Seguí la retransmisión de la final del Mundial como millones de españoles. Celebramos la victoria de España, salvo unos pobres diablos que intentaron impedirlo atentando contra una pantalla callejera instalada por el PP en Bilbao, provocando disturbios y arrancando cables. El alcalde bilbaíno, del PNV, se había negado a colocar una pantalla pública porque «no era una necesidad social». Los peneuvistas, sin percatarse, están empujando a Otegi a gobernar el País Vasco. No me dan pena.
Me referiré al Mundial como paisaje de fondo desde un campo histórico-político. Por ejemplo, entendí que Sánchez hubiese descartado acudir a Nueva York. No tuvo protagonismo, que, conociéndole, es lo que siempre busca. Le invisibilizó la presencia del Rey. No saludó a los vencedores en la traca final; le hubiese encantado. Una esperanza: en las elecciones de 2011, un año después del Mundial que ganamos, cayó Zapatero; a ver si en las elecciones de 2027, si las hay, cae Sánchez. Otro asunto destacable fue la presencia de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, junto al Rey, Trump, Carney e Infantino. Los tres países anfitriones de la Copa del Mundo.
Confieso que Sheinbaum, de ascendencia lituana y búlgara, mueve mi curiosidad por sus exageraciones históricas. Sucedió a López Obrador al completo; también en un ridículo antiespañolismo, resucitando a Moctezuma y a Hernán Cortés y exigiendo a España pedir perdón por episodios de hace quinientos años. Este Gobierno, como era de esperar, transigió de alguna manera, de pasada, incluso implicando al Rey. Solo el fácilmente calificable Albares se pasó de sumiso. No creo que Sheinbaum hable náhuatl, lengua oficial del Imperio Mexica. Es científica, no lingüista ni historiadora. Acaso por ello no sigue a importantes historiadores como Zunzunegui, mexicano, o Gullo, argentino, que conocen bien aquel tiempo y sus aportaciones a la realidad que siguió a la conquista: tiempos de civilización.
Moctezuma tuvo infinidad de hijos. Hay historiadores que le atribuyen más de un centenar. Al menos dos de sus hijos asumieron la religión católica: Tecuichpo Ixcaxochitzi, bautizada Isabel de Moctezuma, y Tlacahuepantzin Yohualicahuacatzin, bautizado Pedro de Moctezuma. Isabel se casó seis veces; tres con españoles cercanos a Hernán Cortés, tras sucesivas viudedades. Tuvo seis hijos legítimos y una séptima hija que no reconoció, pero sí fue reconocida por Hernán Cortés, Leonor Cortés Moctezuma, fruto de su relación con el conquistador. Isabel supuso un ejemplo de asimilación entre españoles y mexicas. Sheinbaum no puede negarla porque su estatua figura, a buen tamaño, en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. A través de Pedro, el hermano de Isabel, se originó la rama familiar que llega a nuestros días. Su hijo, Diego Luis de Moctezuma, se casó, ya en España, siglo XVI, con Francisca de la Cueva, de familia noble. El nieto Pedro Tesifón Moctezuma de la Cueva Valenzuela y Bocanegra, fue creado conde de Moctezuma por el rey Felipe IV en 1627.
Carlos II dio al título la nueva denominación de condado de Moctezuma de Tultengo, una comunidad en el estado mexicano de Hidalgo. Carlos III le añadió la Grandeza de España en 1769. En 1865, Isabel II elevó el rango al conceder a Antonio María Marcilla de Teruel-Moctezuma y Navarro, descendiente directo, el ducado de Moctezuma. Y en 1992 Juan Carlos I cambió de nuevo la denominación a ducado de Moctezuma de Tultengo, con grandeza de España. El actual poseedor del ducado es Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma y Valcárcel.
El linaje de los Moctezuma se ha unido, a lo largo de los siglos, por matrimonio o parentesco, con importantes casas nobiliarias españolas. Así con los condados de Alba de Aliste, de Teba, y de Miravalle, este último en la descendencia de Isabel de Moctezuma, y el marquesado de Tenebrón. El Marquesado de las Amarillas, uniría los linajes Moctezuma y Girón. El nieto de Bernarda de Moctezuma, casada con un Girón, fue Francisco Javier Girón y Ezpeleta, fundador de la Guardia Civil y primer Duque de Ahumada. A algunos probablemente sorprenda ese tronco común que une al creador de la Benemérita con Moctezuma.
El actual duque de Moctezuma de Tultengo declaró en su día a ABC: «No tiene ningún sentido exigir al Rey que pida perdón por algo que ocurrió hace cinco siglos» y Sofía, su hija y heredera del título, en una de sus escasas entrevistas, acaso la única, a El Independiente, recordó: «Mi familia lleva en España desde 1567». Mima los recuerdos que conserva: documentos, el árbol genealógico desde antes de Moctezuma, aunque apunta: «En la guerra se destruyó prácticamente todo el patrimonio que teníamos». Sobre la reiteración de dirigentes mexicanos relativa a la exigencia de perdón de España: «Creo que hay que dejar las cosas tranquilas y no levantar viejas heridas», y añade: «Los españoles crearon escuelas, universidades, hospitales, creando un verdadero mestizaje; la esclavitud se había abolido hacía muchos años», con una comparación: «A diferencia de los ingleses, que fueron y arrasaron, en la conquista española hubo mestizaje. Así lo atestigua la historia de mi familia».
De esta sucinta memoria se desprende que, como en el dicho castizo, la presidente Sheinbaum es más papista que el Papa. No sólo no conoce o desprecia lo que recogen historiadores independientes, sino que, además, se siente más Moctezuma que los Moctezuma. Han pasado cinco siglos y el mestizaje es, al parecer, un hecho menor para una lituana-búlgara de origen. La declaro todo el respeto del mundo, pero que lea Historia con mayúscula, aparte de sus cositas medioambientales.
- Juan Van-Halen es escritor. Académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
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