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en el recuerdoAlfonso Ussía

Ser un Nadal

Rafa Nadal, ídolo en todo el mundo, sólo es criticado en España por los españoles enemigos de España. Nos ha representado a una abrumadora mayoría de compatriotas años y más años ganando a los mejores tenistas de los cinco continentes superando el dolor. Es deportista y héroe

El sentido de la familia, su significado de piña humana, es lo que ha hecho a Rafael Nadal más grande que todos. Porque esa familia unida y compacta ya era invencible cuando Rafa no había ganado su primer torneo. Sucede que esa familia Nadal ha sido la elegida para tener entre sus miembros, no sólo al mejor deportista de la Historia de España, sino a un ejemplar de ser humano, trabajador incansable, humilde, honesto y representante de los valores y principios que predominan en sus familiares.

Su tío, Toni Nadal, lo dijo hace años. Nadal juega al tenis y gana en el tenis superando con su coraje un permanente dolor físico. «Rafael no es un tenista que se lesiona. Es un lesionado que juega al tenis». Y lesionado, a los 35 años de edad, sigue ganando.

Churchill envidiaba de España sus mil kilómetros de costa mediterránea. El mar de las islas es frío y gris. En una entrevista lo reconoció. Y después de aceptar su envidia por el abuso mediterráneo de España, continuó: «Bueno, y también envidio de España a ese endiablado Real Madrid». Hoy habría cambiado de envidia sana. «Bueno, y también envidio de España a ese endiablado Rafael Nadal».

Rafa Nadal, ídolo en todo el mundo, sólo es criticado en España por los españoles enemigos de España. Nos ha representado a una abrumadora mayoría de compatriotas años y más años ganando a los mejores tenistas de los cinco continentes superando el dolor. Es deportista y héroe. Siempre orgulloso de su patria y siempre acompañado de su familia, ejemplar con su buena educación en las canchas de tenis. Su mujer, sus padres, su hermana, sus tíos y sobrinos y los afortunados amigos inmersos en su entorno familiar, también han resultado ser unos campeones de la medida, la simpatía y la mejor educación.

Mi amigo Manolo Santana, el gran pionero de nuestro tenis, me lo confesó durante una cena. «No sólo es el mejor en el tenis. Es el mejor como persona». De ahí que las ganas que tienen los bilduetarras, los separatistas catalanes, los mallorquines pancatalanistas, los podemitas bolivarianos y demás enemigos de España –siendo españoles–, de que Nadal pierda sus partidos, no consiguen otra cosa que engrandecer su figura.

Rafa, el tenista del prodigio, del trabajo, del esfuerzo y del dolor, ha ganado veinte 'Grand Slams' entre París, Wimbledon, Nueva York y Merlbourne. Ha superado las diez victorias en Montecarlo y Roma, sumando 35 'Másters Mil'. También ha ganado en más de diez ocasiones el Godó, que ha perdido –como toda Cataluña-, prestigio internacional y fuerza en beneficio de Madrid. Se acerca a los cien títulos y a ellos hay que sumar sus Copas Davis y sus medallas olímpicas. Y el peso de tantas victorias magistrales, geniales, sufridas y heridas, no le han curvado ni la espalda ni sus deseos de seguir venciendo. Y ahí, en las gradas, su mujer, sus padres, su hermana, sus tíos, sus sobrinos y sus amigos, siempre educadamente entusiasmados, sin hacer ni un gesto feo al adversario de Rafa, y celebrando sus victorias o aceptando sus derrotas con la plena naturalidad de la buena educación.

Ahora vamos –todos los buenos españoles queremos ser familiares lejanos de Rafa Nadal–, por un nuevo Internacional de París, el Rolland Garros, que no era tenista, sino piloto. Como Saint Exupéry, de quien una noche en ABC me preguntó el marido, comandante de Iberia, de la extraordinaria Mónica Fernández-Aceytuno, si lo consideraba mejor escritor que aviador o viceversa. Y le respondí que como escritor había alcanzado la inmortalidad y como aviador se mató. Los franceses no soportan que su gloria tenística, el trofeo de los Tres Mosqueteros, se almacene en las vitrinas de un solo tenista, y aún así, se han rendido ante lo casi inevitable. Que Rafa lo gane. Y como un Nadal más, a por otro Rolland Garrós vamos, y si no lo conseguimos, al menos les daremos el susto.

Genio único. Familia ejemplar. Españoles rotundos. Mallorquines enraizados en su tierra. Señorío, trabajo y dolor.

Una lástima no tener el apellido Nadal entre los diez primeros.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 18 de mayo de 2021
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