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Pecados capitalesMayte Alcaraz

'Docupedro'

Eso sí, nada puede ir a peor en el 'docu' cuando el asesor económico de la Presidencia –ahora tiene de jefe al nuevo vicepresidente Carlos Cuerpo– pone en valor, ante las cámaras, lo mucho que le impresiona que su jefe sea «doctor en Economía». Es ahí cuando una llora a mandíbula batiente y apaga el bodrio

Por fin, he visto el 'docupedro', el infecto serial que se grabó en Moncloa entre febrero de 2022 y marzo de 2023. Como no consiguió colocárselo a nadie, Sánchez empezó a refugiarse en los TikTok adolescentes, como su desternillante House Tour «en plan Isabel Preysler» o el último de «las cartas» que recibe felicitándole por su «no a la guerra». Ahora el trullo titulado Moncloa. Cuatro estaciones lo ofrece Movistar de gratis. Armándose de paciencia, era el momento de verlo; y sin aflojar el bolsillo, que ya bastante confiscado ha estado por María Jesús, que ahora quiere tomar por víctimas a los andaluces. Tras ser descartado por las principales televisiones y plataformas del país, el bodrio terminó malbaratado en el escaparate más accesible.

Todo en torno a Sánchez acaba en saldo. He de decir que me he sentido un poco decepcionada porque esperaba ver pulular por el documental a los 477 asesores con los que Pedro cerró el año 2025; hubiera mostrado un ápice de verdad. Pero no, la mayor parte de los que aparecen, además de funcionarios y trabajadores independientes que son usados para demostrar lo sencillo que es el presidente, son sherpas, aquellos asesores que guían la labor de Sánchez, fundamentalmente en el ámbito internacional. Muchos son los contratados, pero pocos los exhibidos, para que no se vea el sobrealimentado aparato de propaganda que tiene a su disposición.

El pasaje más goloso es ver cómo desayuna con Begoña Gómez: ambos repasan y comentan la prensa (no sé si censurada para que no se les agrie la tostada). Además, con las cámaras atentas, se cuenta qué van a hacer durante el día. A ella no se le oye decir lo que todos suponemos que decía: voy a presionar a la Complutense para que me otorgue una cátedra para la que no estoy preparada, pero, tú ya sabes, Pedro, yo lo valgo. Seguro que en esas conversaciones silenciadas Gómez le habla de lo necesario que es rescatar determinadas aerolíneas cuyos 'ceos' son amigos del alma. Esas cosas que tiene la esposísima y que nos escamotea la peli.

En los cuatro capítulos aparecen continuamente viejos conocidos de la afición española y sanchista. El primero, el exministro Carlos Westendorp, que fue jefe de Pedro en tiempos de la misión de la ONU en Bosnia, y que nadie entiende cómo se ha prestado a servir de telonero de este penoso docudrama. Nos dice que Moncloa es un lugar agradable en las afueras de Madrid. Un complejo con el que España puede sentirse orgullosa y que ha variado muy poco. No he conseguido pillar la razón del orgullo patrio, del hecho de que Sánchez viva en ese palacio. Y lo corroboran figurantes que hoy pululan por la actualidad: desde Paco Martín, entonces secretario general de la Presidencia y hoy servil delegado del Gobierno en Madrid, hasta Félix Bolaños, tocado con su despeinado habitual. También Óscar López, entonces jefe de Gabinete de Sánchez, hoy autor de una de las mezquindades políticas más graves de nuestra democracia proferida contra Javier Lambán, pero antes un odiador del presidente: hasta llegó a plantear investigarle por los negocios en la prostitución de su suegro.

Hay secuencias para saber que el jefe del Gobierno no solo dedica todo su tiempo a hacer la vida imposible a media España, sino que además se preocupa por las notas de su hija mayor que, según cuenta, quiere estudiar Psicología. También sabemos que la pequeña está con anginas durante los días de la grabación. Hemos conocido –y no por su padre– que una de ellas se sienta en aulas de universidades privadas, esos «chiringuitos» que Pedro persigue con denuedo para hacer caja electoral, pero a los que luego manda a sus vástagos y que él mismo ocupó en su mocedad.

Un momento estelar es ver cómo los 22 ministros del más nutrido Gobierno de nuestra historia se toman un reconfortante desayuno antes del Consejo, se ríen de cómo come el simpar Iceta, entonces ministro, de la deteriorada garganta de Isabel Rodríguez –Sánchez chismea que el Rey se lo comentó–, y del hermanito que va a dar a su hijo Ione Belarra. Hasta gozamos viendo a Alberto Garzón tomarse un zumo –los chuletones quedan para la boda. Todos dejan el móvil en la puerta (¿auguran koldadas?) y Sánchez se hace el ofendidito y quiere dar esquinazo a Irene Montero por haberle llamado «el señor de la guerra». A él, el más demagogo pacifista que habita en Europa. Toda la performance muy tierna. Y falsa.

Dos detalles entrañables: Pedro aparece ¿por casualidad? cuando un grupo de visitantes recorren los jardines de La Moncloa. Allí, cual guía ducho en la materia, les enseña la fuente junto a la cual Antonio Machado requebraba a su amada Guiomar; ese Machado del que Sánchez dijo en público que era soriano olvidando sus recuerdos de un patio de Sevilla. Pero es que un luchador a tiempo completo contra la ultraderecha no puede estar en todo. Eso sí, nada puede ir a peor en el 'docu' cuando el asesor económico de la Presidencia –ahora tiene de jefe al nuevo vicepresidente Carlos Cuerpo– pone en valor, ante las cámaras, lo mucho que le impresiona que su jefe sea «doctor en Economía». Es ahí cuando una llora a mandíbula batiente y apaga el bodrio.

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