Podemos se humilla para mantener la pyme familiar
Hay que reconocer que cuando Pablo decide perder la decencia y la dignidad va con todo adelante
Concedamos que Podemos, la pyme familiar de Irene y Pablo, con Ione Belarra y Pablo Fernández como portavoces de sus intereses económicos, son una mina para un articulista. Seguir sus bandazos, auténticas pedradas contra el pudor intelectual y la coherencia, te da las columnas hechas. Mejoren esto: tras año y medio rechazando confluir con Sumar e Izquierda Unida en ninguna plataforma electoral, al menos siempre y cuando el partido de su archienemiga Yolanda Díaz estuviera presente en la misma, ahora han dado un volantazo y se integrarán en una candidatura a los comicios andaluces que encabezará el comunista Antonio Maíllo, coalición de la que no querían ni oír hablar.
Solo han tenido que ver las orejas de las elecciones aragonesas (donde se dejaron 20.000 votos respecto a 2023) y castellano y leonesas (con una debacle de 52.000 sufragios), para hincarse de hinojos y rogar a Maíllo que los acoja en su papeleta electoral. Y se tragan la rueda de molino enterita: incluso admiten que en Por Andalucía esté también presente el pequeño partido de Yolanda, Movimiento Sumar. Hay que reconocer que cuando Pablo decide perder la decencia y la dignidad va con todo adelante. Los que antes eran unos vendidos a la izquierda débil socialista, ahora son la mejor tabla de salvación que ha encontrado para mantener tres o cuatro sueldos públicos y conjurar los 73.000 votos que han perdido por el camino.
Qué gran espectáculo escuchar a Fernández defender aquello de lo que ha estado echando pestes durante más de un año. Semana tras semana los periodistas preguntaban al portavoz podemita por la posibilidad de integrar candidaturas únicas a la izquierda de Sánchez -que realmente es el verdadero líder de la ultraizquierda- y el tal Pablo, molesto, lo descartaba tajantemente. Y ahora se enfrenta a los mismos colegas para decir justo lo contrario. Y no se le eriza ni un cabello de su lacia melena.
En el pack ha ido todo: incluso la consulta a las bases para legitimar una bajada de pantalones de esas que dan vergüenza ajena. La humillación ha sido total: a Iglesias se le acaban los conejos en la chistera y se da por contento con meter a un diputadillo en Andalucía. Maíllo estará al frente de una ensalada de partidos -IU, Iniciativa del Pueblo Andaluz. Movimiento Sumar, Alternativa Republicana, Podemos, Alianza Verde y Partido Verde-, que no es otra cosa que una panda de perdedores unidos hasta el desastre final.
Todos ellos nacieron del 15-M, todos decían que cambiarían el mundo y el mundo los terminó cambiando a ellos… a mejor: sueldos magros, chóferes, mansiones… Su tiempo acabó, pero los gastos burgueses siguen y hay que sufragarlos con el erario de todos. Totalmente achicharrada, Yolanda se marcha de viaje, para no sufrir a esa mala persona llamada Carlos Cuerpo dándole órdenes, y no tiene ni sustituto, aunque a Urtasun no le importaría. Van a ver qué pasa el 17 de mayo con el PP de Juanma Moreno. Esto va de ir salvando el pellejo elección a elección.
Maíllo cree que IU será de los pocos que sobrevivirán tras el hundimiento de Pedro Sánchez y que volverá a ser la formación hegemónica que fue en tiempos de Julio Anguita, su padre político. Tiene más cabeza que Iglesias, pero el andaluz procede de la política de hace muchos años, un marco que ha saltado por los aires. Lo sabe perfectamente porque tiene el antecedente de Alberto Garzón, el mayor fiasco procedente de Izquierda Unida, que se cargó sus siglas. Amigo de Iglesias, quien fue su asesor en las tertulias televisivas en las que participaba como líder comunista, suscribió con él en 2016 el conocido como «pacto de los botellines», que era la entrega a cambio de un Ministerio (que Pablo le pediría a Sánchez años después) de toda la estructura política de IU, a la que le hizo perder hasta un millón de votos que jamás incorporó a los morados. Así destruyó la coalición y se convirtió en un gregario de la pareja de Galapagar.
Estos comunistas siempre hacen los mismo: venden sus mentiras, engañan a unos cuantos, y cuando los que les creyeron terminan desengañados y no les votan, los gerifaltes tragan con lo que sea con tal de que el politburó pueda seguir viviendo sin trabajar. En eso están. Andalucía les dirá lo que opina «la gente» de estas obscenas operaciones.