Un nuevo 'nuevo mundo': el siglo del Ártico
Por decirlo así, el Ártico «entra» en la Historia –el lugar donde se alojan los acontecimientos humanos– cuando se había limitado a ser, extramuros de ella
Comentaba en la anterior Tribuna sobre geopolítica y el mundo que llega con su centro ya en el Pacífico, que era indispensable «hacerse cargo» de esa nueva circunstancia que altera tan drásticamente nuestro mapamundi en el que nos percibimos, movemos y, en suma, existimos. Pero el crujir de las placas tectónicas en esta hora donde la Historia altera la morfología de los imperios, no se limita al desplazamiento hacia el este. Implica a su vez la aparición como escenario histórico de una nueva tierra continental de 14 millones de kilómetros cuadrados (28 veces España) como es el Ártico, ensanchando nuestro mundo comercial, económico, político y habitacional. Por decirlo así, el Ártico «entra» en la Historia –el lugar donde se alojan los acontecimientos humanos– cuando se había limitado a ser, extramuros de ella, una masa inerte, inmensa en su silencio glacial ajeno al devenir de lo humano y a sus intereses tan a menudo contrapuestos entre sí.
Que su progresivo deshielo permitiera con el perfeccionamiento de los nuevos rompehielos nucleares –abrumadoramente rusos– nuevas rutas de navegación con la creación incesante de ciudades portuarias y extractivas (Sabetta, Vostok, Titsi…), logra algo impensable hace medio siglo: que el ser humano en tanto que fabricator mundi, –fabricador de mundos– 'mundanice' esa gran reserva dormida de minerales críticos, hidrocarburos, y proteínas pesqueras. En este sentido, el Ártico se convierte en un nuevo 'El Dorado', esta vez no tanto de aventureros y exploradores sino de tres países en particular: China, Rusia y Estados Unidos de los que cabe predicar aquello de Carlos V sobre Francisco I: «Mi primo yo estamos de acuerdo en lo mismo: los dos queremos Milán». En este caso, los tres contendientes citados.
No es de extrañar que China se defina a sí misma como «Estado cercano al Ártico» (Near Artic State) por más que carezca de costas lindantes con ese océano. Lo que le importa es tener acceso a la gobernanza de este «nuevo nuevo mundo» en feliz expresión de Marzio Mian autor especializado en la cuestión ártica. Por otra parte, Rusia declara sin ambages su «regreso a sus raíces árticas» de tiempos de los zares y como hegemón considera suya la fabulosa cresta de Lomonósovuna, cordillera submarina de aproximadamente 1.800 kilómetros de longitud que cruza el océano Ártico, desde Siberia (Rusia) hasta Groenlandia (Dinamarca) y Canadá. Sus inmensas reservas de petróleo y gas hacen de ella un nuevo Xanadú esta vez polar que magnetiza las ambiciones extractivas y soberanas rusas en disputa con Dinamarca. Por otra parte, la Administración norteamericana ha manifestado con las maneras indisimuladas de Trump su franco interés por Groenlandia, a la que se había intentado comprar a Dinamarca reiteradas veces en el siglo XIX. Dada su ubicación cercana al Ártico y sus yacimientos de hidrocarburos, supone un punto clave económico y militar para la seguridad estadounidense que no va a cejar en su empeño por adquirir la isla gigantesca.
Pero el Ártico no será solo un protagonista fundamental en los próximos cien años por su valor por decirlo así «extractivo», entendido como una inmensa mole «estática». Su estrenado papel histórico viene determinado también por su valor eminentemente comercial, «dinámico». Así, la denominada Ruta de la Seda Polar aparece como una alternativa impulsada por China y Rusia que utiliza la Ruta Marítima del Norte (NSR) a través del deshielo del Ártico que avanza rápido. Ello va a permitir una navegación más constante en verano y otoño, reduciendo el trayecto hasta en un 40-50%, pasando de los actuales 48 días a través de Malaca y Suez, a los 33 días por el estrecho de Bering y de Vilkitski en el Ártico ruso. La inversión de 300.000 millones de dólares por parte de Rusia en infraestructuras (puertos y rompehielos) da cuenta de la nueva cartografía que va a arrumbar el mapamundi hasta ahora vigente presidido por el Canal de Suez. En este sentido, el actual conflicto militar con Irán y la crisis de Ormuz junto con el estrangulamiento por congestión del estrecho de Malaca en la frontera entre el Indico y el Pacífico, no harán a ojos de China sino acelerar su salida comercial a través de esta nueva Ruta de la Seda Polar.
A su vez, la ruta comercial ártica por Canadá, conocida como el Paso del Noroeste, atraviesa también el archipiélago ártico, conectando los océanos Atlántico y Pacífico. Lo que reduce significativamente las distancias entre Asia y Europa/costa este de América; sin embargo, su relevancia será menor que la mencionada del norte, pues su navegabilidad sigue siendo difícil por su mayor resistencia al deshielo.
Todo ello nos pone de relieve desde diferentes perspectivas la importancia capital que el gélido continente de fabulosas riquezas y potencialidades logísticas va a tener en las próximas décadas, ensanchando la «circunstancia» que rodea la historia humana con su razón geográfica. Y también sus puntos de fricción.
Su entrada súbita en la Historia en estos tiempos alterados de mudanza, hará que la centuria que viene este nuevo «nuevo mundo» se pueda calificar, con permiso de China, como el «siglo del Ártico» que emerge ya ante nosotros.
- Ignacio García de Leániz Caprile es profesor de Gestión Internacional en la Universidad de Alcalá de Henares