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en el recuerdoAlfonso Ussía

Me quiero aforar y no me aforan

Dado que cada día que pasa aumentan las posibilidades de hallarme inmerso en la delincuencia por delitos de opinión, expresión e incluso de pensamiento, necesito con urgencia ser aforado, pero nadie del Gobierno me quiere aforar. Me lo ha dicho el amable funcionario que me ha atendido. «Usted, más que el aforamiento merece un buen escarmiento»

Me he puesto en contacto en el Ministerio de Justicia con la Oficina de Aforamientos y Enchufes. Me ha atendido un amable funcionario. Le he solicitado mi inmediato aforamiento y me ha respondido que carezco totalmente de derechos para ello y que no me puede aforar.

El aforamiento no es otra cosa que una persona que goza de fuero. Y el fuero, es un privilegio, una competencia jurisdiccional que corresponde a ciertos individuos por razón de su cargo. Un aforado no puede ser reclamado o citado por un juez cualquiera. Por el hecho de serlo, salta de competencia jurisdiccional y sólo puede ser juzgado por el Tribunal Supremo. En la mayoría de los casos, durante el salto de una competencia a otra, o transcurre el tiempo y prescribe el presumible delito, o simplemente desaparece el expediente.

Dado que cada día que pasa aumentan las posibilidades de hallarme inmerso en la delincuencia por delitos de opinión, expresión e incluso de pensamiento, necesito con urgencia ser aforado, pero nadie del Gobierno me quiere aforar. Me lo ha dicho el amable funcionario que me ha atendido. «Usted, más que el aforamiento merece un buen escarmiento».

España no está en todo a la cola en la clasificación. Estamos a la cola en vacunas, pero no en el número de aforados. Para mí, que hasta Rociíto, Máximo Pradera, la niñera, Karmele Marchante y el mayordomo de los Iglesias están aforados. En los Estados Unidos de América, ni el presidente está aforado. En Inglaterra, el primer ministro. En Alemania, como en Italia y Portugal, los presidentes. No obstante, cuando su mandato finaliza, se convierten en ciudadanos normales y los puede empapelar cualquier instancia de la judicatura. En Francia, está aforado el presidente de la República, el primer ministro y los miembros del Gobierno durante su estancia en el poder.

En España, al fin en cabeza de algo, tenemos 17.621 aforados. ¿Quiénes son los aforados en España? Todos los políticos, expolíticos, diputados, senadores, presidentes autonómicos, consejeros de autonomías, asesores especiales, la trompa de Eustaquio, la carabina de Ambrosio y el coño de la Bernarda.

De ahí que me sienta humillado y perseguido por no haber sido admitido en el club de los aforados.

He escrito más de cincuenta libros y 10.000 columnas de opinión en los periódicos. Fui en la juventud anillador de la Sociedad Española de Ornitología. Jugué bastante bien al tenis. Estoy en posesión de importantes condecoraciones y premios. Doy de comer todos los días a los pajaritos que visitan mi jardín. Tengo tres hijos y ocho nietos. Me gusta la tortilla de patatas, con o sin cebolla. Estuve a punto en 1991 de ser presidente del Real Madrid. Llevo casado 47 años. En la Mili, ingresé de recluta y me licencié con los galones de Cabo Primero. Sé nadar. He engordado bastante, pero durante más de dos tercios de mi vida, lucí un cuerpo grácil y felino, sin un gramo de grasa. He leído una barbaridad. Saludo muy bien, con o sin sombrero. Cuando voy al campo uso polainas, y en casos muy especiales, 'knickerbokers'. Conduzco divinamente y jamás me han quitado un punto del carné. Soy miembro de honor de 23 unidades de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil. Me gusta más Londres que París, más los hebreos que los palestinos, y disfruto sobremanera cuando pierde el Barcelona, aunque sea en hockey sobre patines. Juego a los bolos montañeses, soy un amante de la naturaleza y no de los ecologistas coñazos o sandías. No me meto el dedo en la nariz y jamás he usado mochila para pasear por la calle. Y lo que resulta, quizá, más meritorio: en contra de las modas impuestas, soy heterosexual. Es decir, que prefiero a las mujeres que a los hombres. Por ende, feminista.

Y me pregunto: ¿cómo un hombre con tan extraordinaria trayectoria no puede ser aforado? Si en España vamos hacia los 18.000 aforados, ¿qué tienen contra mí?

Me temo que en la decisión de no aforarme subyace una envidia personal. Quizá que conocí Doñana y el Palacio de La Marismilla mucho antes que Sánchez. Quizá que tuve amas y niñeras antes que Iglesias y Montero. Pero me considero injustamente tratado.

Merezco el fuero. Y no voy a rendirme hasta lograrlo. Vamos, vamos, vamos.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 5 de abril de 2021
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