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Pecados capitalesMayte Alcaraz

El cuento chino de Pedro y Begoña

Alguien le ha convencido de que ese es su futuro. Y de China viene mucho dinero e influencia. Allí Zapatero, el tiempo que le dejan sus carreras en El Pardo, con el detenido por Plus Ultra Julito Martínez, pasa muchos días de su vida

Los Kennedy de Pozuelo aterrizaron en Pekín el sábado. Pedro y Begoña han aprovechado la coyuntura para pasar el fin de semana junto a la muralla china, cuyas dimensiones compiten en magnitud con el rostro de ambos. La pentaimputada cónyuge no ha tenido tiempo para cumplir con sus obligaciones legales de comparecer ante el juez que la investiga por gravísimos delitos de corrupción, pero ha guardado un ratito para pasar la Semana Santa en el Palacio de las Marismillas y, ahora, para ejercer de esposa presidencial, su más rentable cometido vital. Además, tendrá la oportunidad de añadir otra fotografía exótica a su álbum. La última que se hizo con su marido fue en la India, aquel maldito 29 de octubre de hace año y medio. Supongo que no habrán olvidado esa deliciosa cena que ambos saborearon, mientras 237 inocentes morían arrasados por la riada. Aunque su agenda oficial había concluido a las tres y media de la tarde de esa aciaga fecha, Sánchez decidió prolongar su viaje cuatro horas y media, paseando con Begoña por Bombay. Solo se limitó a colgar un mensaje en X afirmando que «sigo de cerca y con preocupación las informaciones sobre la dana». Esa misteriosa jornada gastronómica nunca fue escrutada por el equipo de opinión sincronizado. Mejor entretenerse con las viandas del Ventorro. Pero hay millones de españoles que no olvidan aquella infamia de los Sánchez-Gómez.

Con Xi se lleva tan bien, que el presidente ya estuvo en aquella nación en marzo de 2023, en septiembre de 2024 y en abril de 2025, además de otro periplo oficial de los Reyes, en un contexto de choque frontal con Donald Trump. Sale Pedro a viaje anual al gigante asiático. No es que no merezca Pekín la visita y que nuestro país no deba fortalecer las relaciones económicas y comerciales, ya incluidas en el Plan de Acción bilateral. Pero con este Gobierno, nada es casual, y una foto del presidente español con el chino, que dará la vuelta al mundo, redundará en el enfrentamiento con la Casa Blanca y apuntalará una apuesta geoestratégica más que evidente por el dragón asiático, que sigue levantando reticencias en muchos países de la UE. El trato con Xi es inversamente proporcional al cariño que le profesa Sánchez a Donald. Sería más saludable que nuestro Gobierno se llevara mejor con las democracias y no con regímenes «autoritarios como China, que buscan cada vez más imponer su autoridad y control en nuestra economía y sociedad», como sostiene la Comisión Europea en su documento sobre Defensa 2030.

Pero Pedro, con este nuevo viaje, se acerca al sol que —confía— más calienta. El de oriente. Y, además, cree marcar más perfil de líder de la izquierda global. Alguien le ha convencido de que ese es su futuro. Y de China viene mucho dinero e influencia. Allí Zapatero, el tiempo que le dejan sus carreras en El Pardo, con el detenido por Plus Ultra Julito Martínez, pasa muchos días de su vida. Tiene conexiones que, curiosamente, siempre tienen que ver con el dinero y con las empresas —chinas— que le pagan sus consultorías. El poder de influencia que Zapatero ha logrado en España para sus clientes mandarines está por cuantificar: Huawei es un ejemplo. También de los venezolanos: Plus Ultra es el otro caso. El exjefe del Gobierno trabaja para compañías que, al contratarle, creen tener las puertas abiertas del Ejecutivo español. Y la experiencia demuestra que así es. Ahora que la dictadura china prepara su propia misión Artemis para explorar la Luna, debería plantearse mandar a José Luis de astronauta. Haría lo imposible por establecer una economía lunar más que jugosa —para sus intereses.

Zapatero está cómodo al calor de la corrupta y autocrática corte de Jinping. Por eso anima a su alter ego a creerse el líder del progresismo terráqueo que parará a Trump mientras complace a Pekín en sus apuestas estructurales, como la del coche eléctrico. Hay que reconocerle a ZP una especial predisposición para las dictaduras. Hasta sus hijas han aprovechado el camino abierto por papá como «mediador» internacional con clientes venezolanos y Huawei —en nombre del Gobierno español, por cierto, y sin haber sido investido para ello oficialmente— para abrir un nicho en su mercado de negocio. Es de agradecer que esta familia Zapatero-Espinosa haya elegido dos regímenes abiertamente democráticos como Venezuela y China, donde se respetan escrupulosamente los derechos humanos y la libertad política, para asentar sus reales y llenarse la faldriquera.

La otra familia, la de los Sánchez-Gómez, es en sí misma un cuento chino, salido directamente del taller de todo a cien en que se ha convertido Moncloa.

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