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Post-itJorge Sanz Casillas

Yolanda Díaz y la lavadora vieja

Siguiendo con las analogías, la vicepresidenta ha demostrado ser tan útil como el cenicero de un Vespino

En las 24 horas anteriores y posteriores a la presentación de Hodio (la plataforma esa para controlar conductas violentas en las redes sociales) un ministro ha sugerido que Ayuso está mal de la cabeza y una vicepresidenta ha comparado a Feijóo con una «lavadora vieja». Claro, que a lo mejor insultar en Twitter es menos grave que en el programa de Cintora.

Para Yolanda Díaz, el presidente del Partido Popular es «como una lavadora vieja» por tener «un único programa», que «es bajar impuestos». Que ojalá fuera verdad, también te digo, empezando por el IVA. El caso es que la comparación me resultó divertida, aunque también desacertada, porque creo que existe un parecido bastante razonable entre la vicepresidenta y una lavadora vieja. En primer lugar, porque, al igual que una lavadora antigua, Yolanda Díaz tiene un solo programa, que es el socialismo más rancio. Después, como le ocurre a estos aparatos cuando agotan su vida útil, sus dueños actuales no saben muy bien qué hacer con ellos. Dudan en qué contenedor arrojarlos, toda vez que su tirón electoral es tendiente a cero. Y por último, al igual que una lavadora vieja, cuando esta intenta hablarte rara vez la entiendes, como ocurrió cuando en pandemia quiso explicarnos qué era exactamente un ERTE.

Porque esa es la cuestión: Yolanda Díaz está de salida y es hora de hacer balance, de valorar qué herencia nos deja. Su principal hito legislativo fue una reforma laboral aprobada gracias al voto erróneo de un diputado del PP, el inefable Alberto Casero. Dicha reforma nos ha traído la figura del fijo discontinuo, que es como un parado semidesnatado: no aparece en la estadística pero te engorda igual en la cuenta de prestaciones por desempleo. Después ha disparado la subvención a los sindicatos de 8,8 millones a los 32 actuales, un incremento que ya querría para sí cualquier trabajador por cuenta ajena. También ha subido el salario mínimo a martillazos, pactando únicamente con esos sindicatos anestesiados a fuerza de pasta, y que ya despertarán cuando gobierne la derecha, que para eso están. Y por último, ha conseguido que el salario mínimo y el modal (el más repetido) sean prácticamente idénticos, logrando que lo que antes era excepcional y sinónimo de pobreza hoy sea la norma y motivo de agradecimiento.

Por tanto, digamos sin temor a equivocarnos que Yolanda Díaz nos ha empobrecido, aunque solo sea por esos 23 millones de más que le ensobra a los sindicatos. Si a eso le añadimos que en tres añitos ha pasado de 35 diputados a apenas 12 (según las encuestas más optimistas), podemos concluir, siguiendo con las analogías, que la vicepresidenta ha sido tan útil como el cenicero de un Vespino.

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