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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Los 61 periodistas de Leire y Pedro

Tan importante es saber quiénes son como no meter a todos en el mismo saco: una cosa es ser un sectario y otra un sicario a sueldo

La aparición de «61 periodistas» leales a la causa de la cloaca, que así es como se ha percibido, procede de una conversación entre Leire Díez y Matías Teijelo, la cabecilla y el abogado de la trama. Forma parte del sumario del juez Pedraz, en la Audiencia Nacional, y a su vez del denso informe previo de la UCO, dos sólidos trabajos que atestiguan ya, más allá de las consecuencias penales, algo terrible: que el PSOE montó, dirigió y financió una organización dispuesta a comprar o a asesinar civilmente a todo aquel servidor público o periodista dañino para Pedro Sánchez.

La formidable dureza con que una parte del «periodismo» español se ha comportado contra el periodismo de investigación serio, la oposición política, la judicatura independiente y los propios Cuerpos de Seguridad tampoco es discutible: la vemos cada día en TVE, un aparato de propaganda sin precedentes preparado para tapar todas las vergüenzas del presidente y para convertirlas, de manera irresponsable y vergonzosa, en pruebas de una inexistente conspiración contra él. O para cebarse con objetivos políticos alternativos, buscando el empate imposible y despistar al personal.

La versión burda de ese mismo espíritu también la vemos a diario en otros seudomedios digitales que, bajo la coartada de una línea editorial «progresista», en realidad ejercen de sicarios a sueldo para rematar, con modos mafiosos, a los objetivos señalados por el poder que les financia. Todo ello completado con «analistas» para ampliar el discurso siciliano, sin otro mérito que su adscripción perruna a una causa que les utiliza hoy y les desechará mañana, cuando su falta de escrúpulos les haya incinerado en el inevitable descrédito público y dejen de ser útiles.

Pero los «61 periodistas» son algo más. Supone sugerir que, además de compartir afinidad ideológica con el PSOE y de estar dispuestos a viajar con Sánchez al fin del mundo, también forman parte de una organización criminal y asumen un papel activo, a sabiendas, en los medios siniestros desplegados para alcanzar un fin que consideran justo.

Es decir, que de un modo u otro se someten a una estrategia delictiva para llegar a tan burda meta, más propia de la Cosa Nostra o de una dictadura que de un partido democrático

Algo que está claro, por ejemplo, en el caso de «medio» montado por la propia trama, Crónica Libre, con el impulso de la fallecida Patricia López y de Rosa Villacastín, cuya agresividad contra el periodismo decente tiene más sentido ahora: entre otras cosas, su panfleto se prestó a lavar el dinero pagado por el PSOE para comprar los audios grabados en la sauna del suegro del presidente por el ínclito Villarejo. Lo cual no le impide seguir saliendo en TVE, junto a otros mercenarios conocidos por sus denuncias falsas o sus bulos, a pontificar sobre política e información, que es tanto como poner a un yihadista a aleccionar sobre la separación entre Iglesia y Estado.

Con esos precedentes es muy tentador identificar a los «61 periodistas» y, a continuación, dar por supuesto que todos ellos son como Villacastín y que, en consecuencia, el «periodismo progresista» es todo él una cloaca al servicio de una trama que hipoteca la propia estabilidad de la democracia con tal de salvar y mantener al cuatrero que necesita despedazarla para sobrevivir.

Pero no, no es así. Quien aparezca en esa lista, si finalmente se conoce, no es necesariamente otro soldado de fortuna y no ha hecho necesariamente cosas que, con el disfraz de periodista, se asemejan más a los comportamientos de un matón en nómina. Sentirse implicado en la causa de Sánchez no equivale, de entrada, a aceptar comportamientos delincuenciales, ni a conocer en su conjunto la profundidad de la trama ni, tampoco, a haber cometido algo parecido a delitos por salvar al soldado Ryan.

Puede ser, en algún caso, y es más que probable que lo sea. Pero tan necesario es conocer la identidad de «los 61» como, antes de que eso ocurra, establecer un criterio al respecto que seguramente ellos no aplicarían a la inversa: llevarse bien con una fuente perversa, lograr información de indeseables e incluso compartir el fin sin conocer ni respaldar los medios no te convierte en uno más de la familia. Solo en un sectario, tal vez, pero ni más ni menos. Ellos mismos, a los que han señalado con nombre y apellidos con demasiada rapidez y mucha frivolidad, deberían ser los primeros en ayudar a distinguirles de otros de ese listado infame en el que se mezclan mamporreros en nómina con simples periodistas equivocados. Dudo de que muchos de ellos hicieran esta reflexión, pues en el pasado se callaron ante montajes tan obscenos como el de los dos DNI de Peinado, pero es lo decente viendo los listados precipitados que circulan ya públicamente. A ver si vamos a caer en lo mismo que llevamos años denunciando.

Una cosa es estar cegado y otra ser un delincuente y meterlos a todos en el mismo saco es, simplemente, injusto e improcedente.

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