Se acabó Sánchez, los ciudadanos deben decidir
El bochorno del Gobierno es insoportable y es urgente devolver la decisión a los ciudadanos
El espectáculo ofrecido por el Gobierno, con un Consejo de Ministros boicoteado desde dentro y retrasado ante la ciudadanía sólo visualiza, con bochorno infinito, la decrepitud, parálisis, ineficacia e ilegitimidad de esta auténtica desgracia que sufre España.
El presidente del Gobierno compareció ayer con casi dos horas de retraso sobre el horario previsto para comparar esta crisis con Irán con la de la pandemia en función de su propia opinión sobre la gestión que hizo de aquella. Y su capacidad de diálogo para resolver crisis. El Gobierno entonces era otro, aunque también tuviera crisis. Para Sánchez, el que el Gobierno tenga crisis antes de empezar un Consejo de Ministros y que deban resolverse fuera del mismo no es un problema sino un activo. Se atreve a decir que el Gobierno de España es de centro izquierda. ¿No son de extrema izquierda Bildu o el Partido Comunista de España que lo sostienen?
Las incongruencias de la comparecencia del presidente del Gobierno también fueron otras como explicar que van a presentar dos decretos. Lo hacen por la certeza de que sus socios les van a derrotar el decreto de vivienda. O seguir justificando en una guerra distante la no presentación de los presupuestos. Sería capaz de justificarlo también con la llegada del hombre a la luna.
Sin necesidad de tan indecoroso sainete, la conclusión era ya la misma: Sánchez nunca debió forzar su investidura sin ganar en las urnas y con la certeza de que la única manera de revocar la voluntad popular era juntar artificialmente los escaños suficientes a cambio de convertirse en rehén de sus usureros.
Primero fueron los independentistas, que cedieron sus diputados a cambio de satisfacer sus delirios anticonstitucionales. Y después, o a la vez, sus socios de extrema izquierda, implantando un genoma radical en la hoja de ruta de Sánchez, convertido ya en el más extremista de todos.
Esa componenda nociva explica la delirante política de Sánchez, sustentada en impulsar desde La Moncloa todo aquello que un presidente decente debería contribuir a frenar.
Y provoca el epílogo que estamos viviendo, con un sinfín de partidos chantajeando a Sánchez en público, en escenas tan grotescas como la de ministros de Sumar retrasando el Consejo del que forman parte para dejar claras las dependencias del PSOE y finalmente solventarlo con sendos decretos, al gusto de cada parte, incompatibles con los distintos respaldos comprados por Sánchez, destinados a declinar en el Congreso parcialmente y derivados de la falta de Presupuestos en el peor momento posible.
Que tras dos horas de plantón se pretenda colocar la propaganda de que un mismo Gobierno necesita impulsar un decreto sobre el IVA energético a gusto del PSOE y otro sobre topes a la vivienda y las ganancias empresariales de Sumar, en los dos casos insuficientes o contraproducentes, es penoso y dibuja una caricatura ridícula pero tristemente real.
Ni los más fervorosos seguidores de Sánchez pueden defender esta vergüenza, que culmina con la inexistencia de Presupuestos Generales en toda la legislatura y la ilegalidad de no presentarlos siquiera en el Congreso.
Ya está bien. Un negligente como Sánchez no puede estar al frente de nada y debe devolverle la decisión a los ciudadanos para que sean ellos quienes pongan fin a este drama democrático.