole de las niñas, la manicura de doña Begoña, la peluquera de doña Begoña, la masajista de doña Begoña y la costurera de doña Begoña, todas ellas funcionarias del Estado. Del tercer Puma, cuatro amigos de la juventud de Sánchez con sus respectivas, Iván Redondo, y el cajón de peluquines y bisoñés de Iván Redondo. Y del cuarto, por petición expresa de Pablo Iglesias, Serigne Mbayé, su gran fichaje electoral, Fernando Ónega, Esther Palomera, Antonio Ferreras y seis manteros más sin identificar. También los perritos pequineses de la familia de su Majestad Social Yo Mi Persona.

La mitad de los expedicionarios pisaron tierra mareados durante el viaje, y el doctor las pasó canutas, sin enfermeras ni ayudantes, para mitigar las consecuencias de los mareos, si bien notó en el ambiente un espeso olor a whisky del bueno. Serigne Mbayé, el fichaje estrella de Iglesias para ocupar escaño en el Parlamento autonómico de Madrid, se mostró eufórico cuando vio el Palacio que construyeron un siglo atrás los duques de Tarifa.

–¿Qué tienen mis invitados, doctor, le preguntó Su Majestad Social Yo Mi Persona.

–Que han bebido mucho durante el vuelo y están borrachos.

Su Majestad Social Yo Mi Persona cambió su expresión y su mirada, y firmó el cese del doctor Gálvez de Bonanza, ordenando que fuera llevado en una barca de remos hasta la orilla sanluqueña del Guadalquivir. Ya en la orilla, un escolta le propinó un capón. Por irrespetuoso.

He sido informado que tanto Su Majestad Social Yo Mi Persona, como su esposa, como las niñas, como el suegro y la suegra, como las amigas de las niñas, como los amigos de Su Majestad Social, como las respectivas, como Iván Redondo, como Ónega, Palomera y Ferreras, como Serigne Mbayé y sus seis manteros, y como los perritos pequineses, lo están pasando de cine mudo en Doñana, mientras el resto de los españoles y senegaleses han sido obligados a permanecer en sus autonomías –especialmente los madrileños–, para no contagiar a sus semejantes.

Los escoltas, no obstante, incautaron a Serigne Mbayé una lanza cuando pretendía, como sus antepasados Masai, cazar a un jabalí en la Retuerta, zona muy querenciosa para los suidos.

Y el doctor en Sanlúcar, sin nada que hacer y sin saber el motivo de su cese, que se publicará hoy en el BOE. Y con un chichón.

Pero tampoco es para escandalizarse.

  • Publicado en la web de Ussía el 31 de marzo de 2021
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