Reflexión sobre el Papa ante las Cortes
Las criticas que hizo a las políticas de aborto y eutanasia –PSOE y PP– o inmigración –Vox– tras la demostración de respaldo popular demostrada en las calles de Madrid hacía imposible no aplaudir como si te hubiera tocado la lotería con su discurso
He querido esperar 24 horas a escribir sobre el discurso del Papa León XIV ante las Cortes porque quería ver con detalle lo que imaginaba que iba a ocurrir: que todos se intentaban adueñar de sus palabras para mal. No para reivindicarlas con la Verdad, sino con la mentira aduciendo que el Papa está en la línea de su partido político.
Creo que la primera evidencia del abrumador éxito del Papa sábado y domingo en Madrid se demuestra por el hecho de que todos los partidos se levantaron unánimemente a aclamarlo en una ovación de siete minutos. ¿Por qué? Porque a las criticas que hizo a las políticas de aborto y eutanasia –PSOE y PP– o inmigración –Vox– tras la demostración de respaldo popular demostrada en las calles de Madrid hacía imposible no aplaudir como si te hubiera tocado la lotería con su discurso.
Francina Armengol abrió el acto con un discurso ideológico y no institucional. Es decir, lo contrario de lo que corresponde a la presidenta de la Cortes. Y poniendo a Sánchez a recibir al Papa cuando él no es una autoridad en el Legislativo. Lo es en el Ejecutivo.
El discurso del Santo Padre fue, en todos los sentidos memorable y, por más que intenten disimularlo con el mandilón Bolaños saliendo a decir que el Papa se ha alineado con ellos, ha sido una descalificación fabulosa de este Gobierno de extrema izquierda y una reivindicación reiterada de la Monarquía y del Reino de España, reiteradamente mentado. Los ejemplos son infinitos. Mencionemos tan sólo las referencias a la condena del aborto y la eutanasia, ambos promovidos por este Gobierno, la defensa de la educación libre según la elección de los padres, perseguida también por el sanchismo, el valor de la familia y la inviolabilidad de la expresión pública de la fe religiosa, que este Gobierno prohíbe en casos muy bien conocidos como rezar ante los abortorios, y una visión de la inmigración que discrepa del PSOE y de Vox: defensa de la inmigración regulada, condena de los traficantes y las mafias y demanda de la necesidad imperiosa de trabajar para que los potenciales emigrantes puedan quedarse en sus países en situaciones adecuadas. ¿Dónde está eso en el discurso de estos dos partidos?
Además de esto referencias a los Reyes Católicos, la Escuela de Salamanca, la universalidad del idioma español y la esencia católica de España y Europa, entre otros. Y esto tiene mucho más peso que la interpretación bastarda de algunos medios ayer dando una versión tergiversada de este párrafo sobre Salamanca: «En aquella sede universitaria, hace 500 años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder. Hay que reconocer que la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana». Es decir, se cometieron errores, como en toda labor humana, pero fue la Iglesia la que marcó el camino correcto ya entonces. Y a cuyas doctrinas se sometió la Corona.
Así pues, creo poder decir que el discurso de León XIV en las Cortes estuvo a la altura de los más grandes de san Juan Pablo II. Como decíamos ayer ahora hace falta que los obispos españoles se pongan a laborar en la línea que les ha marcado el Papa y que les han pedido sus fieles.