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DivisaderoAntonio Pérez Henares

La batalla más decisiva de la democracia

Los albaceas de los asesinos de ETA alardeando de serlo y dictándonos los mandamientos y otorgándonos el carnet de buen demócrata. Con toda la dirigencia socialista aplaudiendo con las orejas y con la militancia ya convertida en secta, al igual que los menguantes votantes, sumisa y abducida, cuyo mayor acto de repulsa es mirar para otro lado

Del partido socialdemócrata que gobernó a España desde el año 1982 al 1996 no quedan ni las raspas. En estos siete u ocho años de Sánchez, según como se mire, ya se ha encargado él de reducir todo aquello y a quienes lo representaban a escombros y al ostracismo más absoluto. El manifiesto de Jordi Sevilla, sin patas en que apoyarse y sin brazos que lo defiendan, no pasa de ser un trino melancólico.

Hoy quienes forman parte de la corte sanchista, cada vez más parecida a la de un caudillo bananero aunque a él le gustaría semejarse a un rey versallesco, nada tienen que ver con aquellos tiempos ni con aquellas gentes. Ni en principios, ni en formación, ni en objetivos y aún menos en categoría personal y política.

El doctrinario actual de lo que quieren seguir llamando socialismo ha quedado configurado por los axiomas más tóxicos de la extrema izquierda, irrelevante hasta la entrada de este siglo, que primero llevaron al PCE eurocomunista y constitucionalista de vuelta al estalinismo y, de la mano de Podemos, al PSOE a abrazar el objetivo de demoler la Transición y comenzar a dinamitar la Carta Magna. Hoy los postulados, pulsiones y consignas de toda esta parva son las mismas. Con dos tumores añadidos encima que les marcan el paso al tiempo que van haciéndose metastasis y uno a uno logrando todos sus objetivos.

El del separatismo que ha cobrado el mantener al supuesto gobernante en el poder haciéndose servir en bandeja dineros y privilegios y como postre los derechos, el de la igualdad el primero, que cada día van expropiando a los españoles. Uno de ellos ya consumado y «normalizado» el de poder expresarse en la lengua común. El despropósito, la imposición y el agravio continuo parecen ya irreversibles. Como se pretende que sean tantas cosas que hasta ayer se proclamaban como algo intocable, que jamás se permitiría.

Hoy esto es ya en una realidad que quizás donde más duela es en el otro doloroso y purulento forúnculo que se pretende hacer pasar por lo mejor que podía pasarnos. Los albaceas de los asesinos de ETA, alardeando de serlo y dictándonos los mandamientos y otorgándonos el carnet de buen demócrata. Con toda la dirigencia socialista, hasta quienes llevaron el féretro de sus compañeros asesinados, aplaudiendo con las orejas y con la militancia ya convertida en secta, al igual que los menguantes votantes, sumisa y abducida, cuyo mayor acto de repulsa es mirar para otro lado.

El PSOE ya no es un partido ni socialista ni español. Lo de obrero ya ni mentarlo. Es ahora un partido de extrema izquierda populista como lo son sus aliados por el mundo. Ya no son un partido de Estado, ni que vertebre nada sino que en su hoja de ruta para mantenerse en el poder, y si pudiera eternizarse, está el desguazarlo y corromperlo todo, empezando por la nación y acabando por el último derecho y libertad ciudadana. Sánchez ha acabado con él. Tan solo cuando Sánchez sea derrotado en las urnas y arrojado del poder, podrá surgir en la izquierda algo que recupere esos valores.

Eso es lo que debe de una vez de asumirse. Que lo que fue antes ya no existe y no se puede seguir tratando como si siguiera existiendo. Porque, sencillamente, ya no respetan, cada día se ciscan en ellas, las más esenciales y mínimas normas democráticas. Y deben actuar y como cabe, en consecuencia, denunciándolo y combatiéndolo en todo momento, en todo lugar y toda instancia posible.

Se trata, y cada vez aparece como más clara la línea divisoria, lo que nos estamos jugando y nos jugaremos en una última baza no es un cambio de Gobierno. No. Va a ser mucho más importante y decisivo. Marcará nuestro futuro. Tenemos ya que empezar a saberlo y a decirlo. Esto ya va de Sánchez o de democracia; de Sánchez o de España; de Sánchez o de nuestros derechos ciudadanos. De tiranía o de libertad.

Unos, ellos, dirán, mintiendo como siempre han mentido, que no es verdad, que jamás harán tal cosa. Otros que exagero, que es catastrofismo y que es algo aquí inviable. También unos y otros lo decían cuando se nos ocurría advertir hacia dónde iban y que es ahora donde ya estamos. Pero a las pruebas me remito de lo sucedido aquí ya y que por parecida senda les ha sucedido a otros países. Tampoco podía ser tal cosa y ahora llevan años sufriéndola y no ven manera humana de librarse del yugo.

La batalla política en la que ya estamos metidos va a ser la mas decisiva de nuestra democracia. Tanto que puede perecer en ella.

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