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HorizonteRamón Pérez-Maura

Lo que los católicos han demostrado en Madrid

No se equivoquen, ni olviden: la potencia del catolicismo es imbatible. La cuestión ahora es si los obispos desean encabezar a su grey o apocarse frente a quien la ataca cada día

A la hora de escribir este artículo todavía no podemos hacer balance de la visita del Papa a Barcelona o las Islas Canarias. Pero sí son muchos los elementos de juicio de su visita a Madrid. De todos ellos yo quisiera centrarme especialmente en uno.

Espero que todos nuestros obispos, mucho más que el Gobierno, hayan tomado nota de la fuerza del catolicismo español. No se equivoquen, ni olviden: la potencia del catolicismo es imbatible. La cuestión ahora es si los obispos desean encabezar a su grey o apocarse frente a quien la ataca cada día. Sí, claro, ante el Papa este Gobierno se ha retraído. Sánchez ocupó en Barajas y el Palacio Real el espacio que no le correspondía, pero salió presto hacia un concierto Primavera Sound en Barcelona antes que comparecer en Cibeles junto al pueblo en la Eucaristía. Ya sabemos lo cobarde que es y tenía razones para sospechar que en los actos multitudinarios podía caerle una pitada monumental. Aunque no es menos cierto que el pueblo que acudió a la Misa de Cibeles iba a orar junto al Papa. No a chiflar a nadie por más razones que haya para ello. Pero el cobarde no entiende esos principios. Y tiene la esperanza de que en la Misa de Barcelona se le acoja sin problemas. ¿Por qué será?

Lo que hemos visto en Madrid en los últimos tres días ha sido formidable. La memoria del espectador de a pie puede ser equívoca. Pero me dice un embajador de España que tuvo un papel muy directo en la organización de la visita de san Juan Pablo II en 2003 que lo que hemos vivido en estos últimos días ha sido una movilización muy superior. Cabe preguntarse por qué en este momento hay esta reacción. La primera visita de San Juan Pablo II fue en octubre de 1982, horas después de que el PSOE ganara abrumadoramente las elecciones generales con 202 diputados. Y sí, el Papa tuvo una inmensa acogida. Pero no lo que hemos visto este fin de semana pasado. ¿Por qué? Porque la grey cristiana española hoy se siente amenazada y atacada como nunca desde la década de 1930.

La gran cuestión para mí hoy es si nuestros obispos que son la cabeza directa de la Iglesia en sus respectivas diócesis y el presidente de la Conferencia Episcopal, don Luis Argüello, los coordina a todos ellos para emplear para bien la fuerza que les han dado los católicos el pasado fin de semana. Ésa ha de ser la consecuencia más relevante de la parte que ya ha pasado de esta visita a España.

Déjenme señalar dos detalles de la organización, uno positivo y otro negativo, de lo que hemos visto. En el espectacular despliegue de coros, me llenó de paz saber que los niños del coro de la Escolanía del Valle de los Caídos participaban como uno más entre todos los llamados a elevar su cántico. Después de todo lo que hemos vivido en los últimos años, produce alegría ver que el giro de sentido común que ha dado la Iglesia bajo León XIV en la cuestión del Valle de los Caídos se concreta en pequeños detalles como éste.

Pero también hubo detalles –no menores– que me deprimieron un poco. Todas las intervenciones de quienes han hablado estos días en nombre de los católicos madrileños son revisadas por la autoridad eclesiástica antes de ser pronunciadas. Como es lógico. ¿Se dieron cuenta ustedes de que en prácticamente todas ellas se dirigieron al Papa de «usted» y no como «Santidad»? ¿Ha sido ajeno a ello el equipo del cardenal Cobo?

Veremos quién tiene la voluntad de encabezar la batalla cultural, intelectual y sobre todo de Fe para la que el pueblo ha entregado la munición necesaria. Y no haya lugar a equívoco. La munición es de voluntad popular. No la puede haber más legítima.

Y mañana seguiremos con más detalles de la visita a Madrid.

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