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Ojo avizorJuan Van-Halen

¿Un Maduro a la europea?

La ciudadanía no responde en las calles haga Sánchez lo que haga, condene a los ciudadanos a la pobreza, se cargue a la clase media o les mienta sin freno. La experiencia muestra el buenismo de la derecha y el afán liberticida de la izquierda

Reconozco mi error; mea culpa. Durante largo tiempo no creí en el talento político de Sánchez. Lo consideré un personaje menor, de limitadas luces, que, con suerte, había llegado mintiendo y secando con malas artes a sus adversarios internos y externos. Me equivoqué. Este hombre tiene talento político. Pensando sólo en él, claro. Rodeado de un equipo ministerial en su mayoría flojito cuando no inútil, con más sombras que luces en el camino, cercado por la corrupción, pringados miembros de su familia y con colaboradores cercanos entre rejas, él sigue ahí, tomando decisiones pese a quien pese, pactando con condenados, sin más horizonte que el quebrantamiento de España y un porvenir oscuro para la ciudadanía, pero a su servicio y beneficio. Y no pasa nada. Va superando las piedras del camino, aunque su futuro sea tan incierto.

Me pregunto a qué se debe su supervivencia con tantas cartas marcadas. La respuesta es simple: a los demás. A la ceguera e ingenuidad de sus adversarios. La derecha, el centro derecha o como quieran llamarse, le hacen el juego y él se aprovecha. El lunes Sánchez recibirá en Moncloa al jefe de la oposición tras ignorarle durante mucho tiempo. Ya ha dejado claro que con Feijóo no hablará de política global de Defensa. Hablará de lo que él quiera, no de lo que proponga, con los deberes hechos, su principal adversario político. El envío de tropas a Ucrania es un señuelo con más trampas que Fu Manchú. Me temo que Feijóo saldrá de la entrevista con las manos vacías. Y Sánchez lo utilizará. Feijóo es honesto, Sánchez un trilero. Considerarlo es de parvulario.

Es destacable la ingenuidad de la oposición de la que Sánchez se nutre. Está dividida y anda a la greña. Vox tras una muralla, encerrado en sí mismo, sumando votantes y perdiendo dirigentes, y el PP creyendo que la situación política en España es normal y actuando como si lo fuese. Pero se trata de una normalidad disfrazada, falsa. La oposición, ciega, está exactamente en donde le conviene a Sánchez mientras él seguirá manejando el coco de la ultraderecha sin que se denuncien cada día sus pactos con la ultraizquierda a la que utiliza contra los demás. Sus socios de Gobierno levantan la voz a veces, pero no tienen un cobijo mejor. Sumar es un socio cómodo ¿Va a volver a Galicia Yolanda? Claro que no. ¿Va a encontrar un chollo mejor el inútil Urtasun? ¿O la metepatas Mónica García? ¿O los desaparecidos Bustinduy y Sira Rego? Están en la grata conservación de sillones, coches y casas oficiales. Aceptarán lo que sea.

Feijóo declaró que acudirá a la reunión con Sánchez porque es el presidente del Gobierno y Abascal ya ni asiste a relevantes celebraciones oficiales. Es precisamente lo que quiere Sánchez. Les seguirá metiendo en el mismo saco: la horrible ultraderecha. Mientras, decidirá más dádivas para los enemigos de España. Se ha convertido en uno de ellos. Feijóo actúa como si viviésemos en una democracia normal, pero no lo es. Y Abascal se deja llevar por el aumento de votos que, inexorablemente, no serán suficientes para gobernar en solitario. Tendrán que pactar y, según nuestra triste realidad, ni siquiera eso está claro. Sánchez piensa que el experimento fracasará porque los aliados tras la sucesión tendrán aún más voracidad que los suyos. Por eso, tras las urnas, PP y Vox deberán conseguir un pacto equilibrado, comprometidos en una legislatura sin sorpresas.

La ciudadanía no responde en las calles haga Sánchez lo que haga, condene a los ciudadanos a la pobreza, se cargue a la clase media o les mienta sin freno. La experiencia muestra el buenismo de la derecha y el afán liberticida de la izquierda. Se especula con el futuro de Sánchez. Imposible adivinación. Hará lo que personalmente le convenga y no le condicionarán los antecedentes. Como asume que perderá las elecciones, no excluyo decisiones que, aun en él, nos sorprenderán. Incluso algunas enfrentadas abiertamente a la Constitución. Y se pensará la convocatoria electoral, que es la única variable que no domina. Temo su mano. ¿Caminamos, ciegos, hacia un Maduro a la europea?

La reunión en Moncloa es una trampa más. Con este personaje nada es imposible.

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