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Ojo avizorJuan Van-Halen

Las manos en el fuego

Puso la mano en el fuego por sí mismo. Tampoco defendió a sus hijas. Sus amigos celebraron los 53 milloncejos con ostras y champán antes de que el Consejo de Ministros lo decidiese

Una consideración inicial. Sólo cuando gana nuestra selección se llenan las calles de banderas, normalizándose el orgullo de país que en cualquier otra nación es habitual. Aquí somos patriotas del futbol. Parece ser lo único que consigue unirnos a los españoles. Tras el paréntesis deportivo estar orgullosos de España volverá a ser cosa de fachas, como lo será llevar pulseras con los colores nacionales. De ellos se mofaba el delegado del Gobierno en Madrid y ahora el pobre Monedero, cadáver político insepulto. Nunca llevé esas pulseras ni otras; hubiera podido hacerlo. Creo en la libertad.

Fui adjunto al director para Opinión con Emilio Romero, uno de los grandes periodistas del siglo pasado, director de Pueblo y fundador de El Imparcial, entre otros medios; destacó también como novelista y ensayista; obtuvo los más importantes premios periodísticos y literarios. Considero fundamental su novela La paz empieza nunca, premio Planeta en 1957. Un día me dijo, y le escuchaba como el curato al cardenal: «No pongas la mano en el fuego por nadie, ni por quienes pienses que la pondrían por ti, nunca es seguro». Eso de las manos en el fuego de ahora me resulta tan irreal como aquel lema «100 años de honradez» o la frasecita de Zapatero: «ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho».

Vivimos una realidad de mancos políticos. La musa de ese reto de la mano al fuego fue Marisu Montero que desde su verborrea con apoyo gestual expuso su mano por personajes que luego fueron procesados e incluso, tras sentencias, están en la cárcel. En algún caso resulta comprensible; como el de un colaborador con vieja relación muy cercana y gratificante. Pero nuestra Marisu amplió el riesgo de su mano, ya abrasada, a otros muchos imputados del sanchismo.

La ministra Diana Morant expuso su mano al fuego por Zapatero y, además, acusó a Feióo de proponer «gobiernos criminales como el de Hitler». Puestos a disparatar desde la analepsis, no recurrió a gobiernos criminales como el de Stalin, y cerca tendría a comunistas forofos. Era una entrevista en TV(pso)E, en el programa que después recibiría a Zapatero, parece que a petición de Sánchez. Pura sesión de masajes. El expresidente no aclaró nada, acosado por la realidad y ante testimonios de la UDEF, de su íntimo colaborador y del dirigente de la línea aérea favorecida con muchos millones. Puso la mano en el fuego por sí mismo. Tampoco defendió a sus hijas. Sus amigos celebraron los 53 milloncejos con ostras y champán antes de que el Consejo de Ministros lo decidiese; desde la comilona enviaron fotos a Julito, supongo que con destino final «al pana», su supuesto benefactor. Y olvidó que las joyas las había depositado en su despacho Aladino en su alfombra mágica.

Montse Mínguez, portavoz del PSOE, también puso su mano en el fuego por Zapatero en Telecinco. Subrayó que era un préstamo no un dinero a fondo perdido, pero un dinero que ni se devuelve ni se exige su pago, se pierde. Ignoramos, a la espera de investigación policial y testimonios de quienes colaboren con la Justicia, qué ministros intervinieron en los trámites. A final, todos. El Consejo de Ministros aprobó la entrega de la pastizara. ¿Y «el number One»? Se sabrá. Los leales siempre son recompensados. La proclamada comunista Yolanda Díez, amansada por el despacho y el coche oficial, será propuesta por Sánchez para dirigir la OIT. No veo el encaje.

Algunos ministros, y el inevitable Patxi López, siempre haciéndose perdonar su viejo enfrentamiento al liderazgo de Sánchez, opinaron sobre la entrevista a Zapatero. Pero anoté un cambio. Todos defendieron la «presunción de inocencia», no la inocencia. Los más jóvenes, con mucha vida por delante y acaso también vida política, no querrán comprometer su futuro. En el hipotético caso de que el Partido Socialista no desaparezca como tal. Ya sucedió en varios países europeos.

Me sorprendió, por decir algo, la reacción del conductor de un programa de TV(pso)E al que conocí hace muchos años y sigo con interés. Es un buen profesional y se manifiesta según cree o le conviene. Bien está. En unas declaraciones de Feijóo discrepando de las manifestaciones televisivas de Zapatero, se refirió a «la televisión del Gobierno»; el periodista reaccionó: «Al señor Feijóo hay que volver a decirle que esta es la televisión de todos, esa es la realidad y él lo sabe». Pero infinidad de ciudadanos no lo perciben así. Qué le vamos a hacer. Yo estoy entre ellos.

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