PP y Vox se entienden en Andalucía: ahora toca en España
Ambos partidos no tienen que flojear porque griten los mismos que defienden llegar al poder gracias a un terrorista, un golpista y un prófugo
El pacto en Andalucía, y donde sea menester, entre PP y Vox, no asusta en realidad a nadie, agrada a los votantes de ambos partidos y nace de un ejercicio de elemental sentido común de los dirigentes: uno preferiría no necesitar al otro y el otro superar al uno, pero su competición privada no puede contradecir lo que les une ni ayudar a lo que combaten: si tanto les preocupa el sanchismo, y debe preocuparles, nadie entendería que lo prolongaran.
España no tiene un problema de extrema derecha, como claman las ridículas trompetas de Jericó del Régimen, pero sí de izquierda extrema, en principio alojada en el populismo y el separatismo y hoy instalada plenamente en este PSOE chiquitito y matón de Pedro Sánchez, cuya única posibilidad de supervivencia pasa por avanzar en la hoja de ruta separatista y republicana de sus interventores, con los cuales se mimetiza para tratar de convertir su rendición humillante en una elección libre y pionera.
Pero supongamos que sí lo tuviera, ubicándonos unos minutos a modo de juego en el imaginario delirante de esta tropa ágrafa y subvencionada que considera más peligroso a Abascal que a Sánchez, Otegi, Junqueras y Puigdemont juntos y más amenazante la retórica «prioridad nacional» en boga, que en realidad todos ellos ya suscriben y aplican en una acepción que ha costado vidas, torturas, exilios y una reducción constante de los parámetros de libertad e igualdad en una parte de España: su «prioridad nacional» consiste en echar a los españoles del País Vasco y de Cataluña para, a continuación, quedarse un poco en España para esquilmarla gracias a la complicidad de un presidente entregado a sus captores. Eso sí, al menos algunos de ellos ya no matan, aunque lo hicieron, y Sánchez pretende que les demos las gracias y se lo premiemos. Hasta ahí podíamos llegar.
Si todo eso fuera cierto y el peligro de involución existiera, según esa teoría ridícula de que al pisar en la calle te van a acechar francotiradores fascistas, homófobos y racistas, ¿qué está dispuesto a hacer el PSOE para evitarlo? ¿Dónde aceptar llegar para, ante esa enorme amenaza imaginaria, aportar su porción de esfuerzo para frenarla? Lo tiene bien sencillo: le bastaba con garantizar la investidura del candidato más votado sin necesidad de integrarse en su Gobierno, pero evitando que lo hiciera o condicionara sus planes esa «Estrella de la Muerte» que es Vox, con su Darth Vader al frente.
Pero no lo hace: le preocupa mucho la salud de la democracia (risas), pero no lo suficiente para ayudar a salvarla, algo que muchos le hubiéramos pedido al PP para evitar que Sánchez cayera en manos de todas las fuerzas antisistema españolas. El problema es que el líder socialista no ganó, que fue derrotado con estrépito insuficiente por Feijóo y que, con su habitual falta de escrúpulos y su proverbial codicia, aceptó dejarse secuestrar a cambio de su investidura. Pero si él hubiese logrado los 137 diputados del PP y Feijóo los 121 de Sánchez, no pocos hubiésemos apostado por facilitar su designación con tal de expulsar a Otegi de la gobernación.
Vamos, lo que en su día debió forzar Albert Rivera en Ciudadanos de no haber escuchado los susurros envenenados de que superaría al PP si él apostaba también por una repetición electoral, permitiendo con ello que pareciera culpa suya y no de Sánchez, que no quería ni verle en pintura.
Y así llegamos al final del camino. Lo que Sánchez y su Coro Rociero intentan imponer, sin necesidad de decirlo porque queda feo, es la idea de que solo él tiene derecho a gobernar: si el PP no puede pactar con Vox, si el PSOE no puede entenderse con el PP y si Sánchez tiene derecho a rendirse ante Sumar, Podemos, Bildu, Junts, el PNV y ERC, la conclusión es bien sencilla. En España quedaría abolida la alternancia y, salvo una improbable mayoría absoluta popular, solo es decente el impúdico cambalache de favores inconstitucionales que ha mantenido en el poder, ya durante ocho años, a un perdedor endémico y un peligro público ilimitado.
Por eso, si de verdad al PP y a Vox les preocupa tanto la deriva de España, y debe hacerlo, han de entenderse siempre, sin complejos, sin maximalismos y escuchar los berridos del sanchismo, ese sistema inmoral que va dando lecciones a todo el mundo y solo existe gracias a un terrorista, un prófugo y un condenado que ha puesto al frente a un golpista moderno, que no necesita tanques para ejecutar, cada día, un golpe de Estado permanente.