Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Quiero 30 escoltas

Y a una persona normal que no tiene nada que ver con la gorronería oficial no se le puede pasar por la cabeza exigir el mismo trato de protección que a un millonario, que tampoco es nada, excepto candidato a unas elecciones autonómicas.

Pablo Iglesias sigue guardado por más de veinte guardias civiles y una decena de escoltas puestos a su disposición por Marlasca. Pablo Iglesias, hoy 31 de marzo, cuando escribo, no es nada.

Yo, al menos, soy escritor, un español libre que ha demostrado que la independencia en la opinión es una profesión de riesgo. Por lo tanto, al término del artículo de hoy, procederé a solicitar por escrito a Marlasca que me asigne treinta guardias civiles para custodiar mi casa, y quince escoltas para acompañarme en mis desplazamientos.

No obstante, y serenado el ánimo, creo que no lo voy a pedir. No soy un cobarde. Tengo por costumbre intentar no manchar mis calzoncillos. Tampoco me considero un valiente. No es valiente aquel que le tiemblan las canillas ante un perro que le gruñe. Y a mí me tiemblan. Diríase que soy normal, dentro de lo que cabe. Y a una persona normal que no tiene nada que ver con la gorronería oficial no se le puede pasar por la cabeza exigir el mismo trato de protección que a un millonario, que tampoco es nada, excepto candidato a unas elecciones autonómicas.

Los candidatos, por el hecho de serlo, no están aforados ni cuentan con especiales privilegios. Pero me parece injusto que a mí me gruña el «rotweiller» de mi tía Aurelia, y a Iglesias, en Coslada, le acompañen diez escoltas para que no le soplen al moño tres jóvenes poco partidarios. A propósito del «rotweiller» de mi tía Aurelia, debo reconocer que me atemoriza más mi tía que el «rotweiller», y que mi deber es arriesgarme por un motivo que Iglesias comprenderá.

Mi tía Aurelia, la Tía «Aure»-como le decimos sus sobrinos-, tiene en cuenta corriente más de dos millones de euros, y si no acostumbro a verla de cuando en cuando, cuando fallezca, que está al caer, es muy capaz de dejárselos en herencia a su confesor. Y yo quiero tener, al menos, lo mismo que Pablo Iglesias, que no ha heredado a ninguna tía y ha conseguido en menos de seis años multiplicar por siete su patrimonio, como su compañera de chalé, que lo ha multiplicado por setenta y dos. Por ese motivo, incuestionable, tres jóvenes de Coslada le gritaron que era de la casta, y como se sabía protegido por diez escoltas, Iglesias hizo el paripé de encararse a ellos, lo que resulta muy fácil, seguro y sencillo cuando uno va por la vida rodeado de guardaespaldas pagados por todos los españoles.

Situación y riesgo muy diferentes a los que yo me enfrento. Porque yo no busco dinero de todos los españoles para multiplicar mi patrimonio, si es que a mi patrimonio se le puede llamar así. Yo me juego el físico para heredar a la tía Aure, que nada más divisarme por la lontananza, me suelta al perro. Heredar a una tía es mucho más decente que multiplicar por siete o setenta dos el patrimonio a costa de la gente, como ellos nos llaman, y para colmo jugándome el tipo.

Eso sí, millones de euros aparte, hay que reconocer que Iglesias, aunque no sea nada y se mueva tan protegido, es original. Quiere ser presidente de la Autonomía de Madrid insultando a los madrileños, cerrando sus hospitales, clausurando su hostelería, cercenando sus libertades y conformando una lista de vagos cuyo único fin es el de aumentar el peso de sus bolsillos sin dar con un palo al agua.

Su fichaje estrella, el presidente del Sindicato de Manteros, que es una actividad ilegal, demuestra hasta qué punto respeta a los pequeños empresarios y comerciantes que pagan sus impuestos a pesar de la ruina. Porque los manteros no pagan impuestos y venden productos falsificados, y todas esas cosas que tanto gustan a los nuevos millonarios. Iglesias, como buen comunista, no quiere tener el dinero de Iglesias, sino el de las hijas de Chávez, el de Delcy Rodríguez, el de Diosdado Cabello y el de Nicolás Maduro, sin excluir el de Rodríguez Zapatero. Y va a por ello.

En ese aspecto, mis aspiraciones, quizá por no ser comunista, son mucho más modestas. Quiero heredar a una tía que me suelta al perro cada vez que intuye mi presencia. Una tía muy antipática, por otra parte. A mis años, sólo me ha regalado algo cuando cumplí los cincuenta. Un cocodrilo hinchable para la playa, cuando sabe que para mí, la playa es una tortura.

Sucede que cuando la aspiración de un hombre no es otra que heredar a una tía, superando lo del perro, no es necesario llevar diez escoltas al retortero, de un lado al otro. Los escoltas los necesitan, los que arruinan al prójimo mientras ellos se forran viendo series de televisión en su chalé nada adosado.

Y por ese lado, duermo con la conciencia tranquila. Eso sí, reconozco que de ser como Iglesias, un cobarde, y tener el patrimonio que ha multiplicado Iglesias en tan pocos años, diez escoltas y veinte guardias civiles me parecerían pocos.

Y la tía «Aure», con el perro y a botella de ginebra por día.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 1 de abril de 2021
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas